Hace unos días recibí la invitación del Subsecretario general de la Unión Internacional de Sociedades de las Ciencias del Suelo para escribir mi opinión sobre el futuro de las CC. del Suelo en mil palabras, junto a otros quince ¡líderes! de ámbito mundial con vistas a elaborar un documento que será distribuido en el XVIII Congreso Mundial de Suelos a celebrarse en Filadelfia en julio de 2006. ¡Que honor! Por un lado suelen vapulearte en las revistas indexadas antes de poder publicar un artículo y luego te salen con que eres un líder mundial en la materia. ¡Son así! Yo les diría que no soy un manta, pero tampoco un genio. Ahora bien, ya veremos, por cuanto el "personal se mata" por aparecer en la foto y tan pronto te ponen como te retiran de la lista. Ya me conozco la historia. En el primer borrador en castellano me han salido unas 2000 palabras. Aquí va la primera entrega. Mañana la segunda. Novedad mundial del líder de las CC. del Suelo más vapuleado de la historia (Jajajaja: allegro ma non troppo) para esta weblog.
El mensaje recibido por "e-milio" era el siguiente.
Dear Dr Ibanez,
There is discussion about the future of soil science, perhaps reflecting the dynamic nature of science in general and changes in society at large. Different people have different ideas about the future of soil science. Both the difference in ideas as well as the ideas themselves are of interest. I would like to invite you to write your. Fifteen leading soil scientists across the globe and with different backgrounds have been asked to write up their ideas. The contributions will be published in the IUSS Bulletin and possibly in a separate IUSS publication. These will be stimulating and timely reading for 18th World Congress of Soil Science in July 2006! .Deadline for contributions is 31st March 2006. Please keep your contribution within 1,000 words; one table or figure and a few references are allowed. There is no preference for the style of your contributions and you may make it as formal or informal and unconventional as you wish but it should contain your ideas on the future of soil science. I realise this might be a bit of a daunting challenge, and could you let me know whether you are interested to contribute and meet the deadline?
Thanks and best wishes,
Alfred Hartemink
Deputy Secretary General IUSS
www.iuss.org
En la UISS, el Secretario General es el que ostenta el poder real y el Secretario adjunto con él. Los Presidentes y Vicepresidentes son cargos honoríficos que ostentan durante cuatro años investigadores del país que organiza el siguiente congreso mundial (cada cuatro años). Obviamente esta introducción está fuero del conteo de las susodichas palabras. Debido a que el texto es largo lo dividiré en dos partes que saldrán en días consecutivos. Novedad pues para esta weblog.
Como reiteraré después, no soy adivino. Se trata más bien de expresar tus ideas: lo que tú desearías que fuera el futuro. Por tanto cada uno expone lo que le gustaría que ocurriera para mayor gloria suya. Si escribieran 15 expertos en química del suelo ya sabemos lo que ocurriría: "chemistry everywhere". Sin más verborrea (que ya empiezo a .) aquí va.
El Futuro de las Ciencias del Suelo en 2500 palabras. I Sobre el Progreso en el Conocimiento de la edafosfera
Resulta difícil ser adivino, y más aun en un mundo que cambia tan rápidamente. Tras un período de bonanza bajo el paraguas del paradigma agronómico, en la década de 1980, las ciencias del suelo en general y la edafología en particular, comenzaron a sufrir una crisis que aun perdura. No abordaré el tema por cuanto ha sido objeto de numerosas publicaciones. Como científicos implicados deberíamos discernir entre que estamos obligados a hacer, con vistas al progreso de nuestra disciplina, y como reaccionar para volver a recobrar la confianza perdida de los gestores de la política científica, colegas de otras disciplinas y público en general. Todo ello también requiere un serio ejercicio de autocrítica respecto a nuestra actividad en el pasado.
Las sociedades industrializadas nos demandan abandonar el paradigma agronómico. Sin embargo, esto no quiere decir que renunciemos al pasado, sino que ampliemos las fronteras de nuestra disciplina para satisfacer las demandas sociales de información edafológica. En cualquier caso, como ya comentó el Prof. D. H. Yaalon, se corre el riesgo de abrir una brecha entre los intereses de los científicos de estos países del estado del bienestar y los que se encuentran en otros en vías de desarrollo. Hoy en día, en los el mundo industrializado, los temas ambientales y la conservación de los recursos naturales requieren reorientar los objetivos de la edafología. Sin embargo, por mucho que se insista, las nuevas tecnologías, por sí solas no son suficientes. Como señaló Peter Burrough en 1993 (ITC Journal), no se puede extraer la máxima eficiencia de las nuevas tecnologías sin un cambio conceptual que optimice las ventajas que otorgan. Burrough nos recuerda que de no hacerlo así, tan solo aplicaremos aquellos instrumentos a tareas que con anterioridad hacíamos manualmente. En cualquier caso estos últimos serían infrautilizados. Más de una década después, tal cambio conceptual sigue siendo una de nuestras tareas pendientes más importantes. Pongamos un ejemplo.
