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miércoles, 15 de febrero de 2006

Como ya mentamos al hablar de la "Paradoja Tecnológica de Burrough", las nuevas tecnologías deben ir acompañadas de concepciones mentales noveles con vistas a obtener el rendimiento esperado. Tradicionalmente, los inventarios de suelos se han realizado en forma cartográfico con memorias adjuntas. Actualmente, mediante tecnologías SIG, se pueden obtener productos que multiplican por más de mil el contenido de información que ofrecían los productos tradicionales. Sin embargo, la metodología no parece haber prosperado entre la comunidad de expertos españoles, visto el cambio de "chip" que se requiere y la falta de relevos generacionales.


En 1998, El European Soil Buro, elaboró una norma técnica con vistas a armonizar las bases de datos existentes (o a desarrollar en el futuro) en Europa. La monografía ha sido publicada en diversos idiomas, denominándose en castellano, UNA BASE DE DATOS DE SUELOS GEOREFERENCIADA PARA EUROPA. Este administrador fue uno de los autores de la publicación original en inglés, así como el responsable de la edición en castellano.

 

Con posterioridad, diversos países han aplicado la metodología propuesta a zonas piloto de sus respectivos territorios (o a todo él, como es el caso de Italia). España, que lanzó la Directiva Europea de Conservación de Suelos, no ha mostrado el mínimo interés por realizar esta iniciativa. Por su parte, la Sociedad Española de las Ciencias del Suelo constituyó un grupo de trabajo con vistas a desarrollar una norma técnica para escalas 1.50.000, compatible con la Europea. Esta Norma está a punto de ser publicada.

 

Sin embargo, 10 años después, la mayor parte de los inventarios de suelos que vienen realizándose en España no atienden a estos estándares europeos. Tan solo el CIDE de Valencia se encuentra comenzando a ensayar el último documento mentado. No me extraña: En ausencia de joven personal investigador resulta difícil la aplicación de metodologías innovadoras que requieren un cambio mental acorde con ellas. Empero dado el desinterés por estos temas que han mostrado las autoridades españolas, el contratar a un becario e instruirle en edafología, es como adiestrarle para que tire desde un viaducto.  

 

Como vemos, en muchos ámbitos del saber, en lugar de converger con Europa, nos alejamos cada vez más de ella. Y mientras tanto nuestras autoridades mucho bla, bla, bla, pero a la hora de materializar sus proclamas, nada de nada. Y no acabo más que empezar a hablar de ellos.

  

Juan José Ibáñez

23:15 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (8)

Los edafólogos, como algunos otros especialistas, tienen mucho que decir en el estudio de los "suelos" marcianos. Desafortunadamente no son muchos los expertos que se dedican a ello. Sin embargo, en nuestro país hay uno de gran renombre internacional. Se trata de Pepe Torrent de la Universidad de Córdoba.


Torrent es considerado uno de los mejores expertos mundiales en el estudio del color del suelo. Como habréis visto en diversas fotografías que circulan por la Web, los suelos de nuestros planeta hermano "Marte", parecen ser "suelos" rojos (por algo se le denomina el planeta rojo). En el trabajo titulado "Evidence for a simple pathway to maghemite in Earth and Mars soils"  Torrent, en colaboración con su colega de departamento V. Barrón, realiza un análisis comparado de la estructura y composición de un determinado mineral de la superficie marciana. Se trata tan solo de un ejemplo, pero hablando de colores, así como de los minerales de hierro en los suelos, Torrent  es una autoridad mundial.

 

Juan José Ibáñez   (hoy adulador)

23:00 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (13)

En Noviembre de 1992 fui invitado por mi amigo Alfred Zinck como conferenciante para un Simposio Internacional de Suelos que se celebraba en el ITC de Holanda subvencionado por la ONU. Éramos 5 Conferenciantes invitados. Uno de ellos era Peter A. Burrough, reconocido investigador que introdujo los SIG y los fractales en edafología. También publicó con Mandelbrot. Este investigador presentó un artículo que posteriormente fue publicado con el título de "The technologic paradox in soil survey: new methods and techniques of data capture and handling" Por favor no pierdan el tiempo buscándolo en la Web, ya que personalmente no he podido encontrarlo. Resulta sorprendente y algo desalentador, que casi tres quinquenios después su contenido se mantenga vigente. Veamos lo que decía, tal como lo sinteticé yo años después (1995) para un capítulo de un libro del que personalmente era editor, añadiendo ideas de mi propia cosecha. Tengan en cuenta que han pasado 11 años.


En los últimos años, diversas instituciones nacionales e internacionales, relacionadas con el reconocimiento de suelos, han adoptado algunas de las innovaciones más recientes en los campos de la informática, telecomunicaciones, instrumentación geofísica, etc. Entre ellas destacan la creación de bases de datos computerizadas, sistemas de información geográfica, teledetección aeroespacial, teledetección sobre el terreno y sistemas de posicionamiento global, análisis de videoimágenes, inteligencia artificial, etc.

 

La revolución tecnológica a la que estamos asistiendo conlleva un incremento en el tiempo y los recursos destinados a estos propósitos, en detrimento de los dedicados a la recolección sistemática de datos de campo y mapeos intensivos. Es decir, la dependencia tecnológica del reconocimiento de suelos es cada vez mayor. Como corolario, los grupos de trabajo comienzan a ser más multidisciplinarios. No es extraño, por tanto, que el reconocimiento de suelos comience a contemplarse actualmente como un complejo sistema de información, multidisciplinar, plurifásico y polifuncional. El objetivo que se persigue es elaborar sistemas de información de suelos (SIS) capaces de resolver las demandas actuales de los usuarios, reales o potenciales. Sin embargo, no se han obtenido resultados espectaculares que se preveían (lo mismo he leído respecto a otros campos del conocimiento).

