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martes, 09 de mayo de 2006

Las funciones del suelo

Resulta difícil encontrar textos actuales de edafología en donde no se pueda leer y releer sobre las denominadas funciones del suelo. Se trata de un término, al parecer introducido por Blum en 1988 (Blum y Santelises 1994). Primero expondremos su perspectiva para ofrecer después nuestro particular punto de vista. De acuerdo a este autor, el suelo tiene seis funciones principales, tres de naturaleza ecológica y otras tres ligadas a las actividades humanas. De acuerdo a Blum, estas actividades no son necesariamente “complementarias”


Funciones ecológicas

       Producción de biomasa (alimento, fibra y energía)

       Reactor que filtra, regula y transforma la materia para proteger  de  la contaminación el ambiente, las aguas subterráneas y la cadena alimentaria

       Hábitat biológico y reserva genética de muchas plantas, animales y organismos, que estarían protegidos de la extinción

 

Funciones ligadas a las actividades humanas

       Medio físico que sirve de soporte para estructuras industriales y técnicas, así como actividades socioeconómicas  tales como vivienda, desarrollo industrial, sistemas de transporte, recreo o ubicación de residuos, etc.

       Fuente de materias primas que proporciona agua, arcilla, arena grava, minerales, etc.

       Elemento de nuestra herencia cultural, que contiene restos paleontológicos y arqueológicos importantes para conservar la historia de la tierra y de la humanidad

 

En primer lugar, cabría preguntarse por qué se utiliza el vocablo funciones o función. En los diccionarios de la lengua castellana, función viene a definirse como la actividad propia de un órgano o máquina, o de una misión o finalidad. Los suelos no desempeñan ninguna función en la naturaleza, como tampoco los otros recursos biológicos o geológicos. Simplemente son el resultado de las fuerzas naturales en este planeta concreto. El suelo tampoco, a diferencia de los organismos, posee rasgos teleológicos (su existencia no tiene ningún propósito). No posee ningún objetivo, ninguna función. En consecuencia, como mínimo, el vocablo es desafortunado desde un punto de vista científico. Se trata de un concepto antropomórfico que consolida una visión estrictamente utilitarista de los suelos. Los suelos son parte de nuestro patrimonio geológico y biológico, y como los ecosistemas, o como integrantes de los mismos (según se prefiera), merecen la misma consideración con vistas a su conservación. Sobre este tema ya abundamos principalmente en las siguientes contribuciones.

 

1. ¿Que es la Calidad del Suelo?

2. Caminando sobre el Concepto de Calidad del Suelo

3. Ciencia o Teleología: El concepto de calidad del suelo

 

 

En cualquier caso, debemos reconocer que, por desgracia, las susodichas funciones de los suelos han calado hondo, tanto en la bibliografía, como entre los gestores de la política ambiental. Es posible que la ciencia deba hacer, de cara a la “galería”, este tipo de concesiones. Nosotros no lo creemos así, especialmente cuando existen razones de fuerza mayor para que nuestros políticos y ciudadanos se preocupen, y mucho, de este recurso natural. ¿Cuál será el resultado final de esta moda postmoderna? Pudiera ser que, por ser el mismo perro pero con distintos collares, la edafología no progrese, mientras que se despilfarran pingues beneficios por los “vendemotos” que defienden esta perspectiva. Ahora bien, también pudiera darse el caso de que los políticos, cansados de financiar líneas de trabajo que se les venden como novedosas, pero que no terminan por dar ningún fruto, castiguen a la larga a todos los edafólogos con el ostracismo. Defensores y detractores de esta perspectiva se han enfrascado en un intenso debate en USA. Empero los europeos lo hemos aceptado acríticamente.     

