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jueves, 06 de abril de 2006

Como nos comentaba Gustavo Moscatelli en la contribución anterior, lamentablemente no es infrecuente que los expertos desprecien el conocimiento secular de los campesinos. Muchas veces sus soluciones han sido denostadas, cuando los “sesudos” técnicos e investigadores debieran considerar que nadie “tira piedras contra su propio tejado”. La prepotencia puede terminar por generar desaguisados, a veces terribles. Y lo más graves es que, aunque se acumulan evidencias a favor de  la sustentabilidad de muchas prácticas seculares, los prepotentes siguen “erre que erre en sus trece”. No hay más ciego que el que no quiere ver. Hoy comentaremos un problema que afecta a los paisajes agrarios de este y otros muchos países. Va por ti Gustavo.


Encuestas realizadas en la década de setenta por Antonio Pou (UAM), a ciertos campesinos españoles de algunos territorios, mostraban que araban sus tierras a favor de la pendiente, práctica desaconsejada por la mayor parte de los servicios de conservación de suelos y los manuales al uso, que con vistas a evitar la pérdida de suelo proponían justamente todo lo contrario: dejar los lomos de la labranza en perpendicular a la línea de máxima pendiente. Sin embargo la actividad llevada a cabo por estos labradores tenía su razón de ser. En efecto, los consultados replicaban que, tras eventos pluviales intensos y de corta duración, los caballones generados por la labranza se colmataban rápidamente de agua, rompiéndose en cascada uno tras otro ladera abajo, por lo que se generaba más erosión que labrando contra la pendiente.

 

Más recientemente, Saturnino de Alba (UCM) ha corroborado empíricamente y mediante modelos de simulación, la bondad de ésta práctica de laboreo secular en los ambientes en donde las lluvias torrenciales se generan con relativa frecuencia. Por tanto, habría que haber revisado hace mucho tiempo la bondad de ciertas prácticas recomendadas por los expertos, incluidos los de la FAO, al menos en aquellas áreas en donde estos episodios meteorológicos violentos son frecuentes.  

 

Tan solo hace unos años, afortunadamente comenzó la “moda” (porque después de denostar al aldeano, ahora resulta que “mola” trabajar en estos temas) de analizar las prácticas autóctonas de conservación de suelos e incluso comienza a interesar su opinión. ¡Formidable! progreso el de la ciencia y el del comportamiento de sus practicantes! Pero no os equivoquéis, mucho siguen siendo igual de prepotentes.  

 

Al escribir hace unos días sobre Agricultura de Conservación, observé en un libro que venía en el Portal de la FAO, titulado: Optimización de la humedad del suelo para la producción vegetal, que los autores ¡por fin! Estaban desarrollando técnicas para prevenir la erosión basadas en el conocimiento campesino. Dicho de otro modo, y como apuntaba Gustavo Moscatelli, comienzan a descubrir la dinamita. Cuanto tiempo se ha malgastado y, seguramente, cuanto suelo se ha perdido por no considerar su opinión debidamente. Despilfarro de dinero e impacto ambiental por aquellos que justamente debían evitarlo. Del mencionado portal de agricultura de Conservación pueden bajarse ahora muchas más monografías en castellano sobre este tema de la sabia cultura campesina. Tan solo tienen que consultarla. Mientras tanto los edafólogos comienzan a desarrollar la etnoedafología, tanto por su valor histórico como práctico.

 

He introducido en la Galería de “Fotos de Erosión y Perdida de Suelos” dos imágenes en las que se observa (i) como puede pueden destruirse en cascada los bancales y generarse erosión  arando Contra pendiente, así como las nuevas técnicas para evitarlo utilizando la sabiduría campesina utilizando los denominados “lomos de contorno nivelado”. Por último hemos abierto una nueva galería sobre Etnoedafología y Conocimiento campesino en la que iremos añadiendo bellísimas imágenes sobre las prácticas culturales autóctonas. Una vez más topamos con la irracionalidad de la racionalidad científica.

 

Todo ello me recuerda a la monumental obra del irlandés Sir James George Frazer (1841-1948), escrita originalmente en 12 tomos en 1890, abreviada a un solo volumen en 1922 y traducida al español en 1944 (se encuentra con facilidad en las librerías): La Rama Dorada. Frazer es considerado como uno de los padres de la antropología sociológica.  Tras recorrer todo prácticamente todo el mundo buscando pueblos “primitivos” con vistas a narrar su mitología, folklore, etc., escribió el mentado libro. Lo que viene al caso es que muchas de las aseveraciones de Sir George sobre las supersticiones de aquellos “salvajes”, resultan hoy sustentadas por la ciencia. En otras palabras, de supersticiones nada. Cuanto debiéramos haber aprendido de nuestros antepasados. Como siempre, nos daremos cuenta cuando tal acervo cultural haya desaparecido. Nos debiera interesar salvar tanto nuestra diversidad cultural como la biológica y la geológica, tanto más por cuento muy a menudo están interrelacionadas.  Ya iremos abundando sobre el tema.

