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jueves, 16 de febrero de 2006

Hoy, en el Cuaderno de Bitácora Estelar ha salido una noticia titulada "¡Que inventen ellos!". Sobre la investigación y los contratados del programa "Ramón y Cajal". Quisiera hacer algunas reflexiones, por cuando aún teniendo mucha razón, habría numerosos aspectos que matizar y explicar al ciudadano.


Estoy totalmente de acuerdo sobre el drama que implica truncar la carrera de muchos jóvenes investigadores (y ya no tan jóvenes, por cuanto la media de entrada por oposición al CSIC alcanza la notable cifra de unos 37-38 años) en este país.  Pasan los años, nuestros políticos siguen prometiendo el oro y el moro y no avanzamos nada. Nos encontramos en la misma situación que hace 2 décadas. Yo personalmente he estado manifestándome junto a ellos hace unos pocos años, y era el único investigador en plantilla que estuvo con su pancarta delante de la institución de turno. Poca solidaridad por parte del personal científico en plantilla, ¿verdad? También hablamos mucho, pero a la hora de la verdad (..). Si al menos nos pusiéramos todos en huelga (.). Pero hay miedo, mucho miedo a las represalias.

 

Completamente de acuerdo en "casi todo lo que se dices" David. Ahora bien discrepo de algunos tópicos y ciertas aseveraciones que comienzan a generalizarse en los medios de comunicación. David, no te molestes porque estoy con vosotros, pero también llevo 20 años en plantilla y deben explicarse ciertos planteamientos y estrategias que ya viví en el pasado. No me gustaron "nada de nada" y por ello quisiera dar mi opinión aquí.

 

  1. Equiparar "Cajales" con "Cerebros", y la nefasta política del personal científico, con la "fuga" de genios es una pasada: "una solemne tontería". Comienza a darse la impresión de que los jóvenes investigadores que no han conseguido una "Cajal" son peores "por definición" de los que sí lo lograron. No es cierto.
  2. Y no es cierto debido a que los sistemas de selección que equiparan el número de "papers" indexados con el coeficiente intelectual son deleznables.
  3. Es un gravísimo error confundir calidad con cantidad: a Marcial La Fuente Estefanía con Miguel de Cervantes.
  4. Estos criterios se tuvieron en cuenta cuando os concedieron los contratos, pero no el impacto (número de citaciones por los colegas) que realmente informan mucho más. Con el índice de impacto "H" del que se viene hablando, veríamos realmente cuales son buenos investigadores y cuales no. Lo mismo ocurre hoy en día cuando os presentáis a oposiciones.
  5. Tal como se dan estas noticias en los medios de comunicación, parece que el sistema español de I +D + I se arreglaría si se os diera la oportunidad "a todos los Cajales" de entrar de golpe. La famosa ley del embudo que ya he vivido desde que era precario predoctoral. No considero que sea la solución, por cuanto hay otros doctores, que aunque no sean "Cajales" pueden ser tan buenos científicos como vosotros y merecen la misma oportunidad ante un tribunal. ¿o no? ¿Por qué entonces solo se habla de "Cajales"?. Es una palmaria discriminación. 
  6. Lamentablemente, he conocido a muchos "Cajales", así como los equiparables a ellos en tiempos pretéritos, que pueden haber publicado mucho, pero cuya relevancia científica era y es paupérrima (la mayor parte de sus publicaciones no habían sido citadas ni tan siquiera una sola vez: "impacto 0". Conozco otros jóvenes investigadores que no han salido al extranjero, a los que se la ha denegado una "Cajal" o la posibilidad de tener una I3P, con más de 70 o 100 citaciones en numerosos de sus trabajos. Ser "Cajal" o ¿No Cajal! No es la cuestión.
  7. La racanería y el incumplimiento sistemático de las promesas de nuestros políticos de ofertar nuevas plazas sí (con criterios de mayor garantía que el número de "papers"), ese sí es el problema.
  8. Y todo esto viene al caso debido a que, en "movimientos o movilizaciones" anteriores, los jóvenes que habían salido a formarse al extranjero reclamaban grupalmente un número de plazas (ya fueran contratos indefinidos, ya de funcionario) equiparables a su masa crítica. En otras palabras no pensaban en los que vendrían después, o en los que no habían salido a hacer mundo, dando por sentado que ellos eran superiores cuando muchas veces no era así.
  9. Lo más terrible ha sido observar el comportamiento posterior de muchos de estos "Cajales", o equivalentes, una vez entraron en la plantilla y cual es la excelencia de sus investigaciones. Y dramático comprobar que les importaba un "rábano" cuando otros protestaron después por lo que ellos había reclamado y obtenido anteriormente. Cuando más tonto e incompetente es uno, más arrogante parece ser también.

