LoginRSS 2.0 Feed

jueves, 02 de marzo de 2006

En 2004 fui invitado por la Junta de Andalucía a dar la conferencia inaugural en el: Seminario sobre "La Desertificación en Andalucía"  (Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía; Parque de las Ciencias, 14 Junio 2004, Granada). La charla que daba por finalizado el evento la impartió mi colega e íntimo amigo, José Luis González Rebollar, de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC, Granada). Para sorpresa del público y los organizadores, les hicimos el "efecto pinza": término que acuñamos José Luis y yo en un artículo para referirnos a como los bosques caducifolios de las montañas ibéricas han ido reduciéndose a lo largo de la historia como consecuencia de la erosión, siendo sustituidos en cotas bajas por planifolios exclerófilos como la encina, y en las altas por los pinares u otras confieras de alta montaña. No creo que nos vuelvan a invitar jamás, pero a saber: la política hace extraños compañeros de cama.


Yo comencé comparando en dos diapositivas las "highlands" escocesas con los cuasi-desiertos del sudeste y preguntando a los asistentes ¿Qué paisaje está más degradado? Sabía la respuesta de antemano. El desafortunado asistente al que señalé con el dedo comentó lo obvio y le espeté, más o menos, pues va a ser que no.

 

Y comencé a explicarles que esas hermosas diapositivas de las tierras altas de escocia muestran paisajes tan degradados como nuestras "presuntas" áreas desertificadas. Les expliqué que la fascinación de los habitantes del norte de Europa por los paisajes áridos es equivalente a la nuestra por su verdor y abundancia de lagos. ¡Que hermosura!

 

Polvo versus barro. Esa es la explicación. Los idílicos paisajes salpicados de lagunas de las montañas escocesas son producto de la deforestación y erosión, por mucho que a algunos de vosotros os parezca mentira.

 

Bajo climas frescos o fríos con abundante precipitación, deforestación y erosión producen que el retorno de agua a la atmósfera vía evapotranspiración se reduzcan drásticamente. En las zonas con fisiografías que no permiten un buen drenaje el agua se acumula, generándose así turberas, lagos, suelos con rasgos hidromórficos, espesos horizontes orgánicos con materia orgánica obscura poco descompuesta, etc. Cabría decir que los paisajes se encharcan.  Impacto ambiental equivale a agua, barro y turba.

 

En los climas más cálidos con tendencia al déficit hídrico estacional, el impacto ambiental, fomenta, a demás de la erosión, la pérdida de materia orgánica (horizontes superficiales claros denominados ócricos), salinización en zonas mal drenadas y una vegetación dispersa. Es decir "aridificados". A este últomo proceso se le suele denominar desertificación.

 

Se trata de las dos caras de una misma moneda (símbolo jánico): la degradación ambiental. Cuando se analiza el mapa de suelos de Europa, a escala continental, con la antigua clasificación (Leyenda) de la FAO, se observa que hacia el sur abundan los suelos típicos de las zonas áridas, mientras hacia el norte incrementan drásticamente los suelos con rasgos gleycos y las turberas. Paisajes verdes, ricos en esfagnos, brezos, helechos  y pastizales hidromorfos.

 

Un hombre llega a casa tras trabajar en un paisaje seco y desolado del SE. Sus ropas y sus caras impregnadas por el polvo son testimonio de lo que denominan desertificación. Un paisano que retorna a su hogar tras una dura jornada de trabajo en las montañas escocesas, empapado, con sus ropajes y cara impregnados de barro, lo que pone de manifiesto su andadura por un paisaje encharcado. Algún día, a este último proceso alguien le dará un nombre nuevo y la comunidad científica creerá a ciegas en un nuevo tipo de degradación ambiental. 

 

Mi amigo José Luis, finalizo el susodicho Seminario mostrado como la revegetación natural en Andalucía genera pérdida de biodiversidad. Como yo encuentra claras evidencias de que los "pretendidos" bosques cerrados mediterráneos no eran la regla (salvo en zonas montañosas), sino la excepción. Como yo, considera que las dehesas (o mejor dicho los paisajes adehesados) son testimonio de una antigua "sabana mediterránea" que se cerró cuando se extinguió su fauna repleta de grandes mamíferos. Finalmente espeto que la conservación de nuestra rica biodiversidad, solo podría alcanzarse de llegarse a un compromiso entre conservación y explotación. Ya hemos hablado de estos temas e contribuciones anteriores y lo seguiremos haciendo. Hay que erradicar ciertas aseveraciones e imágenes míticas. Los bosques cerrados mediterráneos en ambientes de llanura parecen ser más un nuevo experimento de la naturaleza, que nuestras prístinas comunidades vegetales. Público y Organizadores quedaron desconcertados.  Empero las nuevas evidencias empíricas y un riguroso análisis paleontológico y palimnológico de los yacimientos arqueológicos corroboran nuestras posiciones, aunque hay otras evidencias adicionales.

 

No tomo partido, por ahora, sobre si la desertificación es un mito o una realidad. Estos son simplemente mis argumentos, basados en la experiencia de 27 años de investigación.

 

Juan José Ibáñez

16:36 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (3)