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martes, 25 de abril de 2006

Los elementos radioactivos aparecen de manera natural, si bien algunos tipos de rocas y sedimentos son más ricos en ellos que otros.  Sin embargo, desde los años 40, las iniciativas relacionadas con la energía nuclear han crecido exponencialmente, y con ellas la probabilidad de contaminar el medio ambiente, al poderse sobrepasar con creces los niveles de fondo permisibles para la salud humana y la del medio ambiente. Uno  de los riesgos más graves es generado al contaminarse el suelo y, a partir de el toda la cadena trófica.


La contaminación del suelo por isótopos radioactivos es generada esencialmente de forma difusa, como son las deposiciones atmosféricas, o puntuales, como es el caso de escapes o fugas de centrales nucleares, o los depósitos de almacenaje de tales elementos, etc.  

 

Los primeros problemas ambientales generalizados surgieron tras la II Guerra Mundial, mediante las pruebas más o menos sistemáticas que comenzaron a realizar a la mayor parte de las denominadas “superpotencias”. Estas comenzaron a ser cuestionadas, y finalmente a cesar a partir de los años sesenta, aunque ha llevado su tiempo y aún se suceden en ciertos países. La dispersión de sus contaminantes vía atmosférica podía alcanzar grandes distancias, por cuento eran inyectadas hasta la estratosfera. Sin embargo, al margen de los alrededores de la zona de ensayo, los expertos  proclaman que tal dispersión también conlleva su disolución y, por tanto, el riesgo de alcanzar concentraciones perjudiciales para la salud.

 

Sin embargo los graves problemas ambientales comenzaron a surgir, o al menos a ser publicitados y reconocidos tras accidentes en ciertas centrales nucleares, como la de Chernóbyl, en 1986. No hablaremos de otros accidentes que no han sido reconocidos por los gobiernos responsables aunque mucho se ha hablado y escrito sobre el tema.

 

En cualquier caso, tanto en Chernóbyl (el caso más conocido) como en anteriores accidentes e incidentes, siempre se ha generado una batalla de cifras acerca de los daños humanos ambientales y materiales generados. De este modo, el ciudadano sigue sin saber a ciencia cierta la gravedad de los problemas generados (incluso cuando resulta ser directamente afectado).  En el caso del Accidente de Chernóbyl, tanto los antiguos países pertenecientes al “telón de acero” como los propios de la UE, insistieron en “quitar hierro” al espinoso problema de la contaminación vía atmosférica. En cualquier caso, este trágico acontecimiento sembró la alarma ciudadana y tras él, muchas iniciativas de continuar con los programas de energía nuclear en la mayor parte de los países comunitarios se descartaron. Sin embargo, la crisis energética causada por la escasez de la energía fósil, nos pone una vez más ante el dilema de hacer uso de esta peligrosa fuente de energía. La industria nuclear comienza a “frotarse las manos”.

 

Otra Fuente de graves riesgos de contaminación radioactiva procede de la dificultad de deshacerse de los residuos radioactivos. Aquí cabria diferenciar en función de su peligrosidad. La búsqueda de emplazamientos seguros (generalmente en profundidad) para los más persistentes y peligrosos sigue siendo un problema abierto, tanto al debate como a la investigación. Ahora bien la ubicación de los residuos de las piscinas de almacenaje bastante llenas de muchas centrales nucleares, ya cerca de su “jubilación” siguen sin haberse solventado, cuando comienza a debatirse, de nuevo, la pertinencia de reiniciar tales programas energéticos.  

 

Resumiendo, la severidad de la contaminación radioactiva depende de su tipo y grado: difusa versus local y tipos de radionucleidos implicados.

 

Del mismo modo, eventos imprevisibles como son las condiciones meteorológicas (precipitaciones, dirección y fuerza de los vientos, etc.), a la hora de producirse el accidente, son insoslayables con vistas a predecir las consecuencias a priori y, como corolario, saber de ante mano su gravedad y alcance geográfico.

 

 La vida media de los radionucleidos es de vital importancia a la hora de conocer el grado y severidad de contaminación que puede alcanzar un suelo. Pero también lo es el tipo de suelo en sí mismo. Así, por ejemplo, los suelos ácidos y pesados (ricos en arcillas de tipo montmorillnonita, s.l.,  es decir expandibles) son más sensibles a retener elementos como el estroncio-90 y el cesio-137, los cuales se unen con fuerza a los horizontes superficiales del suelo, con el inconveniente de que son radioisótopos de larga vida media. Del mismo modo los contenidos en el suelo de calcio y potasio condicionan el grado en el que las plantas los absorben y acumulan en sus tejidos desde el suelo.