 

El entusiasmo precipitado y poco crítico, sobre las potencialidades que ofrecen las nuevas tecnologías, ha encubierto numerosos problemas de fondo. Por estas razones, la optimización en el uso de la información ofrecida por los levantamientos de suelos aún dista de ser la deseada. En otras palabras, la mayor parte de los SIS no proporcionan la información idónea para una gestión racional del recurso suelo. Burrough (1993), denomina paradoja tecnológica a las consecuencias derivadas de esta situación. Una de las causas consiste en que muchas de estas nuevas herramientas metodológicas fueron diseñadas para tratar con objetos cuya naturaleza es muy diferente a la de los suelos. Los SIS y SIG son instrumentos extremadamente útiles. Sin embargo, no es aconsejable usar tecnologías de la información sin un riguroso análisis de sus bondades y debilidades. También hay que considerar cuales son más aptas para alcanzar un determinado objetivo. Las decisiones deben ser consensuadas en el seno un equipo multidisciplinario bien instruido. Por otro lado, frecuentemente, no se dispone del tipo y/o calidad de datos deseados para numerosos propósitos.

 

Por estas razones, la mayor parte de los SIS y SIG que hoy se encuentran en el mercado suelen usarse como meras herramientas para automatizar tareas que con anterioridad fueron manuales. Es aquí donde la paradoja conceptual converge con la paradoja tecnológica. (Ibáñez 1993) Se están utilizando unos modelos conceptuales del sistema suelo inapropiados para el análisis minucioso de su variabilidad espacio-temporal, a pesar de que este es actualmente posible. Sin embargo, ha sido el reconocimiento de la paradoja tecnológica el que ha hecho posible que los especialistas comienzan a percatarse de la paradoja conceptual. Dicho de otro modo, las nuevas tecnologías han inducido a recapacitar sobre el cuerpo doctrinal de los levantamientos de suelos. Actualmente, son muchos los edafólogos que reclaman un cambio de orientación y tal vez de paradigma.

 

Así pues, las nuevas tecnologías no son suficientes. Se requieren, además, nuevas aproximaciones con un componente heurístico apropiado, tales como las que podrían producirse con el uso de la física y las matemáticas del caos (Ibáñez et al. 1990).

 

¿Qué podemos decir casi 15 años después? Lamentablemente que hemos avanzado poco. Los denominados edafometras (entre los cuales se me incluye, aunque discrepo abiertamente de muchas de sus concepciones), las utilizan denostando la información de suelos llevada a cabo en los inventarios clásicos. Por su parte, los defensores de las taxonomías tipológicas se han desmarcado en gran medida del uso de las nuevas tecnologías, generándose una brecha no solo metodológica, sino también conceptual. Los primeros desprecian sin razón las taxonomías universales, mientras que los segundos no logran cambiar de "chip".

 

Un ejemplo clásico, es el que concierne al aprovechamiento de las bases de datos georeferenciadas y a sistemas de información de suelos, respecto a la información proporcionada por los mapas y sus leyendas asociadas. Así, por ejemplo, mientras los edafometras utilizan información satelital, así como la proporcionada por otras muchas tecnologías, parecen despreciar la información de campo, que es realmente la que nos dice que suelos se encuentran en una determinada región. Del mismo modo, alegan que las taxonomías clásicas no son aptas para resolver las demandas de información actual, olvidándose que no existe ninguna clasificación universal, de ningún recurso natural, que no adolezca de los mismos defectos.

 

Si los sistemas de información de suelos se basaran en mapas detallados enriquecidos por las nuevas tecnologías, añadiendo muestreos adicionales que las últimas demandan, no habría ninguna incompatibilidad, dejando a las taxonomías universales el papel que realmente pueden y deben desempeñar. Mientras tanto, los mapas "ad hoc" realizados con vistas a resolver demandas de información concretas, serían el producto que se desprendería de los propios SIS, sin tener que reclamar un cambio de las taxonomías Universales (FAO y USDA Soil Taxonomy).

 

Pues bien, lo que debería haber sido un afortunado matrimonio de conveniencia ha dado lugar a una brecha entre los "postmodernos", que parecen desconocer lo que es un suelo, y los clásicos que no saben hacer uso de las nuevas tecnologías, salvo para automatizar las tareas que con anterioridad realizaron manualmente. La publicación de mapas en formato papel ya no es necesaria, el inventario y cartografía digital basado en lenguajes universales (las susodichas taxonomías) sí. Todos salimos perdiendo, incluidos los propios ciudadanos.

 

Resumiendo: Los cambios tecnológicos no dan los frutos deseados, si no son acompañados de los cambios conceptuales que optimicen su uso. Sin embargo unos y otros no van de la mano.

 

Breves lecciones de cómo inflar un Currículo

A veces uno hace currículum sin quererlo debido a la expiral inflaccionaria del número de publicaciones que existe en el mercado. Del Simposio del ITC aludido en la introducción, se elaboraron unas actas que se entregaron a los asistentes. Posteriormente el ITC nos solicitó un resumen de nuestras contribuciones para lanzar un número especial en su revista (ITC Journal). Seguidamente, la FAO llegó a un acuerdo con el ITC con vistas a elaborar una publicación conjunta en forma de libro. Finalmente, cuando se agotó la tirada, la FAO publicó otra, sin la cofinanciación del ITC, figurando como el "Soil Resources Report nº 80". Dicho de otro modo, cuatro publicaciones por el precio de una. Antiecológico gasto de papel. Vemos lo que debe figurar en mi CV, aun siendo honrado.

 

 

Ibáñez,J.J., Zinck,J.A. & Jiménez-Ballesta,R. 1993. Soil survey: old and new challenges. ITC Journal, 1993-1: 7-14. (Holanda).

 

Ibáñez,J.J., Zinck,J.A. & Jiménez-Ballesta,R. 1994. Soil survey: old and new challenges. In: A.J.Zink (Editor), (pp. 7-14), Soil Survey. Perspectives and Strategies for the 21st Century. Publicación FAO/ITC (Holanda), (Reproducido del artículo original publicado en el  ITC Journal, 1993-1: 7-14).