 

Reiteramos por enésima vez, al margen del  desafortunado uso y abuso  del vocablo función, ¿que ofrece de nuevo a la ciencia la aproximación de Blum? Nada en absoluto. Si prestan atención a los modelos o “concepciones” más clásicos de suelos (soslayando, curiosamente el que ha generado el corpus doctrinal de la edafología como ciencia: El suelo como cuerpo natural”) que mencionados en la contribución anterior, es decir:

 

1. El suelo como substrato del desarrollo vegetal y la edafometría

2. El suelo Como Entidad Geológica

3. El Suelo Como Manto Estructural

4. El Suelo Como Manto Transmisor de Agua

5. El Suelo como Componente del Ecosistema

 

que el suelo como substrato del desarrollo vegetal, da cuenta de la “función ecológica para la producción de biomasa”. El suelo como entidad geológica y manto transmisor de agua, da cuenta de la “función ecológica de filtro”, así como de las humanas de “soporte de estructuras y fuente de materias primas”. Finalmente, el suelo como manto estructural y componente del ecosistema lo hace con la función ecológica de hábitat biológico-reserva genética, así como con la humana de herencia cultural.

 

Es decir las representaciones del sistema edáfico propuestas, contienen todas y cada una de las reiteradas “funciones del suelo”. Dicho de otro modo, se trata de las distintas maneras en que los seres humanos han ido percibiendo, apreciado y usado los suelos, nada más. En consecuencia, aunque menos comercial la aproximación de Dumanski nos parece más científica, rigurosa y rica en contenido. Volvamos a repetirlo “ad nauseam”, Se trata de vino viejo en nuevas botellas. Eso si, con un aroma aparentemente más ambientalista.

 

Muchos investigadores que posen y acumulan cargos ejecutivos, tanto a nivel nacional como internacional, intentan realizar propuestas teóricas, tanto con vistas a aparentar que son capaces de tales hazañas, como para atribuirse concepciones previamente propuestas por otros en nuevas suyas. Tal actividad es lo que en castellano denominamos “marear la perdiz”. Fíjense sino en el siguiente caso:

 

El edafólogo húngaro Szabolcs, en 1994, presentó a la comunidad internacional su propuesta de funciones de la edafosfera (si no quieres caldo toma dos tazas) con el mismo “tufillo” que las funciones del suelo de Blum. De acuerdo a este autor, las principales funciones de la edafosfera serían:

 

Ø       La edafosfera regula muchos procesos bióticos incluyendo la nutrición de las plantas y su productividad en términos de biomasa. También alberga una biodiversidad considerable.

Ø       La edafosfera constituye la interfase entre biosfera y geosfera.

Ø       En suelo es un medio poroso heterogéneo y contribuye a regular la química de las aguas, así como el intercambio de gases, agua y el balance de calor con la atmósfera.

Ø       La edafosfera redistribuye el agua que llega a la superficie terrestre.

Ø       La edafosfera posee funciones litosféricas relevantes. Como un manto estratificado protege a la superficie terrestre de impactos exógenos destructivos.

 

¿Como es posible que tanto “talento” y “creatividad” converjan en el tiempo? ¿Quién fue el primero? ¿Quién fue el que plagió? Difícil se saber. La cita de  Szabolcs parece ser de 1994, según rastreo Avelino en su contribución sobre “ciencia o teología”, la de Blum es de 1993 de acuerdo a Wikipedia. Al margen de que ninguna de las dos propuestas fue publicada en revistas indexadas, un año de lapso (o tan solo meses) bien pudiera deberse a un retraso generado en las tiradas de las editoriales. De cualquier modo, el que se popularizara la de Blum obedeció sin ninguna duda al criterio de autoridad. Blum, como secretario por aquel entonces de la actual IUSS, era invitado a todo tipo de eventos, en los que lanzaba su propuesta. Por el contrario el húngaro, al ser de un país del este, disponía de menos recursos y medios económicos. No me gusta ninguna de las dos. Empero de tener que  quedarme con una, lo haría con la del húngaro (siempre me pongo del lado de los débiles y así me va). Se llevó el gato al agua el que tenía más peso institucional, es decir, por “criterio de autoridad”.  

