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miércoles, 26 de abril de 2006

Hola nuevamente, aunque esta semana ya había cumplido con las obligaciones que me tiene impuestas nuestro Administrador, he querido sumarme a las intervenciones que sobre los elementos radiactivos se han generados en nuestra weblog con motivo del triste aniversario del accidente de Chernóbyl. En esta ocasión no lo hago de forma individual sino en compañía de mi colega y amigo el Profesor Juan Hernando Costa a quien he pedido el esfuerzo, en el poco tiempo que hemos tenido, de que analicemos algunos aspectos de la relación del suelo con los elementos radiactivos.


Los efectos nocivos para la salud humana provocados por los residuos procedentes de las precipitaciones nucleares han dado lugar a muchas controversias. Desde los que aseguran que la energía nuclear es la alternativa a los combustibles fósiles, siempre con matices en lo que se refiere a la seguridad, hasta los que piensan que no es viable bajo ninguna condición. En cualquier caso, la evidente acción acumulativa que tiene sobre los materiales orgánicos e inorgánicos se pone de manifiesto, por ejemplo, en los efectos mutágenos y cancerigenos que se describen en el ser humano, o por la acumulación que se produce en elementos como agua o suelo

 

Centrándonos en los suelos, hay trabajos que describen el alto poder de retención que este tienen sobre algunos elementos radiactivos, es el caso del estroncio 90 y del cesio 137.

 

Profundizando un poco en estos elementos se sabe que los suelos ácidos fijan y retienen cantidades importantes de Sr90. El problema se acentúa cuando los suelos presentan un complejo arcillo-húmico con alto grado de evolución, capaz, como ya sabemos, de retener cantidades importantes de elementos, entre ellos los radiactivos. Por ejemplo, la fracción mineral de estos complejos llega a fijar el Cs137 en un grado tal que puede ser peligroso para la salud, aunque se trate de retenciones en cantidades traza. El Sr90 es más móvil en los suelos, por lo que en zonas lluviosas con suelos permeables, recordad, suelos con texturas gruesas, puede llegar a contaminar las aguas freáticas. Por otra parte, los elementos radiactivos pueden quedar retenidos, como ya dijimos, en los complejos y pasar a las plantas, lo que implica su acceso a la cadena trófica. El paso de Sr90 a los vegetales cultivados es más intenso en los suelos pobres en materia orgánica, de tal manera que la contaminación de remolacha es seis veces mayor en un suelo con 2,1% de materia orgánica que en otro con el10%.

 

Otro de los elementos que se está estudiando es el Radón y su relación con la salud humana. El radón es un gas radiactivo que pasa al estado sólido como 218Po, 214Po, 214Pb y 214Bi. Estudios epidemiológicos sugieren que al inhalar radón y transformarse este en los pulmones, interviene o contribuye al cáncer de pulmón, y parece ser que interviene en otros tipos de cánceres. Se estima que de 5.000 a 7.000 fallecimientos por cáncer de pulmón en Estados Unidos se deben al Rn, cifras elevadas si las comparamos con el número total de fallecimientos por otros tipos de cáncer (500.000).

 

Este elemento gaseoso se forma en las rocas y en los suelos que contienen uranio o thorio. La vida media del Rn es de 3,83 días, de aquí que se crea que el detectado en las casas provenga del suelo, dado el tiempo que necesitaría para desplazarse por las rocas subyacentes. Hay autores que afirman que el Rn proviene del uranio diseminado en el suelo y del uranio atrapado en minerales tales como zircón o apatito.

 

La concentración de Rn en las casas depende de varios factores y entre ellos, del suelo: permeabilidad, contenido en dióxido de carbono, que actúa como transportador, y humedad, que reduce el transporte, son los más característicos. En general, se puede afirmar que la concentración de radón en el suelo es mayor cuando la roca madre es granito, aunque no se puede despreciar su presencia en suelos sobre rocas calizas.