 

I)báñez,J.J., Zinck,J.A. & Jiménez-Ballesta,R. 1994. Soil survey: old and new challenges. In: A.J.Zink (Editor), (pp. 7-14), Soil Survey. Perspectives and Strategies for the 21st Century. FAO Reseracg¡h Report nº 80 (Reproducido del artículo original publicado en el  ITC Journal, 1993-1: 7-14).

 

Ibáñez,J.J., Gómez-Miguel,V., Jiménez-Ballesta,R., Gallardo,J. & Laya,H. 1992. Status, Prospects and Strategies of Soil Survey in Developing Versus Developed Countries. Soil Survey. Prospects and Strategies for the 21st Century. An International Workshop for Heads of National Soil Survey Organizations. International Institute for Aerospace Survey and earth Sciences, Enschede, Thee Nethetlands (November, 1992).

 

 

¿Mola Verdad? Que pena, penita pena (.).

 

Juan José Ibáñez (un crítico, pero en espiral inflacionista)

22:41 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Estimaciones de la pérdida de edafodiversidad o el ejemplo de cómo los investigadores norteamericanos son más permeables a las nuevas ideas y metodologías. Se habla y se habla sobre la paradoja europea y parece que ningún avezado político tiene idea de cómo solventar el problema ¿Porqué los científicos norteamericanos son más innovadores que los europeos, a pesar de las supuestas bondades de la ciencia básica en el Viejo Continente? En mi opinión, tanto sus gestores como los propios investigadores demuestran tener las mentes más abiertas, no obcecándose en seguir por caminos trillados, por mucho que así se facilite la publicación de sus trabajos.


Llevo 14 años intentando que mis colegas del "European Soil Buro Network of Centers of Excellence in Soil Science" comprendan que la edafología debe abrir nuevos mercados para sus productos. La futura Directiva de Protección de Suelos reclama considerar prioritaria, tanto la conservación del suelo como patrimonio natural, como la biodiversidad que alberga. ¿Y que hacen los edafólogos Europeos ante esta perspectiva? Ni caso, siguen frotándose las manos ante las futuras perspectivas de financiación. Mantienen disputas con vistas a ver que país o institución sacará mayor tajada. Como siempre serán anglosajones y holandeses, más agresivos por necesidad (la tendencia a la privatización o semi-privatización de sus antiguos OPIs e incluso departamentos universitarios). ¿Creatividad? Ninguna. Pónganse ustedes a templar cuando en Europa se habla de redes de excelencia o grupos de expertos. Ni en las redes están los que deben, ni la mayoría de los expertos son tales.

 

En el caso que nos ocupa, y mientras mis palabras y documentos eran soslayados, cayeron en manos de los americanos. ¿Qué hicieron? En lugar de comenzar discusiones bizantinas, como buenos científicos ensayaron. Mis publicaciones son citadas esencialmente por los yanquis, no por los europeos.  Más aun, con ayuda de mano china, (por algo les tememos en Europa) se pusieron manos a la obra. Con independencia de otros trabajos publicados sobre edafodiversidad por estos autores, Amundson, Guo y Gong, P., de la Universidad de Berkeley publicaron en 2003, en la Revista Ecosystems (6:470-482), el artículo titulado Soil diversity and land use in the United States. En este trabajo, usando la base de datos STAGO, mostraron al mundo el primer mapa detallado sobre suelos en peligro de extinción en USA, utilizando la metodología creada por este incomprendido administrador en Europa.  Como buenos yanquis, son algo transgresivos y pretenden publicitar sus trabajos tanto como sea posible, por lo que a pesar de las leyes vigentes, puede encontrar la publicación mentada en la siguiente dirección de Internert Soil Diversity and Land Use in the United States. Esta práctica es bastante común en USA. Parece que los europeos somos un poco timoratos. Disfruten viendo el mapa que llevo intentando que se realice en Europa desde 1992. ¡Que envidia! y que frustración.

 

Lo dicho, si no se prueba no se pueda mostrar la validez de una nueva metodología. Metodología propuesta por este administrador, denostada en su país y en Europa, alabada en USA. Yo no me he fugado, pero como en mi época no había Cajalesl, no soy considerado un "cerebro", sino un incordio.   Más aún, a petición de los yanquis, en el próximo Congreso Mundial de Suelos en Filadelfia (Junio 2006), se celebrará un Simposio Internacional sobre edafodiversidad (en el que se me ha notificado que seré el conferenciante invitado), mientras mis colegas de Europa a por uvas, una vez más. Si dimito del Buro mejor para ellos (¡vaya pelmazo! Este español con la edafodiversidad, tan comoditos que estamos todos aquí, a lo de siempre).

 

En agosto de 2004, presenté una nueva metodología para la formalización matemática de las taxonomías. Mostré como las biológicas y las edafológicas eran exactamente iguales. Ya hablaremos del tema. Personalmente no soy especialista en clasificación de suelos. Pero permítanme que les cuente otra historia sobre la paradoja europea que me concierne personalmente.   

 

En el mentado congreso expuse una metodología novel para analizar matemáticamente si una clasificación determinada es o no un buen sistema de información.  Mi propuesta es universal, es decir, incumbe a cualquier clase de taxonomía y objeto a clasificar. También se debatía quien participaría en el Grupo de Trabajo para la elaboración de la nueva versión de la clasificación de la FAO (que se presentaría a bombo y platillo en el susodicho congreso de Filadelfia: junio de 2006). Junto con Seppe Deckers (Universidad de Lovaina en Bélgica) quedé encargado del Grupo de Trabajo Especial para abordar la racionalidad de la nueva iniciativa (WRB Rationale Working Group). Adelantemos que el Staff de la FAO encargado de la WRB, está compuesto totalmente por europeos, mientras otros colaboramos colateralmente en diferentes temas. A principios de año, se abrió un foro en Internet para hacer público un borrador del nuevo producto y todos los edafólogos del mundo podían inscribirse y participar. Por ausencia de Seppe, tuve que actuar como único moderador.  Se entabló un debate intenso entre Dick Arnold (Del USDA Soil Survey Staff) y el principal ideólogo de la WRB, Freedy Nachtergaele (FAo, Roma). Aunque participaron otros colegas, ellos dos empezaron un combate educado de boxeo al que no pude resistir resistirme. Fue el foro más visitado. 