 

Dumanski podía haberse quejado y con razón. Sin embargo, este último, más honesto, reconoció que su propuesta consistía en meras representaciones que se habían sucedido o cohabitado a lo largo de la historia de la edafología ¿Quién fue o fueron pues desposeídos? Resulta obvio. Como bien nos ha recordado Antonio Lafuente en se espléndida weblog “Tecnocidanos”: se trata de una verdadera “canibalización del procomún”. Dicho de otro modo, robaron a la tradición edafológica. Como políticos absolutistas, secuestraron el conocimiento de los ciudadanos de su comunidad científica para atribuirse el mérito. La especie humana no tiene remedio. Miren ustedes como se comportan los sacerdotes de la ciencia.   

 

Como ya mentamos en nuestra contribución:  Científicos con Talento frente a Políticos Zopencos” estos son de la segunda clase. No aportan nada, no dicen nada nuevo, retornan al pasado, husmean en el baúl de la historia, y nos deleitan con una sarta de sandeces vacuas que se saltan todos los cánones del buen hacer científico.

 

Los Suelos no tienen Funciones, sino que nosotros les otorgamos funciones de acuerdo a nuestros intereses y necesidades ¿vale?

 

Sí debemos reseñar que el que sea vino viejo en nuevas botellas no deslegitima muchas contribuciones científicas realizadas bajo su paraguas. Se trata de denunciar lo vacuo del vocablo, así como la carencia absoluta de novedad que pretenden manifiestan sus defensores. Tanto Avelino como yo, realizamos unas tesinas “hace 25 años” que hoy serían de actualidad si introdujéramos tales vocablos ¿Novedad o Paradigma? ¡Anda ya! 

 

¿Quién fue el “first one?

 

Blum, WEH, 1993. Soil Protection Concept of the Council of Europe and Integrated Soil Research. In Soil and Environment Vol 1, eds. HJP Eijsackers and T Hamers, pp37-47, Kluwer Academic Publisher, Dordrecht

 

Szabolcs, I. 1994. The Concept of Soil Resilience. . In: D. J. Greenland and I Szabolcs (pp. 33-40) Soil Resilence and Sustaiable Land Use. CAB Int., Bristol, UK, 561 pp.

 

 

 

Juan José Ibáñez

17:04 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (11)

Para añadir mas leña al fuego deseo incorporar una definición "nueva" al suelo. Yo diría que es el más grande y eficaz "sistema de reciclado" que existe en la Tierra y su sistema de funcionamiento es un espejo de multitud de procesos, ejemplo de estrategias que debiéramos de usar, adaptadas a los factores de formación de suelo. Estas estrategias en general o son desconocidas o las ignoramos, porque priman otros intereses, por cierto muy variados. Aceptemos algunas de ellas.  Así como (…)


Así, como todo sistema, el suelo precisa energía y quizás resolvemos la situación pensando en los flujos energéticos que provienen de la atmósfera (espectros visible e infrarrojo) son suficientes. No sabemos muy bien qué hacer con las UV de esos agujeros de ozono...


Sin embargo parece que lo es para el Sr. Toribio Ferrer, porque su objetivo no es el suelo, sino la productividad del mismo, transformando su actividad en una forma de "explotación pura y dura" de una capacidad del suelo, al no aportarle energía, o considerarle como un soporte inerte.

 

Para evitar el estado actual de degradación de los suelos, muchas personas exponen que el suelo precisa de materia orgánica (introduciendo el concepto de aporte de energía química de enlace).