 

En general, se considera que la acumulación en el horizonte superficial es la más peligrosa. Personalmente considero que debe depender del tipo de suelo y de las propiedades da la materia orgánica. Por ejemplo, en un suelo desarrollado con un horizonte “A” parcialmente lavado de arcillas y un horizonte “Bt (es decir enriquecido en arcillas expandibles) ácido, la retención de los radionucleidos ineludiblemente se realizaría en profundidad.  Los expertos de la UE que realizaron tales aseveraciones debían saber poco de suelos.

 

Debe tenerse también especial cuidado  y tomar las medidas pertinentes con vistas a evitar la erosión de los suelos (ya sea hídrica o eólica), por cuanto el problema se traspasaría en parte a las zonas de sedimentación de tales materiales contaminados. Los documentos a la que he tenido acceso de la UE también recomiendan el uso el uso del arado para remozar los horizontes superficiales ya que al parecer reduce la contaminación radioactiva.  Lógicamente. el problema será tanto más grave cuanto mayor sea la vida media de los radionucleidos, debido a que aumentan sus posibilidades de contaminar toda la cadena trófica y afectar por tanto a la salud ambiental y humana.

 

Por otro lado, la contaminación debida a fugas de los depósitos de almacenamiento, o durante el transporte, como es obvio tan solo debería afectar a los suelos circundantes (puntual), salvo excepciones (por ejemplo, que se viertan a ríos o embalses). Lo contrario es cierto, como es lógico, y lo que sucedido en Chernóbil ha constatado, ocurre con la contaminación de las centrales y explosiones nucleares, por cuanto el viento y/o el agua la puedan transportar a largas distancias (difusa).

 

La contaminación radioactiva procedente de Chernóbil se dispersó por amplias zonas de Europa en 1986. Obviamente las regiones más perjudicadas se situaban entorno a la central nuclear y afectaron esencialmente a Bielorrusia, Ucrania y posiblemente el occidente de Rusia. Sin embargo la contaminación por deposiciones atmosféricas también afectó a zonas mucho más lejanas como Austria, Alemania, Italia, Países escandinavos, y Gran Bretaña.  

 

Según fuentes oficiales, en la mayoría de los casos, en los países más lejanos, los contaminantes eran de vida corta (especialmente el Yodo-131) por lo que no causaron graves problemas para la salud y el medio ambiente (siempre de acuerdo a las citadas fuentes). No obstante, se restringió el movimiento de ciertas cosechas y productos agrarios y el uso de ciertas prácticas agronómicas en ciertos países con vistas a proteger la salud pública. A pesar de todo, la cadena alimentaria fue afectada en numerosas regiones, incluso geográficamente distantes de Chernóbyl. Más concretamente, la contaminación por   Cesio-137 resultó ser particularmente seria, durante muchos años (¿lo es hoy en día?) al tratarse de un isótopo de vida media. En Suecia, poco después del accidente se tuvieron que sacrificar y destruir sus restos debidamente más de 63.000 renos, dado su grave contaminación por cesio. Aún seis años tras el desastre, los peces y ganado de las áreas más seriamente afectadas no eran aptos para el consumo humano, “salvo en pequeñas cantidades”, según los documentos comunitarios consultados.

 

El transporte atmosférico de la contaminación radioactiva, así como la deposición de radionucleidos fueron cartografiados tras el accidente de Chernóbyl. De hecho la EU editó un atlas a todo color años después. Igualmente, se establecieron los umbrales de contaminación permisibles, según el tipo de suelo,  para el consumo humano. 

 

Las fuentes potenciales de actuar como bombas químicas temporalmente retardadas (chemical time bombs en anglosajón) son obviamente los sitios de almacenaje, por lo que deben ser debidamente monitorizados, ya que pudiera ser que el lugar elegido no fuera el idóneo (sometido a la acción de aguas freáticas, sismos, movimientos de tierras eventuales, etc.), o que la envoltura protectora no fuera la adecuada. Nuevamente el tipo de isótopo y su vida media son de vital importancia a la hora de tomar las medidas más “adecuadas”.

 

Otra fuente que no hay que olvidar de contaminación puntual reside en las zonas mineras, para la extracción del mineral primario, tales como las de uranio, cuyos escombros pueden contaminar suelos colindantes.