 

Personalmente hay aspectos que considero muy positivos en esta nueva versión de la WRB. También mostré, mi discrepancia respecto a algunos defectos, uno de ellos era su estructura formal. El debate lo puedo enviar a los interesados que lo soliciten en el apartado de comentarios de esta weblog, por cuanto el foro no era abierto. Tras finalizar este evento, la FAO ha invitado a varias reuniones a expertos en la materia, Arnold y yo jamás supimos más del tema (¡chicos malos!; incordiantes y disidentes, aunque solo fuera un poco). Hace un par de meses, los organizadores del Simposio Internacional sobre clasificación de suelos en el Congreso Mundial de Filadelfia (uno norteamericano y una argentina) me invitaron a dar la conferencia inaugural, a pesar de que no son expertos en sus análisis matemáticos de clasificaciones (no hay tales). Permítanme que les reproduzca la invitación que me envió la organizadora argentina Susana Pazos:

 

Hola Juanjo,

 

Por si no me recuerdas, nos encontramos en Hungría 2001.

 

Quisiera, con mucho placer, invitarte para que seas nuestro Invited Speaker en el Simposio 1.4A y nos hagas vibrar con tus ideas tan renovadoras.

 

Symp 1.4A - Impact of National Soil Classification on Soil Science and Society

Symposium will emphasize the impacts of soil classification on soil science and society. Soil classification systems are critical to technology transfer and an important correlation tool. While soil classification has been a research focus in pedology fostering many cooperative endeavors, it has been argued that research efforts in soil classification are too heavily emphasized at the expense of other research endeavors in pedology. This symposium will provide a forum for such debate and illustrate constructive attributes of soil classification to science and society.

 

Espero sinceramente aceptes esta invitación. Un saludo afectuoso,

Susan

 

Total, que me invitan a la conferencia magistral, que daré en compañía de Dick Arnold  (The Magic Numbers of the USDA Soil Taxonomy) y otra presentación oral (The Fractal Mind of the Pedologists) en colaboración con Bob Ahrens, el "capo de la clasificación Americana". La FAO tiene su propio Simposio y no fuimos invitados después de colaborar varios meses. ¿Fuga de Cerebros? A USA. ¡Como no! Allí aceptan bastante mejor las ideas novedosas. En Europa no. Que coste que mis investigaciones no cuestan dinero. Por mucho que me lloren los biólogos moleculares, biotecnólogos y biomédicos, no se trata tan solo de financiación (que estoy de acuerdo que hay que aumentar ostensiblemente). No se trata de talento, sino también de talante, y en Europa falta más de lo último que de lo primero.

 

Y mientras tanto en mi institución, el CSIC, me tratan como a un perro y no logro ascender en el escalafón por cuanto priman otros intereses. Permítanme en nombre de muchos (y vuelvo a recordar el caso de Antonio Brú, galardonado por la Sociedad Americana de CC. Físicas a quién tácticamente se le expulsó del CSIC por sus ideas para curar el cáncer y vilipendiado por "El Mundo") que me carcajee de las proclamas españolas y europeas sobre evitar la fuga de cerebros. No la impiden sino que la fomentan. Debo confesar que jamás he sido pro yanqui (soy de izquierdas). Los norteamericanos buscan los talentos, aquí se les trata a patadas.

 

Por cierto, tras leer estos trabajos de taxonomía (aun en prensa) y mis aportaciones a la edafodiversidad, Michel Usher, uno de los expertos más afamados en biología de la conservación me ha tanteado para escribir un libro sobre estos temas para Cambride University Press. Mientras tanto una propuesta similar fue rechazada por los Centros de Excelencia del Buro Europeo de Suelos. Así le va a la a la ciencia en Europa, mientras nuestros sacerdotes de la Ciencia y gestores dicen seguir buscando la piedra filosofal y el Santo Grial para sacar a la innovación del viejo continente de su actual postración. Son ellos las que la generan. Dejémonos de monsergas. Luego las propuestas puedan ser acertadas o no. Pero primero hay que probarlas. Aquí ni eso: ¿verdad Antonio?

 

Finalmente, por mucho que la ciencia hable de cerebros, los "Cajales", lo único que han demostrado a priori es que publican mucho. Otra cuestión bien distinta es si tales travajos son de calidad. No vendamos la moto, por favor. 

 

Juan José Ibáñez en un ataque de ¡modestia! sin precedentes

22:19 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Criterios para el diseño de reservas naturales de suelos: En lo que concierne al diseño de reservas naturales de suelos, nuestras conclusiones, expuestas en contribuciones precedentes, así como en base a ciertas consideraciones teóricas sobre las que no vamos a abundar, son los siguientes: (i) la mejor entidad edafológica a considerar son las asociaciones o paisajes de suelos, ya que los edafotaxa forman parte de un continuo con vinculaciones estructurales y funcionales dentro de dichos paisajes, por lo que no tiene sentido conservarlos como tal sin riesgo de ser alterados; (ii) La unidad geomorfológica más apta para conservar los edafopaisajes (con la posible excepción de los sistemas insulares, e incluso en estos últimos) es la cuenca de drenaje, debido a que canaliza y mantiene la funcionalidad en los paisajes de suelo de los flujos de energía y materia; (iii) es posible maximizar la edafodiversidad de una reserva de suelos, seleccionando las cuencas con mayor diversidad de edafopaisajes y los edafopaisajes con mayor diversidad de edafotaxa.