 

Pero esta forma de energía química debe de ser disponible para los actores y sistemas presentes. Es decir "Edafocompatible" con el sistema edáfico particular que lo recibe. Y ¿cómo conciliamos hechos como necesidad de nutrir a los seres que viven en el seno del suelo (precisan moléculas sencillas como se adivina leyendo los medios de cultivo de compran los microbiólogos), si previamente nos dedicamos a extraer la energía en plantas de biogás? Y no vamos a hablar de la calidad de los aportes orgánicos, si para evaluarlos todavía establecemos parámetros inorgánicos legales de la época de von Liebig o Luis de Justo. El Sr Ferrer solo piensa en lo que se produce sobre el suelo, sin percibir que a su costa la planta se encarga de transferir parte de la energía del fotosintato (más del 40%) al suelo en forma de rizo-depósito.


Aun así, la biología del suelo resiste, pero la resiliencia del sistema (capacidad de recuperarse) desciende...

 

Las estrategias de trabajo (bioquímico) de estos recicladores para demoler los aportes orgánicos son verdaderamente ingeniosas (o adaptadas). En vez de moverse en los cánones celulares del metabolismo (todo ocurre en el interior de cada célula) la mayor parte de los procesos de demolición de moléculas ocurre en la "solución del suelo". Por eso Antonio López Lafuente puede hablar de complejos órgano-minerales, como consecuencia de que las moléculas orgánicas (pequeñas) presentes en la solución reaccionan, según los cánones de la Química, con componentes metálicos o minerales en solución/suspensión. En el suelo los enzimas degradativos están en muchos casos en forma "libre" y en otros, asociados a superficies minerales, orgánicas o membranosas (estas últimas, muy extendidas en los hongos, tienen especial interés en la captura de la energía de enlace y electrónica de moléculas poliméricas de alta resistencia a la degradación). De esta forma, también en este sistema (suelo) podemos distinguir entre la degradación de estructuras y macromoléculas y la nutrición de los impulsores de proceso (Aquí es donde entran los estudiosos del comportamiento de las comunidades edáficas).

 

Claro, no hay que pensar que todo acaba aquí. En el suelo las comunidades se relacionan y autorregulan el número de población, generándose los conocidos procesos de sucesión. Pero para ello, unos se comen a otros según los cánones al uso: lucha por la energía, el espacio ocupado o la disponibilidad de los recursos nutricionales. Aquí entran esos nemátodos de Antonio Bello o nuestros ácaros oribátidos de Julio Arroyo. Claro, hasta aquí todo es degradar y comer. El suelo parece un humano cualquiera... Y entonces, ¿donde queda lo de enterrar al carbono?. Pues hablando de reciclado, esto es un balance de tres componentes: La materia orgánica no degradable (más de 100 años de espera) corresponde con el C enterrado.

 

 Los nutrientes orgánicos captados se a) mineralizan y el CO2 se respira o b) se trasforman en bio/necromasa y c) sus subproductos catabólicos vuelven otra vez al medio.  Los compuestos orgánicos no asimilables (en muchos casos como los monofenoles, son tóxicos) reaccionan de muchas maneras -la Química al poder- (las más frecuente es polimerizarse) formando toda una gama de compuestos, complejos y estructuras (ya que entre las posibilidades de reacción está el unirse al mundo de la iones metálicos, minerales meta-estables de cadena corta y arcillas alumínico-silicatadas... Y ya tenemos los agregados del suelo (que no las estructuras... pero esto para otro día).


Y todo esto sin hablar casi nada del la naturaleza química de los aportes, ni de los mecanismos de regulación enzimática de los enzimas y de las formas orgánicas de los nutrientes del suelo o de la importancia de los procesos de mineralización/humificación...

Solo pretendía era justificar mi definición, lo prometo.

 

 

Salvador González Carcedo

Universidad de Burgos

 

Nota del Administrador: Me he pasado meses convenciendo a mis amigos para que colaboren en la weblog y ahora me sale Salvador, muy amigo de algunos de ellos,  dándoles una lección ¿Qué os enteráis “descastaos”.

Nota de Antonio, Carmen y JP: (silbidos al aire)

15:08 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)