 

Con esto terminamos, no hemos pretendido más que aportar algunos conocimientos, que están en la bibliografía, sobre la relación del suelo con los materiales radiactivos. Finalmente, y a modo de conclusión, nos gustaría terminar con un recuerdo a todos aquellos que perdieron su vida por un mal entendido progreso, que se permite potenciar tecnologías de altos riesgos sin la suficiente protección de aquel a quien va dirigida, que no es otro, que el hombre.  

 

Juan Hernando Costa

Antonio López Lafuente

 

Facultad de Farmacia (Universidad Complutense de Madrid)

21:06 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (10)

Ya han pasado veinte años, pero la contaminación sigue ahí y lo hará por siglos y siglos.  La radiación se ha convertido en un habitante invisible de la zona, no lo ves, no lo tocas, no lo hueles, ni lo sientes, pero está. Cuando pienso en Chernobyl me resulta contradictorio, como a muchos de los que fuimos a investigar y a trabajar allí. Por un lado recuerdas la hospitalidad de tus colegas rusos, ucranianos y bielorrusos, su ansia por hablar y discutir los temas científicos, su perspectiva del accidente y sus ganas de colaborar. Por otro lado fue algo desalentador el chocar con las trabas burocráticas, la desolación del área de exclusión, la falta de medios, las ciudades fantasmas y la cantidad de terreno contaminado que se presenciaba y que, insisto,  hoy en día queda aun y ante el cual te sentías impotente.


 Pero volvamos al tema. Hoy por hoy  y a pesar de la controversia que suscita, las centrales nucleares constituyen en muchos países una fuente importante de producción de energía y, si bien están diseñadas con rigurosos requisitos de seguridad, no dejan de ser escenarios potenciales de un accidente, como nos ha enseñado nuestra historia reciente. La peculiaridad de una situación accidental en este tipo de instalaciones lo constituye principalmente el tipo de contaminante liberado, su impacto en el medio ambiente, su incorporación en los ecosistemas y en la población por diversas vías de exposición y su permanencia en el medio y largo plazo.

La experiencia obtenida tras el gravísimo accidente ocurrido en la unidad 4 de la C.N de Chernobyl, sirvió para mostrar la necesidad de revisar, evaluar y criticar lo que se sabía de la radiecología y de las medidas correctoras en situación postaccidental.  Es curioso, pues los primeros reactores comerciales aparecieron en los años cincuenta y se discutía por entonces si las centrales debían estar o no encerradas en recintos de contención sólidos y herméticos, propuesta que se aceptó de forma generalizada a excepción de los países del este. En 1957 ya apareció un informe (WASH-740) en el cual se analizaban las posibles situaciones de riesgo. En 1962  el informe TID-14844 estudiaba lo que por aquel entonces se consideraba “el máximo accidente creíble”, es decir, con liberación de contaminantes fuera de la vasija pero donde se mantenía la contención intacta.  En 1974, el Reactor Safety Study incluía la posibilidad de que ocurriera un accidente grave o “más allá de la base de diseño”. En 1979, el accidente de Three Mile Island fue un hecho decisivo que hizo que se revisaran conceptos  de seguridad y que aumento la preocupación de científicos y población de conocer la fenomenología de estos accidentes y sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. Pero….la realidad supera la ficción, y Chernobyl superó con creces lo imaginable.

Los denominados accidentes graves en instalaciones nucleares constituyen una situación de emergencia  que conlleva la liberación a la atmósfera de elementos como gases nobles, raioyodo y elementos de fisión y activación, con el consiguiente riesgo para la población y el medio ambiente, que puede llegar a kilómetros de distancia (la radiación de Chernobyl fue detectada en numerosos países como Suecia, Italia, Grecia, Francia, Alemania, etc). Estos accidentes requieren de una intervención compleja, y en la que la exposición a la radicación se puede dar por varias vías: irradiación externa (exposición a la nube o contacto con superficies contaminadas) y la contaminación interna por absorción por la piel, inhalación e ingestión.