Por razones prácticas, las cuencas seleccionadas deben ser lo más pequeñas posibles, pero respetando los criterios (i) y (ii). En consecuencia, sugerimos  un simple procedimiento anidado de dos pasos. Debe tenerse en cuenta que, tanto en biología de la conservación, como en gestión ambiental, las cuencas de drenaje van adquiriendo paulatinamente un mayor reconocimiento como unidad elemental de trabajo. Adicionalmente la rareza, por ejemplo algunos paleosuelos muy antiguos, y la representatividad, son criterios adicionales que pueden tener interés en casos concretos, pero también son más difíciles de detectar debido tanto a la naturaleza de las clasificaciones edafológicas como a los procedimientos convencionales usados en el inventario de los suelos. Sin embargo, la naturalidad y la forma sólo son criterios a considerar bajo situaciones muy concretas. Por su parte, los métodos de selección de áreas basados en el concepto de complementariedad, en la mayor parte de los casos, ofrecen más ventajas sobre los sustentados en los puntos calientes de riqueza y rareza.

 

Finalmente, hay que indicar, como ya ha quedado patente, que los edafotaxa pueden ser utilizados como subrogados de la biodiversidad. La conservación de edafotaxa bajo distintos usos del suelo (vegetación potencial, pastos, matorrales, usos tradiciones sustentables, etc.) permite preservar, sin su conocimiento previo, la hasta ahora mal estudiada, aunque esencial, biodiversidad de los suelos. Un valor añadido en el diseño de reservas de suelos, especialmente cuando sobre ellas se desarrolla la vegetación potencial, es que pueden identificarse y catalogarse "suelos de referencia" ("benchmark soils"), con vistas al diseño y desarrollo de programas de monitorización de la calidad de los suelos, que tan de moda están hoy en día.

 

Obviamente, los criterios utilizados hasta la fecha con vistas a la confección de las taxonomías de suelos, se encuentran muy sesgados por criterios agronómico-productivistas, siendo muy mejorables en lo que respecta a la conservación de los recursos edafológicos. Sin embargo, debido a que son los únicos universalmente aceptados y aplicados, especialmente los de la FAO y la USDA, también resultan ser los únicos que permiten abordar análisis comparativos. Hasta el momento, los mapas de atributos o caracteres basados en herramientas geoestadisticas tan sólo permiten elaborar clasificaciones ad hoc, por lo que no cumplen con el criterio anteriormente aludido e impiden comparar la edafodiversidad de distintos hábitats, regiones y biomas (Ibáñez et al. 2003), por mucho que le pese a MacBratney, que muestra una testarudez indecible (o intereses más ocultos) y que rechaza  tal propuesta en favor de las técnicas numéricas.

 

Finalmente, cabe mentar que los propios edafólogos europeos no contemplan tal iniciativa, debido a su sesgo agronómico y una cierta cortedad de miras, a pesar de las indicaciones que a tal respecto ha hecho el Consejo de Europa. No podemos decir lo mismo de los americanos, por cuanto ya han realizado su primera valoración, como analizaremos en otra contribución.

 

Juan José Ibáñez

21:57 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Los Suelos como subrogados de la biodiversidad edáfica y aérea: Ya comentamos como MacBratney (1992, 1995) e Ibáñez (1995, 1996 1998, 2001 y 2003) proponen el diseño de redes de reservas naturales de suelos, con vistas al mantenimiento de la edafodiversidad como parte integrante del patrimonio geológico. Ibáñez et al. (2001b), a partir de los resultados del Egeo ya comentados en otra contribución, elaboran una metodología apta para el diseño de redes de reservas naturales de suelos capaces de preservar tanto la edafodiversidad taxonómica como la biodiversidad albergada en los suelos. Así, en el caso de los sistemas Insulares del Egeo, estos autores comprueban como son suficientes 45 km cuadrados de territorio para conservar  toda la edafodiversidad presente en sus más de 10.000. La idea partió al comprobar que los ensamblajes de edafotaxa en las islas del Egeo mostraron ser subconjuntos anidados (Ibáñez et al. 2004) pasando ampliamente la prueba de los tes estadísticos. Resulta sorprendente que en la proposición original de esta Teoría, como en el caso de la Biogeografía Insular,  sus autores defendieran que las migraciones y extinciones, eran los principales mecanismos generadores de tales subconjuntos. Sin embargo, estos pueden sustituirse por vocablos edafogenéticos sin que se altere el resultado, aspecto que demostramos en el trabajo mentado de 2004.


Como puede deducirse, las regularidades detectadas en las entidades abióticas ensayadas (paisajes de suelos, edafotaxa, unidades geomorfológicas y litológicas) son sorprendentemente semejantes a las mostradas en la literatura ecológica para los organismos vivos. Debido a que los resultados en ecología son interpretados en términos biológicos, los antecedentes señalados pueden ser relevantes al menos en tres aspectos diferentes: (i) ¿cuáles son las razones de las semejanzas y diferencias obtenidas entre los recursos bióticos y abióticos? (ii) ¿deberá la teoría ecológica modificar algunos de sus fundamentos, una vez comprobadas las semejanzas mencionadas? y (iii) ¿cuáles son sus implicaciones para la gestión y evaluación ambiental?

 

El primer apartado nos conduce a discernir entre regularidades de bajo nivel (biológicas, edafológicas) y de alto nivel (p. ej. aplicables al conjunto de los sistemas superficiales terrestres, tanto bióticos como abióticos, como lo son los sistemas no lineales). Mientras las primeras son necesariamente inconmensurables entre entidades de naturaleza tan dispar como edafotaxa y biotaxa, las segundas podrían analizarse mediante las susodichas herramientas proporcionadas por las denominadas ciencias de la complejidad. A pesar de ello, existen numerosos indicios de que, en ambos casos, se comportan como estructuras disipativas, con patrones semejantes de auto-organización espacial y temporal que conducen hacia un incremento de su complejidad (ver especialmente las contribuciones de Ibáñez y Phillips. Los dos siguientes interrogantes parecen tener una respuesta explícita. Las implicaciones para el futuro de la edafología son mayores de lo que pudieran imaginarse. El análisis comparado de los recursos bióticos y edafológicos podría servir para corroborar o refutar algunas de las teorías vigentes, como la Teoría de la Biogeografía Insular, o la denominada Teoría Lognormal, sobre las cuales ya se han generado serias polémicas. Si esto es cierto, serviría para relanzar la edafología en ámbitos del conocimiento que hoy disfrutan de un gran prestigio, como lo es la conservación de los recursos biogeosféricos. Las implicaciones para la gestión y evaluación ambiental también pueden ser amplias. Así, por ejemplo, en ausencia de los inventarios biológicos apropiados (muy frecuente en los países en vías de desarrollo), los mapas de suelos podrían utilizarse como  indicadores de la biodiversidad de plantas vasculares o la del propio suelo (Ibáñez et al. 2003). Debe tenerse en cuenta que no existe ningún inventario exhaustivo de la biodiversidad del sistema edáfico, por cuanto tal tarea requeriría cuantiosas inversiones y la participación de un número de especialistas desproporcionado. Por el contrario, los mapas de suelos son muy comunes, incluso en los países poco desarrollados.