Actualmente las clasificaciones universales de suelos comienzan a ser muy cuestionadas, tanto por algunos edafometras, como por defensores del denominado "paradigma de la calidad del suelo". Los primeros nos proponen dejarlo todo en manos de las matemáticas, los segundos venden viejo vino en nuevas botellas. Los primeros atacan la artificialidad y subjetividad de las clasificaciones convencionales, los segundos, simplemente, intentan abordar ciertos problemas ambientales y agronómicos utilizando nuevas metodologías, instrumentación y un vocabulario antropomórfico (funciones, salud, calidad, etc.) que, personalmente, considero que genera más problemas de los que resuelve. Ambos ataques a las concepciones clásicas adolecen de una falta de rigor epistémico así de cómo trabaja el método científico. Ambas caen en la paradoja tecnológica advertida por Burrough.
Debemos encaminarnos a entender y generar conocimientos de suelos desde el punto de vista de la investigación básica. De sus resultados obtendremos investigación aplicada de calidad. Debemos cuestionarnos que hemos entendido hasta ahora por suelo, y como deberíamos ampliar sus fronteras conceptuales, a la vista de los nuevos (y a veces algunos viejos olvidados) conocimientos adquiridos y demandas sociales actuales. Resulta posible conjugar las percepciones básicas con las aplicadas. ¡Si! ¿Cuál es mi propuesta? La expongo sucintamente a continuación.
Las fronteras del suelo deben tanto ampliarse en profundidad (sistema suelo-regolito), como en lo que concierne a abordar ciertos cuerpos naturales que con anterioridad no fueron considerados como suelos, como es el caso de los sedimentos de lagunas (suelos hídricos) y posiblemente de las plataformas continentales (al menos de aquellas incluidas en la zona fótica).
Del mismo modo, en el "antropoceno" estamos cambiando de tal modo la faz de la edafosfera que nos vemos obligados a estudiar, describir y clasificar procesos y estructuras que con anterioridad no acaecían en la naturaleza (llamémosles tecnosuelos y suelos urbanos en su sentido más amplio). La concepción del sistema suelo-regolito esta legitimizada en investigación básica desde que sabemos que la actividad biológica sobrepasa las fronteras actuales de lo que los manuales de texto suelen describir como suelo, afectando también al regolito hasta decenas de metros de profundidad. Del mismo modo, desconocemos casi totalmente los procesos que se dan en los sedimentos de lagunas y otras zonas sumergidas por el agua. ¿Por qué? Se trata de una laguna del conocimiento que necesariamente hay que rellenar. Finalmente, la gran extensión ocupada por suelos urbanos, vertederos urbanos e industriales, etc, generarán unos suelos que jamás han existido previamente en la edafosfera. No podemos pasar por alto nuevos procesos edafogenéticos y la emergencia de estructuras edáficas insospechadas. Diversos colegas están haciendo énfasis en tal reconsideración de lo que es un suelo en base a estas cuestiones. Sin embargo, raramente estas propuestas (y las que vinieran al caso) se presentan simultáneamente (pero ver Ibáñez & Boixadera 2002, entre otros). Reitero, necesitamos un concepto no vacuo del suelo que de cuenta de las antiguas barrearas conceptuales para abrir nuevos horizontes.
Desde un punto de vista de la demanda social, tanto el estudio del sistema-regolito (problemas de contaminación de acuíferos y aguas corrientes), zonas húmedas (también por problemas de contaminación y preservación de un patrimonio natural gravemente amenazado), así cono de los tecnosuelos y suelos urbanos (también por razones de contaminación que afectan a la salud de todos los seres vivos, incluido en hombre) tales ampliaciones en la fronteras conceptuales de lo que es un suelo, se encuentran legitimizadas. La ciencia progresa tanto o más por la potencialidad heurística de hipótesis audaces que por los propios cambios tecnológicos, por importantes que estos últimos sean. Así lo constata la historia de la ciencia.