 

Las medidas de intervención tienen como objetivo la reducción de los riesgos y exposición a la radiación, considerándose la no intervención como una opción más. Una vez que empiezan las actuaciones, cada medida de intervención que se realiza ha de estar ante todo justificada, es decir que su aplicación ocasione más beneficio que daño, mejorando en lo posible la situación. Asimismo ha de estar optimizada para obtener el máximo beneficio neto, debiendo vigilarse las actuaciones para asegurar que su implementación sigue justificada. La toma de decisión para poner en práctica los mecanismos de intervención a su vez están condicionados por factores de protección radiológica y socio-económicos, siendo estos difíciles de cuantificar cuando se refieren a tensión psicológica de los afectados.

En el momento del accidente, las medidas se dirigen a proteger al a población mediante el control de accesos, el confinamiento, la evacuación y la profilaxis de yodo, pero tiene sus problemas asociados, como son la credibilidad de la información, la organización para la distribución del yodo, el pánico, la resistencia a la evacuación, la confusión y la ansiedad creada ante un enemigo invisible. En la fase intermedia a las medidas anteriores se suman el control de la zona evacuada y de los alimentos y el agua, la estabulación de animales, la descontaminación y atención a las personas y la caracterización de la zona afectada. Por último, en la fase final se consideran las medidas encaminada a devolver a la población a sus condiciones de vida normales, que peden durar desde unos años a siglos.

Chernobyl vivió su día más triste el 26 de abril de 1986. Esta central se encuentra a orillas del Pripyat que a su vez es afluente del Dnieper, a unos 120 km al noroeste de Kiev, cerca de la frontera con Bielorrusia. Ese día, en la unidad 4, se programó una prueba, que consistía básicamente en verificar que la energía eléctrica producida por el alternador a partir de la inercia de las aletas de la turbina sin vapor, podía ser usada para la alimentación de los componentes del sistema de refrigeración, durantes tiempos cortos, hasta que se dispusieran los generadores de emergencia, para ello se pararon los grupos turbo-alternadores que alimentaban a la central y se desconectaron las barras de control. Pero hubo un encadenamiento de fallos técnicos y humanos que provocaron el desastre. La violencia de la explosión fue tal que desprendió la cubierta del reactor de unas mil toneladas que saltó por los aires desplomándose sobre el núcleo del reactor dañado. Las primeras medidas se centraron en apagar el incendio y limpiar el reactor, siendo realizadas por personal de la central, bomberos, militares y personal científico. Sobre el reactor en llamas y alrededores se lanzaron cinco mil toneladas de diversos materiales. La retirada de escombros se hizo con robots y equipos teledirigidos, pero de diversa eficacia, pues en numerosas ocasiones fue el personal el obligado a entrar a realizar estas tareas, denominandoles los “liquidadores”.  Entre los elementos liberados se encuentran elementos radiactivos con periodos de semidesintegración de pocos días ( I-131, unos 8 días), otros de años (Cs-137 y Sr-90 con unos 30 años) hasta aquello que pueden superar siglos e incluso milenios (Pu-239, Pu-240 y Pu-241con periodos de 8.9 E6, 2.4E6 y 4800 días respectivamente). Se estima que se evacuaron a 115000 personas,  y que la profilaxis con yodo se aplicó a 5 millones de personas, incluidos más de millón y medio de niños.

 Las acciones en la zona comprendieron: delimitación de la zona de exclusión; descontaminación de edificios y vías de acceso; retirada de suelo contaminado; emplazamiento en profundidad de la capa más superficial de suelo;  retirada de grandes masas de vegetación; talado de árboles, siendo enterradas partes enteras de bosques; recubrimiento con grava, arena y arcillas sectores contaminados; aplicación de fijativos para evitar la resuspensión de material radiactivo; encalado; aplicación de fertilizantes; arados a distintas profundidades; fitotecnologías; procesado de productos alimenticios; sacrificio de animales; confiscación de productos; abandono de actividades; entre un gran etcétera. En total se ha estimado que se han perdido unos cinco millones de hectáreas de terrenos agrícolas y bosques en Ucrania, y en Bielorrusia se consideran afectadas el 20% de sus explotaciones agropecuarias y un 15% de zonas forestales.