 

¿Por qué entonces no han sido utilizados hasta la fecha? La respuesta sería: Novedad, Inercia y criterios de autoridad. Novedad, debido a que los resultados tan solo han comenzado a publicarse recientemente. Inercia, por cuanto los científicos son muy reacios a cambiar de criterios. Autoridad, como consecuencia de que suele esperarse a que algún científico de prestigio avale la bondad de un método novedoso para que este sea utilizado por los vulgares mortales. Por cierto voy a enviar mis trabajos publicados a Willimas, con quien mantuve correspondencia al respecto hace unos tres o cuatro años.  Habrá pues que esperar algún tiempo antes de que los biólogos de la conservación reaccionen y pierdan sus temores, o a que se refuten mis propuestas.

 

Juan José Ibáñez

21:36 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Últimamente,  los medios de comunicación suelen hacerse eco de los descubrimientos de la gran biodiversidad de los sedimentos en los fondos oceánicos. Hasta no hace mucho tiempo se presumía que debían ser desiertos de vida. Tal tipo de consideraciones apriorísticas, sin bases empíricas son nefastas para el avance del conocimiento científico.


Aún sabemos muy poco de la biodiversidad en los sedimentos de los mares profundos. Conocemos mejor la superficie de la luna. A partir de los 300 metros no penetra la luz solar y entramos en un mundo de tinieblas. Sin embargo, una lluvia de detritus rico en materia orgánica cae hasta miles de metros de profundidad. Empero comenzamos a vislumbrar que tales fondos están repletos de vida. Vida muy diversa y rica en taxa especialistas, dado la crudeza del ambiente (altas presiones, carencia de luz, temperaturas generalmente bajas, etc.). En una pequeña nota aparecida este mes (febrero de 2006) en la Revista Investigación y Ciencia, Hasemann y Orejas nos hablan de: "microsistemas marcados por un mosaico de alteraciones biogénicas, que determinan la formación de nichos ecológicos". En ellos los nemátodos de vida libre constituyen el grupo de metazoos más abundante. Lo mismo ocurre en muchos suelos emergidos, si bien allí la diversidad de fitoparásitos también es enorme.  Nos dicen ahora los expertos en especular que nos quedan por descubrir y clasificar, en estos ambientes, más de 8.000.0000 de especies nuevas. Ya veremos si son más o menos (si no las extinguimos antes mediante nuestros impactos ambientales).

 

Ahora bien, ¿Debemos considerar como suelos estos sedimentos? Como ya apuntamos al hablar de la WRB, las clasificaciones tradicionales de suelos no han considerado como suelos a los sedimentos sumergidos. Tan solo Kubiena, hace aproximadamente medio siglo, elaboró un bosquejo sobre lo que ahora se denominan "Suelos hídricos". En los últimos años, debido a la importancia ambiental de los humedales, se han comenzado a contemplar los sedimentos sumergidos como suelos, en diversas clasificaciones nacionales. La nueva WRB se ha hecho eco de ello y también los incluirá. No debe extrañarnos este hecho, por cuanto muchos tipos de turberas están permanentemente saturadas de agua y siempre fueron considerados como edafotaxa dignos de ser clasificados.  Si aceptamos que el suelo forma la interfase entre atmósfera, hidrosfera, biosfera y litosfera, los fondos oceánicos no deberían ser excluidos de ser clasificados por las taxonomías edafológicas.  Al fin y al cabo, un suelo consiste de una matriz de materia mineral y orgánica, cuyos huecos son ocupados por los organismos, el agua y una atmósfera muy rica en CO2. Lo mismo ocurre en tierra que en los pisos abisales. Los horizontes denominados gleycos se encuentran permanentemente (o casi) saturados por agua, al igual que las turberas.

 

Sin embargo existe un dilema que debe resolverse.  A la hora de "clasificar" se impone un límite en profundidad, tanto en los suelos emergidos como sumergidos. Tal frontera no es natural sino artificial. El problema estriba en que la cota mentada termina siendo asumida por los expertos, inconsciente o conscientemente, como un límite que no deben sobrepasarse. Y esto es un grave error. Primero habría que analizar que ocurre en los propios sedimentos, para decidir después, con criterios más objetivos que una frontera arbitraria, si entran en una determinada definición de suelo o no. En cualquier caso siempre habría acotaciones más racionales. Por ejemplo, podemos concebir que los sustratos por encima de las la zonas fóticas (a donde alcanza la luz, y por lo tanto en la que hay capacidad para albergar organismos fotosintéticos en la superficie de los susodichos sedimentos) son suelos y por debajo no. Es mejor criterio, aunque cuestionable también.  Del mismo modo algunos colegas argüirían que tan solo en aguas dulces, como ocurre en las zonas húmedas de los continentes. Empero ¿no hay lagunas salobres en superficie, como también los ya reconocidos, desde antaño, suelos salinos emergidos?