Una nueva concepción del objeto de estudio necesariamente reclama una clasificación basada en nuevos criterios. La WRB, aun adoleciendo de una definición "no vacua" del suelo, así como de no considerar el sistema suelo-regolito, resulta ser un paso adelante, al tener en cuenta las zonas húmedas, suelos urbanos y tecnosuelos. Sin embargo el cambio resulta insuficiente al no considerar el sistema suelo-regolito.
Las clasificaciones universales de suelos son totalmente necesarias, por cuanto son lenguaje entre los especialistas que se dedican a una misma materia de estudio. Quizás pudieran sustituirse, aunque considero mejor decir complementarse, por un código internacional de nomenclatura, como lo hacen los biotaxónomos. Las clasificaciones nacionales deberían estar sujetas a tal código internacional si no queremos continuar viviendo en una "torre de babel". En cualquier caso, entiendo que elaborar nuevas clasificaciones haciendo caso omiso de lo que acaece en otras disciplinas, es un craso error. Tenemos mucho que aprender de las clasificaciones biológicas, así como de los recientes avances de la psicología analítica y ciencias cognitivas en general, respecto al proceso de categorización. La mente humana tiene unas potencialidades y unos límites para memorizar y procesar la información. Debemos conocer lo que se sabe de la mente humana para procesar la información (sin acudir al auxilio de la informática), por cuanto una clasificación, o una taxonomía, no son más que sistemas para almacenar y procesar la información de una manera rápida y eficaz. Muchos edafometras, serían más prudentes en sus aseveraciones si en lugar de atacar las concepciones clásicas abrieran sus mentes a los conocimientos y avances de otras disciplinas, que legitimizan la parición en clases booleanas y las taxonomías jerárquicas.
Los ataques a las clasificaciones Universales por no ser aptas para resolver todas las demandas de información de suelos resultan ser a todas luces injustificados. Lo mismo ocurre en cualquier taxonomía, incluida la biológica. Se requieren clasificaciones "ad hoc" con vistas a resolver ciertos problemas propios de la investigación aplicada. Resulta sorprendente aquí que volvamos a recaer en la paradoja tecnológica. Precisamente son los sistemas de información de suelos georeferenciados los que permiten, a partir de clasificaciones universales, información adicional de campo y la adquisición de nuevos datos suministrados por las nuevas tecnologías (imágenes satelitales. Modelos digitales del terreno, sensores de diversa índole, etc.), los que deben liberar a las taxonomías universales del rol aplicado que se encontraban obligadas a cumplir en el pasado. No al revés. Por estas razones debe comenzar a cuestionarse también la relación frecuente entre los niveles de una jerarquía taxonómica y los mapas de suelos. Ya no resulta ser un hecho tan imperioso como en épocas pasadas.
De nuevo la paradoja tecnológica-conceptual se presenta a la hora de implementar los sistemas de información de suelos. Debido a las numerosas fuentes adicionales de información, directa e indirectamente vinculadas con el suelo, así como a su potencia y flexibilidad de cálculo, lo que se requiere imperiosamente es recolectar más información de suelos en campo. ¿Cuál? Aquella necesaria y previsible para suministrar a los usuarios los datos y productos que requieren. Personalmente, me preocupa que estemos dedicando tanto tiempo, esfuerzo y dinero a obtener información edafológica indirectamente (funciones de edafotransferencia, reglas de taxotransferencía, cartografía digital predictiva, etc.), en lugar de recolectar nueva información de campo. No se puede seguir trabajando con las nuevas tecnologías si no mejoramos y ampliamos la información básica de que disponemos. Los inventarios deben actualizarse. De nuevo, los programas de monitorización del estado de los suelos requieren partir de unos inventarios actualizados y más detallados que los actuales, al menos en muchos países, como se está demostrando a la hora de implementar un plan para la monitorización de los suelos de Europa. En otras palabras, requerimos urgentemente más y mejor información de campo. Solo después las nuevas tecnologías mejorarán las predicciones y simulaciones computerizadas actuales.
Es en la actualización de los inventarios uno de los principales campos en donde las nuevas tecnologías deben facilitar los muestreos y adquisición de datos. Se requiere trabajar con técnicas no agresivas con vistas a obtener información tridimensional, lo más detallada posible de los sistemas suelo-regolito.
Este razonamiento también es válido en la formación de nuevos expertos, cada vez más alejados (y desconocedores) de la realidad terreno y más apegados al "boom" de las nuevas tecnologías.
Juan José Ibáñez
Continuará (...)