El panorama actual es de grandes extensiones abandonas, incluidas poblaciones enteras, el riesgo de que el sarcófago que rodea la central aguante, un centenar de personas que han vuelto a sus hogares en la zona de exclusión y mucho aun por hacer, estudiar y recuperar. Eso si, si hay alguien interesado, hay agencias de viajes que organizan excursiones a Chernobyl por unos cientos de euros.  Para mi, Chernobyl en mi recuerdo será un experiencia profesional única, donde pude poner un granito de arena en la descontaminación de zonas agrícolas contaminadas, donde no simulé nada sino que apliqué las técnicas in situ, aprendí mucho, fui muy bien tratada por mis colegas de allá y a pesar de ser “extraño” guardo un buen recuerdo desde la tristeza. Espero que la situación mejore y que poco apoco la gente pueda ir regresando a sus hogares, que se oigan de nuevo las risas de los niños sin la amenaza de su salud, que se siembren los suelos tan ricos que poseen y vuelvan los bosques a poblar la zona, pero por ahora creo que se quedará en un deseo que sale de lo más profundo de mi corazón.     

 

 

Rocío Millán Gómez

(CIEMAT-Departamento de Medio Ambiente)

1:13 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (8)

Cuando la CAM nos comunicó el interés de que escribiéramos sobre el accidente de Chernóbyl, dado que se cumple la celebración (este vocablo no me resulta afortunado dado el tipo de evento), la idea no me atrajo en absoluto. Por un lado, no soy experto en un tema tan especializado como este. Por otro, en bastante líos me meto como para abordar un asunto tan espinoso, tanto más, por cuanto soy un recalcitrante enemigo de la industria nuclear. No me duele tomar postura desde el principio. Seré de todo, pero no hipócrita. Más aún, nuevamente pretende relanzarse la obtención de energía por la vía atómica tomando como pretexto la crisis energética y vendiéndonos que la última generación de reactores (la cuarta, creo recordar) es más que segura. ¿Segura de qué? Pero aquí no termina todo. Una vez comenzado a documentarme, comencé a ponerme furibundo, dado el baile de cifras. Tanta confusión resulta a todas luces tendenciosas y está sesgada, con toda seguridad, por ideologías, lobbies económicos, etc.  Veamos que hablo y de quien hablo.


Entendiendo que principalmente era un tema que afectaba a la salud pública, le rogué a mi hermana, experta en la materia y funcionaria de la CAM, que me escribiera algo desde ese punto de vista.  Se alteró lo mismo que yo y eso que es bastante sosegada.

 

¿Qué es lo que ocurre? Sencillamente que no hay nada claro, excepto que el accidente ocurrió y la contaminación por radionucleidos se dispersó por toda Europa. Sin embargo, tanto el número de afectados, el daño que se generó al medio ambiente, el resultado de las medidas paliativas, si los efectos aún persisten, etc., es otro cantar. Aquí las cifras varían en órdenes de magnitud.  ¿Quién está en posesión de la verdad? ¿Realmente la tiene alguien? ¿Puede ser posible que veinte años después, tras gastarse indecorosas cifras de dinero, andemos sin saber la magnitud de la tragedia? ¿Quien pone el dinero? ¿No somos los ciudadanos?

 

En una contribución anterior he abordado la contaminación de  los suelos por radionucleidos y he apuntado los aspectos más generales. Demasiado general diría yo. Rocío Millán, del CIEMAT, experta en el tema de la contaminación radioactiva, está escribiendo otra contribución que seguro será del máximo interés. Rocío parte mañana de viaje, son las 23 horas del día 25 de abril de 2006. Quisiera de todos vosotros un aplauso virtual para ella, que además estuvo allí descontaminando. Muchas Gracias Rocío. Bueno pues vamos a empezar e intentar ser breve.   

 

Tras lo sucedido, habrá un ¿renacimiento de la energía nuclear?. Resulta que 20 años después de la tragedia nos encontramos con tal dilema político, económico y social. Por tanto, el meollo de la cuestión no está en decir ¡nunca más! (como siempre). Más bien se esta manoseando y manipulando la información de la manera mezquina y ruin. ¿Y los afectados que? ¿Las miles o cientos de miles de vidas destrozadas que? Debemos pues proclamar ¿energía nuclear o cambio climático? ¿Es eso? Sinceramente me niego a aceptarlo.