 

Resumiendo David, estando casi completamente de acuerdo con el reiterado drama de la miserable oferta de empleo que ofrece un gobierno tras otro, así como del sufrimiento que genera en el personal joven investigador. Sin embargo considero que los tribunales tienen que tener el CV en las manos de los candidatos, valorarlo objetivamente su cualificación, ya que no están todos los que son, y no son todos los que están. No volvamos a gremializar el tema y a confundir al público. Vosotros habéis estado fuera, a veces en los mejores laboratorios del mundo, esto debe plasmarse en la calidad de vuestros CV y en la claridad y relevancia de vuestras exposiciones ante un tribunal. Nada más y nada menos.

 

¿Defiendes que todos los "Cajales" son Cerebros y que obtendrían trabajo inmediatamente si se fueran otra vez a "hacer las américas"?. ¿Todos alcanzarían altos cargos en sus laboratorios de acogida? Vosotros sabéis muy bien que en numerosos laboratorios y países, los jefes suelen ser de la propia nación, mientras que se prefieren asistentes foráneos, debido a un comportamiento bastante criticable y esclavista.

 

David, estoy con vosotros en todo lo concerniente a la gravedad del tema y a los sistemáticos incumplimientos del poder respecto a sus proclamas electorales. Pero insisto, cuidado con lo que se dice y lo pudiera subyacer de fondo, especialmente si se discrimina a otros no "Cajales". El talento no lo da un tribunal que selecciona quien es Cajal y quien no; quien entra en plantilla y quien no. Conoces de sobra como la dedocracia permanece soterrada, tanto en OPIs como en Universidades.

 

Todo lo que he dicho es razonable y coherente, veamos como se interpreta.

 

Un abrazo y contad con todo mi respaldo mientras (.....). Ya sabes.  

 

Juan José Ibáñez

 

 

 

18:33 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Durante las cuatro últimas décadas se han propuesto numerosos esquemas de organización jerárquica para los más variados recursos y procesos ambientales. Obviamente, una descripción de todos ellos esta fuera del alcance de esta modesta contribución. En esta contribución nos centraremos en las jerarquías de la edafosfera. Más adelante propondremos como se puede abordar el estudio de los geo-ecosistemas bajo una óptica semejante.


Actualmente se considera al Pedión como la unidad tridimensional de menor tamaño apta para describir los rasgos de la organización de un edafotaxa. De hecho, lo que alberga es el ensamblaje de los subsistemas del nivel jerárquicamente inferior de la holarquía edafológica: horizontes y propiedades de diagnóstico de los suelos (Soil Survey Staff, 1960, 1975). Sin embargo, diferentes propiedades tienen distintos rangos de variabilidad espacio-temporal. Adicionalmente, esta variabilidad depende, en gran medida, de la distribución espacial de algunos parámetros topográficos, bióticos, etc., relevantes a una escala dada, que condicionan las transferencias de masa y energía en el sistema. Del mismo modo también influye la sensibilidad a las condiciones iniciales y de frontera del segmento edafosférico considerado, como hemos visto en otras contribuciones (ver carpeta de diversidad). Incluso a nivel del espesor de los horizontes del suelo, se detectan diferentes escalas espaciales representativas, dependiendo de si su estructura, dinámica y evolución se encuentra preferentemente controlada por procesos superficiales o subsuperficiales como acertadamente apuntó Kachanosky en 1988. Por tanto, para diversos autores la dependencia escalar es un rasgo esencial de los atributos y procesos edáficos (p. ej. Wagenet et al. 1994).  Necesitamos pues disponer de un marco jerárquico apropiado, con vistas a modelizar el continuo suelo-fisiografía, o geoderma (sistema suelo-regolito), a diferentes escalas, como ya apuntamos hace más de una década (Ibáñez, 1994 y 1995).

