Ayer por la mañana tras conocer a través del Boletín de noticias de I+D+i el informa que a bombo y platillo ha presentado el CSIC sobre la ciencia en España: “España multiplicó por siete su producción científica internacional en los últimos 25 años” escribí un artículo relacionado directamente sobre el tema, aunque no lo pareciera por su título: “Periodismo Científico y Desertificación: Mareando la Misma Perdiz Durante Décadas”. Después, paseando al atardecer llegué a la conclusión de que había que comenzar a poner el cascabel al gato. Por un lado, se habla del retraso de la ciencia española respecto a nuestros vecinos más poderosos (cierto), por otro la prensa no para de citar y entrevistar a los grandes científicos de nuestros país, que al parecer son “tropecientos mil” (falso). Del mismo modo, la ciencia nos bombardea sobre los grades logros de la ciencia para la humanidad (muchísimos menos de los que dicen), por otro, se nos apabulla sobre el fraude científico para decir luego que no son tantos (ya veremos). Ante tanta ambigüedad no es de extrañar que el españolito de a pié no sepa a que ceñirse. ¿Cómo es posible que con tal abundancia de científicos de “excelencia” y los logros alcanzados en los últimos años nos quejemos que la ciencia española va mal? ¿Hay fraude científico más o menos generalizado o no?, etc. Por tanto, vamos a comenzar a poner los “puntos sobre las ies”, para que al menos los más asiduos a esta bitácora comiencen a conocer quien es quien y que es qué. Esta nota servirá como introducción a un tema arduo, largo, complejo y espinoso que iremos desgranando con asiduidad, pero sin ánimo de extenuar al lector.
Realmente, si intento ponerme en lugar de un ciudadano lego, interesado en conocer como va la ciencia en España, debo reconocer que no podría aclararme entre tanta noticia contradictoria. ¡Un caos!, ¡un galimatías! Debemos poner “Orden dentro de este caos”. Como siempre rehuí la popularidad, y tampoco soy popular entre mis colegas, por decir abiertamente lo que pienso, poco más puedo hacer por cavar mi tumba (que ya está casi terminada).
Intentaré que estas notas sean breves y siempre acompañadas por otras que versen sobre el universo de los suelos, ya que de eso trata a weblog. Tendrán tan solo la pretensión de que vosotros sepáis lo que hay de cierto, ambiguo y embuste en el bombardeo de noticias a las que nos someten la prensa, los científicos, las instituciones, etc.
No se trata de buscar culpables, ya que esa responsabilidad la compartimos todos. También vosotros. Intentaré ser lo más diplomático que me sea posible, en tanto en cuanto, no me desvíe de lo que considero cierto (algo siempre relativo en una mente pensante). Y la verdad hay tanto que explicar que uno no sabe por donde empezar. Comencemos por plantear dos preguntas, por ejemplo.
- ¿resulta el fraude científico ser algo excepcional-anecdótico o como un problema consustancial a la ciencia?
La respuesta es rotunda. Se trata de algo consustancial a la ciencia. Ha existido, existe y existirá. No hay manera de evitarlo. Por mucho que se pretende idealizar a la ciencia, esta es una empresa social. Como ciudadanos, los investigadores somos un mero espejo de los valores sociales imperantes en un momento dado, no unos sacerdotes que velamos por la ¡verdad! (sea cual sea el significado de este vocablo). Siempre habrá una relación directa entre valores sociales y corrupción científica, como en cualquier otra actividad. Cuanto más carente de valores adolezca una sociedad, tanto o más corruptos seremos nosotros. Lo que ocurre es que hay una gran variedad de fraudes, desde los más nimios hasta los más graves; de los más palmarios a los más sibilinos. Por tanto hablar de fraude a secas no es decir mucho. ¿He visto fraudes científicos? Por supuesto que los he visto. Algunos profesionales hasta alardean con ciertos colegas de ello. No hay que espantarse, como tampoco lo hacéis generalmente cuando un amigo presume ante vosotros de haber “logrado” defraudar a Hacienda. Pero a veces, la mala praxis científica, sin llegar a ser un fraude, puede ser mucho más dañina. Ya iremos narrando ejemplos.
- ¿La Ciencia en España va mal o bien?
La respuesta es rotunda. La ciencia en España va bastante mal. Respecto al informe recientemente sacado a la luz por la Presidencia del CSIC, habría que responder, como creo recordar que un afamado sociólogo exclamó hace tiempo: “Hay verdades, mentiras y estadísticas”. Eso sí, la ciencia en Europa no goza de buena salud últimamente, eso también es cierto. ¿Hay soluciones a los problemas de la investigación científica en España? Por supuesto que los hay. Lo que ocurre es que debemos abandonar tanta hipocresía y poner el dedo en las llagas (nos faltarán dedos para tantas llagas). Pero en la UE ocurre lo mismo: ¡Mucho ruido y pocas nueces!
Ya hablaremos de la responsabilidad de cada agente del sistema en estas materias, ya que el periodismo científico Español no termine de madurar, como para abordar seriamente estos problemas.
Por cierto, para empezar, el título de esta nota es un “plagio”. Hace dos semanas vi en el escaparate de una librería un libro que, tras ojearlo me resultó fascinante y lo compré inmediatamente: La Anatomía del Fraude Científico (escrito por un tal Horace Freeland Judson, Editorial Crítica, 2006”). ¿Debo ir a la hoguera por tal delito? Supongo que no. Al fin y al cabo es un fraude inocuo (ya hablaremos de ellos) y hago publicidad a la empresa editorial que lo ha traducido al castellano. Un buen libro lo conoce un profesional tan solo mirando el índice y la bibliografía.
Una respuesta a la primera argumentación que harán contra mi persona algunos colegas: ¡No! No pretendo dañar la imagen de la ciencia. De eso se encargan otros. Amo la ciencia. Y por eso mismo, voy a escribir estas notas ¡No me vengáis con alarmas sociales! ¡No trago! Para quien no lo sepa este es un típico argumento de la “auto” censura colectiva de muchos científicos para acallar ciertas verdades.
PD. Por cierto nótese el primer apellido del autor “Freeland”, es decir “Tierra Libre”. Una de dos, o es un seudónimo o es una quimera. No, no hay Freeland en este mundo, al menos hoy en día. No se engañen a ustedes mismos, las democracias son menos democracias de lo que aparentan. Esta fue la primera dura lección que aprendí cuando era joven. Poco antes de la transición perdí parte de la audición y me dañaron la espalda irreversiblemente (la policía franquista; of course). El desencanto de todos aquellos compañeros que nos partimos la cara por la libertad es hoy ya casi patético.
Juan José Ibáñez