 

Si bien el Organismo oficial que parece ofrecer más información en la Internet es la Agencia Europea de Medio ambiente, debemos pensar que el Joint Research Centre, con sede en Ispra (Varese, Italia) es el que acumula la mayor parte de la información. Debe tenerse en cuenta que fue la sede del extinto EuroAtom y mantiene el instrumental y las infraestructuras necesarias para realizar los estudios de investigación básica y aplicada pertinentes.

 

Por su parte en España, han sido el CIEMAT (antigua Junta de Energía nuclear) y la Universidad de Barcelona, las que más han abordado el tema a nivel científico-técnico (Rocío Millán, Comunicación personal).

 

Finalmente tan solo recalcar que tanto los suelos como los acuíferos son los compartimentos de la biosfera en donde la contaminación radioactiva puede persistir por más tiempo.

 

 

Juan José Ibáñez

22:19 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (11)

Ayer el plasta de mi hermano, al que sufrís como Administrador de Esta Weblog (allá cada uno con sus gustos;  yo no tengo más remedio, pero vosotros no tenéis perdón) me pidió reiteradamente una pequeña colaboración, desde el punto de vista de salud pública, sobre el accidente de Chernóbil y sus efectos. Sinceramente, por falta de tiempo para documentarme ampliamente, pensé en no participar, pero la curiosidad de ponerme al día pudo con mis “malas intenciones” (en lo que al Susodicho Ibáñez se refiere) y empecé a revisar unos cuantos documentos. Finalmente terminé por agarrarme un disgusto mayúsculo.


El primer informe que consulté fue el de la  OMS : “Chernóbil: la verdadera escala del accidente.” Veinte años después, un informe de las Naciones Unidas dice dar respuestas definitivas, a la par que formula sugerencias para reparar las vidas dañadas.

 

Reitero que me ha podido más la indignación ante las opiniones, informes, etc., vertidas por esos “sabios” que la falta de tiempo.  Yo me pregunto, ¿Se pueden escribir párrafos como este?:

 

Fue un accidente muy grave, con importantes consecuencias para la salud, especialmente para los miles de trabajadores que estuvieron expuestos en los primeros días a dosis muy altas de radiación, y los otros miles de personas que contrajeron un cáncer de tiroides. En general, sin embargo, no hemos encontrado efectos negativos profundos en la salud del resto de la población de las zonas circundantes, ni tampoco una contaminación generalizada que siga suponiendo una amenaza sustancial para la vida humana, salvo en algunas zonas excepcionales y restringidas”, añade el Dr. Bennett.

 

Y continúan con todo el morro señalando que:

 

En cuanto a los efectos en el medio ambiente, el informe también es tranquilizador: las evaluaciones científicas indican que, salvo en la zona incluida en un radio de 30 km del reactor, que está muy contaminada, y en algunos lagos cerrados y bosques de acceso restringido, los niveles de radiación han vuelto a situarse, en su mayor parte, en valores aceptables. “En la mayoría de las zonas los problemas son de índole económica y psicológica, no sanitaria o ambiental

 

 No quiero extenderme mucho con los “expertos de la OMS, pero decir que el mayor problema que existe ahora en Chernobil y las restantes zonas afectadas, es la salud mental de sus habitantes que, “al ser tratados como víctimas en lugar de cómo supervivientes” han desarrollado una “neurosis de renta” y no solo no trabajan, sino que a parecer según los expertos de la OMS, quieren también que el estado les pague incluso las vacaciones…… (mejor me callo).

 

Ya, ¿y que pasa con los cánceres de tiroides, con las leucemias con las malformaciones genéticas hereditarias, la contaminación del agua, del suelo, de las cosechas, de los animales que se alimentan de esas cosechas, de la flora y fauna salvaje, del aire, etc.?”

 

PD. El subrayado es del fanático de mi hermano, como podéis suponer.

 

Me dirijo ahora a otro documento de José Santamaría el cierre de Chernobil no acaba con la pesadilla nuclear

 

Bajo mi punto de vista y la experiencia de haber intentado mantenerme informada a lo largo de estos 20 años, me parece más cercano a la realidad y con su benevolencia (espero, ya que me basado básicamente en su estudio) intentaré resumir algunas de las conclusiones de Santamaría, aunque lo que realmente os recomiendo es que leáis este artículo esclarecedor.