 

A pesar de todo, aun hoy en día muchos Manuales siguen recomendando y algunos expertos mantienen sus críticas contra la labranza a favor de la pendiente, cuando ni tan siquiera parecen conocer los susodichos lomos de contorno nivelado o intervenciones afines.  Faltaría más que los campesinos nos enmendaran la plana parecen seguir postulando. Hasta ahí podíamos llegar. Lamentable. Pues miren ustedes otros ya se han apeado del burro ¿Te Gus esto Gustavo?. ¿Dime algo?

 

Juan José Ibáñez

 

 

Nota de Antonio: Carmen, Ya le ha entrado otra vez al “nene” un nuevo y brutal acceso de “cultureta” post-trasns-moderna. ¡Fashion!. Ya no sé que pensar. ¿Iluminación mística tal vez?

Nota de Carmen: Pues va a ser que si. Lleva unos días tranquilito y de pronto le da por enzarzarse con los RyC, y tras tal metafísica experiencia nos sale otra vez por iluminarías peteneras.

Nota de Antonio: Ya que nos ha tocado llevar esta cruz a cuestas (debe ser porque entramos en Semana Santa), no se si llevarlo de procesión o traérmelo a mi casa cuando mi chaval saque los pies del tiesto.

Nota de Carmen: No son malas ideas ya que, por un lado, esto en lugar de una experiencia en la blogosfera se antoja un vía crucis, y por otra, para tu hijos, o los míos resultará peor castigo que leer la guía telefónica (ya sabes como son los jóvenes hoy en día, a uno mío hasta le gusta). Buena idea Antonio, tu si que eres creativo y no este memo con sus levitaciones y mantras.

 

20:20 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Gustavo Moscatelli

 

Mi amigo Juanjo Ibáñez, incansable pensador noctámbulo, me ha puesto en el brete de escribir algo original para su weblog edafológica.


Nota del Administrador

 

Mi amigo Gustavo, desde Argentina, comenzó a hacer una contribución, pero a medias se me perdió por el camino (él, no parte de la nota). La verdad que no encuentro a Gustavo ¿Dónde estás? En cualquier caso comenzaba a abordar un tema de gran interés y que los investigadores no solemos querer ni oír (aunque algunos como yo sí). Bueno pues os dejo con Gustavo “interruptus” para seguidamente intentar continuar yo personalmente abundando en su argumentación con un tema (contribución) que parecería suya si no fuera por el lenguaje.

 

Gustavo Moscatelli

 

Mi amigo Juanjo Ibáñez, incansable pensador noctámbulo, me ha puesto en el brete de escribir algo original para su weblog edafológica.


Difícil tarea para mi que no soy muy original, se poco de edafología y sólo escribo con éxito cuentos cortos de la vida cotidiana, con los cuales divierto a un puñado de seguidores de café, que espero sigan vivos porque no hay recambio generacional para mi tipo de humor.

Pero Juanjo desea que yo opine sobre los suelos, de sus orígenes (¿quien arriesga primero?), de su calidad, de su salud (¿no es lo mismo?), de su edad (importa a la hora de plantar frijoles?), de su color (hay discriminación?), de los suelos urbanos (¡¡ hay países a los que les sobra el dinero !!) y de otras cuestiones.


Yo fui involucionando. Cuando era joven pensaba febrilmente en la génesis, en la taxonomía, en la micromorfología, en la geoestadística, etc.


Ahora, a punto de concluir mi etapa activa creo que tengo una gran deuda con los contribuyentes, gracias a los cuales pude estudiar en una Universidad gratuita y posteriormente trabajar en un organismo estatal.

 

Me siento en la obligación de aportar alguna solución, o al menos una pista para hallarla, a los problemas cotidianos de los productores (durante muchos años ellos contribuyeron con sus impuestos  a que las instituciones nacionales funcionaran).

 

Muchas veces los tesistas  (o doctorandos), e incluso los propios investigadores emplean mucho tiempo en "encontrar" un problema para solucionar con la tesis que ya tienen escrita.

 

Es mucho más fácil eso que solucionar problemas reales, a los que no le han encontrado la vuelta  quienes necesitan resolverlos para subsistir.

 

Cuesta decirlo, pero no son pocas las grandes soluciones que fueron encontradas por consorcios de productores, mucho antes que los pensadores atinaran a plantear siquiera una hipótesis.

 

Una vez puesta en marcha la práctica, los científicos se suben al carro de los pragmáticos y  pretenden escribir ecuaciones y construir regresiones con rectas que surcan silatadas nubes de puntos, las cuales "explican" por qué un rústico campesino controló la erosión o logró una mejor retención de agua en sus suelos.

 

Gustavo Moscatelli

 

Nota del Administrador: Gustavo ¿Dónde estás? No me seas boludo che. Que suerte tenés vos de vivir tan lejos. No se deja así a un amigo.

Nota de Gustavo: Jajajaja. Parecía espabilado este gallego, pero ya veo que es como todos. Cayó en mi trampa. Su única suerte es estar en el viejo continente sin corralitos. A ver que horripilante historia nos cuenta con lo arrogante que es. Pío Pió, ¿jugamos al escondite gallego? No me vas a encontrar galleguito (jajajaja). Será boludo.

17:53 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)