 

La WRB impone un límite no superior a los dos metros: ¿porqué? Simplemente por razones logísticas.  Tal argumento no atesora valor científico alguno. Ya vimos, en las contribuciones que versaban sobre el suelo y el regolito que, la clasificación de uno o los dos metros superficiales, nos han impedido reconocer, analizar y estudiar el sistema suelo-regolito, compartimentando las ciencias con criterios peregrinos. Estos nos han impedido conocer mejor el ciclo hidrológico, los procesos de contaminación de las aguas corrientes y subterráneas, etc.

 

Mal asunto cuando se delimita así el alcance de una ciencia. Lo que debe ser considerado por la edafología y lo que no. Más aún la WRB tan solo ha considerados un taxon para incluir a los suelos sumergidos. Atrocidad en donde las hubiera.  Si no los hemos estudiado, ¿Cómo podemos imponer de antemano un límite a su edafodiversidad? Por decreto ley, claro está, como los dogmas que ataqué en contribuciones anteriores.

 

Una vez más nos topamos con decisiones irracionales y subjetivas que entorpecerán el avance de la disciplina.

 

Juan José Ibáñez

19:42 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (2)

Hasta tiempos bastante recientes, los paisajes de suelos mediterráneos han sido caracterizados por la abundancia de suelos rojos. Todavía en la actualidad de se realizan simposios internacionales que llevan el título de esta contribución ("Mediterranean Red Soils"). Hoy en día se cuestiona sí tal asociación debe mantenerse o no. En cualquier caso, que abundan los edafotaxa de este color en el Mediterráneo es incuestionable. Tal rasgo es debido a la presencia y disposición de óxidos de hierro poco o nada hidratados.


El color del Suelo, aporta una información muy valiosa sobre la génesis de los suelos y es una propiedad para el diagnóstico, determinación y clasificación de los edafotaxa en prácticamente todas las clasificaciones nacionales y universales. La determinación de los colores se realiza mediante unas "Cartas" denominadas "Munsell", de tal forma que medidas con muestras en seco y en húmedo,  nos aporta información de sobre la estructura y los componentes del suelo. Tal procedimiento es estándar y de uso obligado por los taxónomos. Como ya comentamos en otra ocasión, Pepe Torrent es uno de nuestros más destacados edafólogos, ampliamente reconocido por sus trabajos sobre el tema del color del suelo a nivel internacional. El trabajo titulado "Quantitative relationships between soil color and hematite content" es un clásico en la materia. Una síntesis reciente también puede consultarse en: "Iron oxides in relation to the colour of mediterranean soils". Muy a menudo, haciendo uso de cronosecuencias, se constata el enrojecimiento progresivo de los suelos mediterráneos con el tiempo, como puede mostrarse en: "Iron oxide mineralogy of some soils of two river terrace sequences in Spain".

 

Resumiendo, ya hemos dicho algo sobre nuestros "idiosincrásicos" suelos rojos mediterráneos, aunque tal relación cada vez es menos apreciada por la comunidad científica.

 

 

Juan José Ibáñez

18:33 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)

Al hablar de la edafodiversidad y de la "Teoría de la Biogeografía Insular", comenté que difícilmente podíamos decir que los suelos fueran transportados por el aire. Pues bien, habría que puntualizar lo previamente mentado. A modo del trasbordador de Star Trek, la naturaleza se las ingenia para trasportar suelos (mejor dicho materiales de estos) a miles kilómetros de distancia, para formar otros suelos aunque no sean necesariamente, en este caso,  los mismos edafotaxa.


Como ya vimos recientemente, haciendo referencia a una nota de la weblog de Ruiz Elvira, los problemas de erosión y deposición eólica de materiales edáficos, transciende las fronteras territoriales de estados y continentes, teniendo efectos tan perversos, como acelerar el derretimiento de los suelos árticos, entre otros (y con una cierta independencia del "presunto" calentamiento climático). Pero el tema, que concierne parcialmente al ámbito de la edafología, va mucho más allá. No se trata de un fenómeno anómalo, sino que ha existido siempre, o al menos durante millones de años. Podemos decir, por tanto que es recurrente. Expliquemos porqué, poniendo un simple ejemplo.

 

Los suelos rojos son muy abundantes en la Cuenca Mediterránea. Tanto es así que se han celebrado muchos congresos internacionales sobre los "Suelos Rojos Mediterráneos."  Un tipo muy característico fue denominado "Terra Rossa" (suelos rojos en latín). Se trata de sedimentos muy arcillosos y rojos que aparecen esencialmente asociados a las grietas de disolución por karstificación de rocas calcáreas.   

 

Durante mucho tiempo se creyó que se trataba del residuo remanente de partículas texturales finas tras la disolución por el agua de los carbonatos de tales formaciones litológicas.  Sin embargo por razones que no vienen al caso explicar, los edafólogos comenzaron a dudar de que, como mínimo su origen fuera siempre este. Suelos demasiado espesos indicaban, por ejemplo, unas tasas de disolución de metros y metros de rocas calizas, lo cual requería un tiempo que parecía desproporcionadamente largo respecto a la edad del modelado en los que aparecían. Comenzó cada vez a tomar más fuerza la idea de que al menos parte de estos sedimentos procedieran de deposiciones eólicas que los vientos saharianos transportaban a lugares remotos de la vertiente norte del mediterráneo. Posteriormente fueron acumulándose evidencias de esta última hipótesis.

 

El la génesis de suelos se ha dado escasa importancia y plausibilidad a que ciertos suelos se generaran por deposición eólica de materiales transportados de áreas muy lejanas (miles de kilómetros). Sin embargo, esta idea ha comenzado a calar en la comunidad científica tras un gran acumulo de evidencias empíricas. Comienza a existir una abundante bibliografía sobre el tema, como por ejemplo en el artículo: "Terra Rossa in the Mediterranean Region: Parent Materials, Composition and Origin" de reciente aparición y que he bajado de la Web, como pudiera haber hecho con cualquier otro.