 

Wagenet et al. (1994), a partir de las ideas previamente expuestas por Hoosbeek y Bbryant en 1993, elaboran un esbozo de jerarquía espacial edafológica con vistas a encuadrar los procesos edafogenéticos, basado en los siguientes niveles o categorías:

 

Nivel escalar i-4: Nivel molecular (p. ej. reacciones moleculares, interacciones partícula-partícula, distribuciones de tamaños de partículas).

 

Nivel escalar i-3: Este dominio escalar es el que concierne al flujo de gases y agua en los microporos del suelo y a la ecología microbiana. A este nivel de resolución solo se estudian agregados estructurales primarios, analizando problemas tales como flujos no saturados en la matriz del suelo.

 

Nivel escalar i-2: También denominado "muestra de mano" (hand sample scale). En el se abordan las estructuras de suelo secundarias (conjunto de agregados), y los flujos de agua y gases entre las mismas (macroporosidad).

 

Nivel escalar i-1: Nivel de estudio de los horizontes individuales del suelo. La mayor parte de los conocimientos sobre taxonomía de suelos se han basado en estos y sus ensamblajes (ver i).

 

Nivel escalar i: dominio en el que se describen los pediones. Como un objeto tridimensional, el pedión está definido de tal modo que posee el tamaño mínimo para analizar la organización espacial de los horizontes y su variabilidad lateral (aunque aquí habría mucho que matizar).

 

Nivel escalar i+1: Nivel de estudio del polipedión. El polipedión es una agrupación de pediones. Por tanto se amplía la extensión lateral del dominio jerárquico anterior. En el se analiza no solo la horizonación, sino también procesos tales como la escorrentía y erosión. La variabilidad en el espacio de procesos y propiedades a esta escala es enorme, por lo que su análisis requiere de técnicas de estadística espacial (geoestadística). El concepto tradicional de cuerpo de suelo (soil body), también se circunscribe a este nivel de resolución. Las cartografías convencionales de suelos muy detalladas (menores de 1:10.000) pueden llegar a precisar la distribución de pediones en el área mapeada, como mostramos en Saldaña e Ibáñez (2006).

 

Nivel escalar  i+2: Nivel de estudio de los paisajes de suelos (p. ej. laderas, cuencas de drenaje). Se trata  también de la escala más usual para abordar numerosas investigaciones ecológicas. Sin embargo, en estas últimas, el suelo es uno de los componentes de los ecosistemas peor entendidos, cuantificados y representados: suele asimilarse a un modelo de caja negra entre otros subsistemas mejor cuantificados, tales como las biocenosis, el clima y la hidrología. No debe extrañar por tanto que, actualmente, se demande la construcción de modelos edafogenéticos cuantitativos basados en leyes físicas y, a ser posible, espacialmente distributivos. Estos deberían poderse acoplar con los modelos de otros componentes de los ecosistemas. Las cartografías tradicionales de suelos entre las escalas 1:10.000 y 1:250.000 suelen representar la asociación de edafotaxa a este nivel.

 

Nivel escalar i+3: Se trata de la escala a la cual se estudian las interacciones entre diferentes paisajes de suelos (p. ej. entre cuencas de drenaje contiguas). En ecología correspondería al dominio de ecología del paisaje. En estos últimos estudios, los suelos suelen tratarse de manera anacrónica. A esta resolución las unidades espaciales edafológicas son consecuencia de numerosos procesos determinados por una multiplicidad de interacciones espacio-temporales. Por lo tanto, para su análisis es preferible el uso de modelos holísticos, en lugar de los de procesos detallados (el "scaling dawn" se antepone al "scaling up"). A este nivel de esta escala jerárquica, como en el precedente, las aproximaciones empleadas corresponden con las metodologías utilizadas en la cartografías de suelos.

 

Nivel escalar i+4: Escala de regionalización edafológica.  En este nivel la atención se ha centrado tradicionalmente en áreas delimitadas por fronteras administrativas (p. ej. Estados). En los holones i+3 e i+4, se genera el conocimiento para reconocer la verdadera importancia de todos los factores formadores del suelo (clima, biocenosis, fisiografía, litología y tiempo). Con tal propósito, actualmente se hace uso de las bases de datos existentes sobre estos últimos, así como de tecnologías SIG, sensores remotos y estadística espacial.