 

Veamos sus consecuencias sobre las personas: absorción por el organismo de miles de personas de grandes cantidades de yodo-131 y cesio-137.

 

El yodo-131, aunque tiene una vida corta, se acumula en la glándula tiroides, causando hipertiroidismo y cáncer de tiroides, sobre todo en los niños.

 

El cesio-137 tiene una vida media de 30 años, por lo que sus efectos aún se harán notar durante muchos años más. El ADN de las células germinales que transmiten la información genética fue dañado por la radiactividad y  otro de los problemas de salud que se mantienen es el debilitamiento del sistema inmunológico causado por las radiaciones que hace a las personas afectadas susceptibles a múltiples enfermedades, no solo a las infecciosas.

           

Además hay que contar con las repercusiones de: cesio-134, estroncio-90 y plutonio-139, sobre los que no abundaremos, ya que como veis el tema es interminable.

 

 

Por citar solo un ejemplo. En la región de Gomel, en Bielorrusia, los cánceres de tiroides entre la población infantil se han multiplicado por cien, y el número de casos no para de aumentar. Las leucemias, cuyo periodo de latencia es más largo, empiezan a aparecer, sobre todo entre “los liquidadores” (trabajadores “voluntarios” militares que acudieron inmediatamente a sofocar el incendio y desmantelar el reactor); la tuberculosis es una de las enfermedades que más ha crecido entre las personas afectadas. Las aberraciones cromosómicas, precursoras de leucemias y cánceres, han sido igualmente detectadas, al igual que cánceres de hígado y recto; y enfermedades del sistema endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular, así como las cataratas.

 

Pasemos a sus efectos sobre el agua: El río Pripiat llevó la radiactividad a su efluente, el río Dnieper (el tercer río europeo por su caudal) y que tras recorrer 800 kilómetros y seis grandes embalses, desemboca en el Mar Negro. El agua contaminada por los residuos radiactivos puede llegar a haber afectado a unos 30 millones de personas, según un reciente informe elaborado por 59 científicos de 8 países, bajo la dirección del italiano Umberto Sansone: más de 9 millones beben agua contaminada, y otros 23 millones de personas comen alimentos regados con aguas radiactivas o peces con niveles inaceptables de radiactividad. Las balsas y pequeños embalses construidos para retener las aguas contaminadas a la larga agravaron el problema, pues fueron rebasadas al caer las primeras lluvias intensas.

 

Los peces del lago Kojanovskoe, en Rusia, presente niveles de radiactividad 60 veces superiores a los límites de seguridad de la Unión Europea. La única alternativa es la completa prohibición del consumo de pescado en la región.

 

Los sedimentos fluviales y lacustres, así como los suelos bañados por el agua contaminada son posiblemente la mayor amenaza diez años después del accidente. El accidente depositó 380 terabequerelios (380 x 1012 bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona alrededor del reactor.

 

Sigamos con la contaminación atmosférica. La nube tóxica fue diseminada por el aire. Durante los primeros diez días hubo grandes emisiones de radio nucleidos que contaminaron más de 200 000 kilómetros cuadrados ciudades suelos y lagos de Europa y occidente de Asia. El grado de sedimentación varió según que estuviera o no lloviendo cuando pasaron las masas de aire contaminado. Afectando a los países del norte de Europa contaminando los suelos, que a su vez contaminaron los pastos que consumían los animales y a través de su consumo pasó a los humanos, como es natural.

 

Tras el accidente, los suelos, animales y la vegetación de las zonas forestales y montañosas absorbieron grandes cantidades de cesio radiactivo, y los niveles siguen siendo altos en las setas, las bayas y la caza. La  exposición generada por los productos forestales ha aumentado, y según la OMS, sólo disminuirá a medida que los materiales radiactivos migren hacia zonas más profundas del suelo y se desintegren lentamente. Se ha observado una elevada transferencia de cesio radiactivo de los líquenes a la carne de reno, y de esa carne al ser humano, en el Ártico y en las zonas subárticas, con altos niveles de contaminación de la carne de reno en Finlandia, Noruega, Rusia y Suecia.

 

Incluso en otros muchos países los efectos del desastre de Chernóbil siguen latentes. Por ejemplo, en el Reino Unido, más de 300 rebaños de ovejas siguen todavía en cuarentena (sin poder ser consumidas, como consecuencia de la contaminación radioactiva del funesto accidente. La razón es lo que se denomina, “transmisión vertical”. En otras palabras, las ovejas contaminadas por la radiación procedente del accidente de Chernóbil, padecieron mutaciones genéticas que afectaron a su aparato reproductor, por el consumo del pasto  contaminado al absorber los elementos radioactivos fijados en el suelo. Tal contaminación es transferida a sus “léchales” también por el consumo de la lecha materna. 