 

Resulta criticable, pero lógico, que con vistas a no generar alarma social, quizás tras la tragedia de Chernóbyl (accidente se queda coro para narrar lo que pasó) se “matizaran un poco las cifras”. Pero es que ahora nos hablan de reactores de cuarta generación. Y mientras tanto, lean ustedes lo que ocurre en Bielorrusia. Según algún partido político de allí: más de 1,7 millones de personas (360.000 niños), cerca del 20 por ciento de la población, aún sufren las consecuencias de la radiación. Otos hablan de más de 30 millones de personas afectadas por toda Europa. Al mismo tiempo, la  OMS los reduce a unos pocos miles y lo que es peor insulta a una nación al acusarles de neurosis de renta. Hay límites que no deben sobrepasarse. ¿Cómo es posible que estos viejecitos de la OMS, que viven como reyes, cobran primas indecorosas por asistir a sus reuniones, y se hartan con suculentas comilonas, acusen a un pueblo de querer vivir de las rentas, cuando parecen autorretratarse? Resulta pues curiosa la actitud de estos venerables “maduritos de la OMS”. Por un lado, según muchos expertos, han generado una excesiva alarma social (a falta de más datos) sobre la gripe aviar, por otro, se les denuncia de estar vendidos a las farmacéuticas, y ahora para arreglar las cosas arremeten con un pueblo que ha padecido un gran sufrimiento. La OMS contradice muchos estudios que abundan en la gravedad de lo sucedido en Chenóbyl, y lo que es peor, sus secuelas ambientales y humanas. ¿De que van? ¿Son estos Organismos Internacionales los realmente deben velar por nuestra salud? ¿Que intereses defienden realmente?

 

Al parecer, también el FMI y sus controles financieros andan a refriegas con las epidemias que azotan a los más desheredados, como es el caso de la malaria. ¿En que gobierno o desgobierno danza este mundo globalizado y globalizante? ¿Es que no tienen el mínimo decoro?  Supongo que deben pensar que unas cuantas decenas de miles de muertos más en el tercer mundo pasarían inadvertidas. Pues ya ven que no.

 

Ante tanto despropósito, la opinión al respecto de Domingo Jiménez Beltrán e Ignacio Pérez Arriaga son hiato de sensatez ante tanto despropósito.  Con el primero tuve el placer de platicar en Copenhague, cuando era Director de la Agencia Europea de Medio Ambiente (aunque saliera tarifando de ella, no por Domingo, sino por sus Manager Projects). Insisto, al menos es una opinión sensata; algo de cordura entre tanta basura tendenciosa. ¿Pero que pasó en Chernóbyl?  ¿Cuál fue la magnitud del problema? Ríos de tinta  se han escrito sobre el problema. Países como Suecia fueron gravemente afectados. Las opiniones son de lo más variopintas (busquen en Google noticias, y pinchen Chernóbyl).

 

En este momento, con mi motor de búsqueda me salen 20.500.000 ítems sobre Chernóbyl en Internet. Resulta que ayer, sino recuerdo mal (que todo puede ser), eran alrededor de 18.000.000 millones. Osease, que en este momento debemos estar diciendo lo mismo “tropecientos mil” Vamos pura basura electrónica. Ayer, por mucho que lo intenté no logré encontrar casi nada decente entre tanto documento “pendejo” (incluido este).

 

¿Dirá este documento sobre Chernóbyl algo que se aproxime a la verdad? ¿Será en este otro? Vayan ustedes a saber.  Una cosa si que tengo clara:

 

Si mañana hablamos de crisis energética y cambio climático en lugar de recodar la tragedia humana que sigue padeciendo un pueblo, y quizás muchos que no lo sepan, es que la especie humana no tiene remedio.

 

PD. He añadido una foto sobre la distribución de Cesio en perfiles de suelos tras el desastre de Chernóbyl.

 

 

 

Juan José Ibáñez

 

 

0:33 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (5)