 

Nivel escalar i+5: Se trata de la escala de los edafomas, entendiendo como tales las unidades jerárquicas que abordan el estudio del continuo edáfico a nivel continental. Cuando se estudia la edafosfera a nivel global, cabría hablar de un nivel escalar adicional: el  i+6. A esta resolución los edafotaxa más utilizados son los Órdenes y Subórdenes de la USDA-Soil Taxonomy (Soil Survey Staff, 1992) y los Major Soil Groups de las claves de la FAO (FAO, 1989 o grupos de referencia -referente groups- de la WRB). Por lo tanto, los rasgos y procesos edafogenéticos solo son descritos muy groseramente. La presencia o ausencia de horizontes y propiedades de diagnóstico indicadores de determinados materiales parentales, actividad biológica y tipos climáticos suelen ser los criterios discriminantes más utilizados. 

 

Kachanosky (1988) realiza un análisis de la influencia de la topografía sobre la distribución espacial de propiedades y procesos edáficos, abordando diversos problemas de escala. Este y otros estudios similares, como el que realizamos la Dra. Asunción Saldaña y este administrador (ver contribuciones sobre edafodiversidad), ponen en evidencia la enorme variabilidad espacial de las propiedades edáficas, hasta el punto de que, en numerosas ocasiones, no se encuentra correlación espacial alguna (determinadas propiedades variarían aleatoriamente incluso en distancias muy pequeñas (desde un punto de vista fractal podría decirse que la D de tales variables se aproxima al valor "2"). Dicho de otro modo, toda la variabilidad tendría naturaleza estocástica. Sin embargo, una cartografía a la misma escala 1:1.000, en las terrazas del Henares, nos mostró un patrón de distribución espacial de tipos de suelos bastante organizado.

 

Este último estudio, es un claro ejemplo de cómo el orden a un nivel jerárquico emerge del caos (y otro menos organizado) a un nivel jerárquico inferior. Se trata de un estudio pionero en la materia (ver contribuciones sobre edafodiversidad). Del mismo modo pudimos observar una relación inversa entre variabilidad espacial de propiedades y edafodiversidad, así como mostrar la tendencia a una evolución divergente (incremento de la complejidad) con el tiempo, debido a la sensibilidad a las condiciones iniciales y los cambios continuos de las condiciones de contorno (el ambiente en general). Sin embargo esta contribución se le atraganta a los edafometras, que al no querer reconocer los edafotaxa como una entidad propia, diluyen los niveles superiores de la jerarquía con la que trabajamos la mayoría de los edafólogos. Ya hablaremos de este caso para mostrar como el establishment zarandea las teorías noveles de la manera más procelosa que se pueda imaginar. 

 

Juan José Ibáñez

16:53 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (8)

El problema de las escalas constituye uno de los tópicos de mayor actualidad en el dominio de las CC. de la Tierra, de la Vida y del Medio Ambiente. La Teoría de los Sistemas Jerárquicos, es una de las inestimables herramientas conceptuales para su análisis.


Una de las principales premisas de esta aproximación se basa en la idea de que, en el estudio de los sistemas jerárquicos, la comprensión de un nivel de la jerarquía requiere el conocimiento adecuado de los niveles inmediatamente superior y e inferior. Asimismo, cada escalón de una organización o entidad jerárquica puede ser considerado como un sistema en si mismo, con sus propias escalas espaciales y temporales representativas, así como por la emergencia de regularidades o patrones idiosincrásicos. En la práctica suele ocurrir que cada nivel es estudiado mediante técnicas experimentales específicas y posee su propia terminología científica. Adicionalmente, la Teoría de los Sistemas Jerárquicos asume que determinadas dimensiones espaciales se correlacionan con otras temporales, de tal modo que las escalas de los niveles superiores suelen corresponder a las espacialmente más groseras y temporalmente más dilatadas. Lo inverso también es cierto para los niveles inferiores de la jerarquía. Según las  ciencias de la complejidad, un sistema dinámico abierto a los flujos de energía y materia (prácticamente todos los sistemas naturales) se encuentra regido por procesos de organización generadores de una complejidad creciente y jerárquicamente organizada a diferentes escalas de espacio y tiempo.