 

Mejor no sigo.

 

Consuelo Ibáñez

Consejería de Salud de la CAM

 

Nota del Administrador: ¿Con que en las zonas profundas del suelo no contaminan y se desintegran “apaciblemente”?. Estos “venerables ancianitos de la OMS no tienen ni idea”. Abordaré el tema en mi contribución.

 

Consuelo: Juanjo que te estoy viendo “virtualmente”. Hazme favor de dejar de subrayar todo lo referente a los suelos, que este es un tema muy serio.

Juanjo:   Vale, vale, pero esto es una Weblog de Suelos e intento recalcar la importancia de su contaminación, que todos dejáis en segundo plano.

Carmen, Antonio y JP: Está visto que quien cae en sus manos. Es como una maldición efectivamente.

Juanjo: ¿Por qué no cerráis la boca, para una vez que no os doy la lata (…)

Carmen, Antonio y JP: Vale “hermoso”, ·majete”, “salao” (uffff casi la “pifiamos)”

22:15 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (15)

Hola a todos, para terminar, por ahora, con el capítulo de los minerales, analizaremos hoy la formación de complejos órgano-minerales, como constituyentes esenciales del suelos.

 

La interacción entre la fracción biótica y abiótica condiciona la estructura del suelo y la movilidad de los elementos en el este medio, lo que tiene implicaciones directas en los procesos edáficos que tienen lugar para su formación. No todos los complejos formados en el suelo tienen  el mismo origen, ni cumplen las mismas funciones. La expresión complejo órgano-mineral describe el resultado de una reacción, llamada complejación, que tiene lugar entre los grupos aniónicos de la materia orgánica con los compuestos minerales procedentes de la roca original.

 


Son varias las etapas que tienen lugar en esta asociación: En la primera etapa, se realiza una mezcla mecánica de los componentes, como consecuencia del transporte y del arrastre que tiene lugar en el interior del perfil, microfauna y agua son los principales responsables del mezclado. En la segunda etapa, originada en la mayor parte de los casos de forma simultanea con la primera, se produce como consecuencia de entrelazarse los micelios de los hongos, los pequeños cadáveres de la microfauna o material capsular de desecho, con las partículas minerales más finas procedentes de la alteración de la roca. La tercera etapa está relacionada con los procesos químicos que tienen lugar en el interior del suelo, al establecerse uniones entre ellos por medio de enlaces químicos.

 

Cinco son los grupos funcionales de la materia orgánica existente en el suelo con afinidad por los iones metálicos: -O-, -NH2, -N=N, -COO-, -C=O. Al anión complejante se le conoce como ligando, y la estabilidad del complejo depende del tipo de enlace que se establece entre este y el mineral. Los complejos más estables son aquellos que resultan de enlaces tipo iónico, que dan lugar a procesos de adsorción del grupo funcional de materia orgánica con la superficie del mineral arcilloso.

 

Son muchas las clasificaciones que sobre los complejos existen en la bibliografía, pero si nos atenemos a lo que establece Porta (1999) diferenciamos dos grandes grupos: complejos arcillo-húmicos y complejos organo-metálicos.

 

Los primeros son por lo general estables, insolubles y de tamaño relativamente grande. Se distinguen complejos formados por minerales arcillosos con carga negativa y grupos orgánicos de carácter catiónico; complejos formados por minerales arcillosos con carga positiva y grupos funcionales con carga negativa, y complejos formados por dos arcillas de carga negativa que se unen a través de un catión polivalente que actúa como puente.

 

El segundo grupo lo constituyen los complejos órgano-metálicos, formados por la unión de compuestos orgánicos con iones metálicos, como Fe, Al, Zn, Cu, etc. Este tipo de complejos son importantes ya que pueden inmovilizar metales tóxicos procedentes de vertidos y favorecer procesos de intercambio.

       

Dejamos aquí la formación de complejos en los suelos, como siempre hemos pretendido dar algunas pinceladas sobre este complicado tema, para que sirva como introducción y pueda ser el comienzo que quien tenga interés en profundizar en el interior del "complejo" sistema, llamado suelo.

 

Hasta el próximo día

 

Antonio López Lafuente

13:41 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)