 

En terminología de KOESTLER (1978), para muchos el padre de esta teoría, pero que no era científico, sino divulgador y periodista, cada nivel de la jerarquía recibe el nombre de Holón, mientras que el conjunto se denomina Holarquía. Cada nivel jerárquico estaría compuesto por una determinada multiplicidad de subsistemas que, de hecho, son los sistemas del nivel jerárquico inferior, a la par que sería un subsistema del nivel jerárquicamente superior. 

 

Cada nivel de la jerarquía debe integrar los conocimientos necesarios para explicar el comportamiento de los subsistemas componentes, lo que implica que las investigaciones al nivel del subsistema jerárquico i-1, aportan las bases para la comprensión del sistema del nivel i. Del mismo modo, el nivel jerárquico superior i+1 constriñe el espacio de probabilidades en el que se desenvuelven los subsistemas del inferior, reduciendo el número de trayectorias que pudiera seguir su dinámica en el espacio de fases en que se representa. Sin embargo, estas bases de conocimiento suelen ser insuficientes con vistas a reconocer y formalizar las relaciones interescalares, o lo que es lo mismo, entre holones. Se trata de un procedimiento racionalmente válido. No obstante, la variabilidad espacial y temporal de las múltiples propiedades y procesos de un determinado holón, así como sus interrelaciones, introducen tal complejidad analítica e incertidumbres como para hacer francamente difícil usar un modelo conceptual tan genérico, al menos cuando se trabaja con datos empíricos. En consecuencia, se necesitan vías conceptuales y metodológicas alternativas para abordar el problema.

 

De hecho, cada nivel ascendente de la jerarquía disfruta de propiedades emergentes que no se pueden inferir mediante el conocimiento detallado de los procesos y propiedades de los holones jerárquicamente inferiores y superiores.

 

Un problema adicional surge a la hora de discernir entre las variables que pueden ser consideradas como constantes o uniformes para un rango  discreto de dimensiones espaciales y/o temporales, de aquellas que no lo son. En algunos casos, el reto de analizar las interacciones entre diferentes holones con distintas escalas de espacio y tiempo puede ser abordado exitosamente con el auxilio de nuevas metodologías y tecnologías (p. ej. sensores remotos). Sin embargo, para el matemático JEFFERS (1988), una buena parte de las dificultades que se presentan con vistas a la comprensión escalar de la biogeosfera emergen de errores en la aplicación de las reglas lógicas del método científico. En cualquier caso, comienzan a divulgarse metodologías prometedoras para el análisis de los procesos naturales que muestran variación a diferentes escalas. Entre estas últimas cabría citar el análisis armónico, los modelos markovianos, las redes neuronales, los autómatas celulares, la geometría fractal, etc. A pesar de todo, mientras en la literatura comienza a proliferar la publicación de trabajos teóricos aparentemente prometedores, en la práctica, no aciertan a cumplir los objetivos que se proponen.

 

Como hemos podido observar, mientras la geometría fractal aborda la búsqueda de las regularidades invariantes a los cambios de escala,  la teoría de los sistemas jerárquicos se centra en la determinación de las propiedades emergentes que son características de cada nivel de organizativo de una determinada jerarquía espacio-temporal. Por tanto, ambas teorías son dialécticamente complementarias. Queda pues patente la necesidad de buscas patrones invariantes a los cambios de escala /fractales, multifractales, etc.), así como las regularidades propias de cada nivel jerárquico. Desde este punto de vista se antoja irrisorio mentar si un determinado proceso y objeto de la naturaleza es fractal o no. No es correcto. Los sistemas complejos atesoran ambas propiedades: desde ciertos puntos de vista pueden ser fractales y desde otros no (surgen emergencias). En consecuencia, las disputas y controversias sobre la fractalidad o no de objetos y procesos adolecen de errores conceptuales de fondo. Se trata de discusiones bizantinas sustentadas en la incomprensión de lo que son los sistemas complejos. Conocer un sistema jerárquico en profundidad requiere discernir entre las propiedades que son invariantes a los cambios de escala, y las que son emergentes e idiosincrásicas de ellas.   

 

En la siguiente contribución a esta weblog describiremos la aplicación de tal esquema conceptual al ámbito de los suelos.

 

Juan José Ibáñez

16:27 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (8)