 

Pero, también existe otro mecanismo relacionado, u otra manera de depositarse en material edáfico trasportado por los vientos. Cuando era joven, veraneando cerca de la ciudad de Valencia, observé atónito una gran tormenta de granizo rojo, cuyos tamaños superaban el de las pelotas de golf. Tras derretirse, una capa de más de medio centímetro de espesor recubría los coches. No cabe la menor duda de que los vientos rojizos saharianos y las tormentas rojas asociadas a ellos en algunos casos, pueden generar suelos "cumúlicos" en lugares remotos, también rojos, dicho sea de paso.

 

Juan José Ibáñez

18:21 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (1)

Como vamos a analizar en esta contribución, debido a la falta de taxónomos (otra disciplina en declive por los criterios de "publiquitis" imperantes), lo costoso de elaborar inventarios, así como la necesidad de diseñar reservas con vistas a la conservación de la biodiversidad, cada vez abundan más los estudios de analizar indicadores indirectos o subrogados de la biodiversidad. El tema de la edafodiversidad lo analizaremos en otra contribución.


A pesar del esfuerzo de los biólogos de la conservación, muchas de las relaciones entre posibles subrogados y la biodiversidad son muy mal conocidas. En consecuencia, deben usarse con suma precaución, tras realizar los tes y diseños oportunos, con vistas a detectar si las vinculaciones son aceptables. Una consecuencia de esta aproximación es que también suministra una "presunta" visión unificada de los tres niveles tradicionales de percibir la biodiversidad. En efecto, se parte de la diversidad genética como pilar de la estimación de la diversidad específica (estimación de la riqueza relativa del genoma) y de la ecosistémica (riqueza relativa de los diferentes procesos, que, en última instancia depende de los propios genes de las especies). Esta visión, defendida por Williams (1996, 2000), si bien es interesante a nivel conceptual, no nos parece más que un mero ejercicio intelectual.

 

En cualquier caso, el uso de indicadores subrogados esta legitimado por la necesidad. Como veremos posteriormente, este administrador ha constatado que la edafodiversidad taxonómico es un excelente subrogado de la diversidad de especies y comunidades vegetales. Efectivamente, disponemos de datos aún no publicados que muestran como en la Península Ibérica, utilizando las cuencas de drenaje como una colección de muestras, la diversidad de la vegetación potencial esta fuertemente correlacionada con la de edafotaxa. En una contribución posterior abundaremos sobre estos y otros resultados que apuntan en la misma dirección.

 

Respecto al diseño de reservas apelando al principio de complementariedad, en la siguiente página Web, elaborada por Williams y colaboradores, se presenta abundante información, así como un software de demostración que puede ser útil para iniciarse en esta línea de investigación: Biodiversity and WORLDMAP. La página web en la que puede encontrarse toda esta documentación es: http://www.nhm.ac.uk/research-curation/projects/worldmap/siteplan.htm)

 

En el gráfico 23 de la galería de edafodiversidad, se presentan los indicadores subrogados que, de acuerdo con William, han sido los más utilizados hasta el momento. Como se podrá observar, no aparecen los suelos y sí otros indicadores cuya validez no ha sido corroborada. Parece que a los ecólogos (como hemos venido reiterando) los suelos les genera tanta alergia como a los planificadores de la política científica.  Ya abundaremos sobre el tema en contribuciones posteriores.

 

En cualquier caso, debemos reiterar que la desidia por elaborar inventarios, así como el  alarmante descenso del número de taxónomos, son los principales motores para el uso de indicadores subrogados. Todo vale para eliminar, con independencia del valor social y científico de su trabajo, a los que tienen menores posibilidades de publicar. Cada vez con mayor frecuencia, los nuevos expertos en diversidad poseen menos conocimiento del objeto con el que trabajan, distanciando a estos "emergentes" de su objeto de estudio, que reside en la naturaleza.   No se fíen pues muchos de los productos que aparecen en el mercado.

 

Juan José Ibáñez

16:21 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

La Conservación de los Recursos y los Métodos de Selección de las Áreas a Preservar (2) Criterios cuantitativos. El diseño de reservas naturales requiere elaborar estimaciones de diversidad que nos informen del "donde" y del "como" debemos conservar, con vistas a decidir que combinación o combinaciones de enclaves susceptibles de ser conservados optimizan nuestros objetivos. En consecuencia, se necesitan elaborar sistemas de medida y algoritmos sencillos que nos informen como seleccionar las áreas de tal forma que maximicen su "complementariedad" para mantener la mayor diversidad posible.


Vane-Wrigth et al., en 1991, fueron los primeros autores en formalizar el Principio de Complementariedad. Para estos autores significa el grado en que enclaves concretos, de forma aislada o combinados, albergan la mayor diversidad tipológica de un territorio. El concepto de complementariedad se encuentra vinculado a los de las diversidades alfa, beta, gamma, etc. (ver contribución precedente al respecto en la sección de edafodiversidad y biodiversidad). Al reducir la estimación de diversidad a un valor numérico, se pretende retener toda la información posible sobre los taxa presentes en los enclaves estudiados. Las potencialidades del análisis cuantitativo de las áreas complementarias son dos:

 

  • fuerzan a los expertos a informar de explícitamente sobre sus criterios y juicios (lo cual es importante, ya que las prioridades dependen de los juicios y objetivos de los especialistas, es decir, no son universales) y (.)
  • las herramientas cuantitativas pueden aportar información adicional a la ya mencionada. Es recomendable que estos métodos sean flexibles, con vistas a que nos proporcionen diversas alternativas (combinaciones de enclaves), en función de su viabilidad, riesgos y costes [p. ej. conflictos socioeconómicos, competición con otros usos de la tierra, etc.]. Si el objetivo de la conservación es mantener todos los atributos y caracteres a través de indicadores subrogados, la flexibilidad debe ser contemplada como una expresión de la complementariedad. En este contexto, Pressey et al. en 1994, introducen la noción de irremplazablidad y una de las preguntas más frecuentes que suele realizarse es: ¿cual es el número mínimo de enclaves requerido para representar todos los hábitats y taxa en un área o región determinada?

 

Con este propósito, al menos cada taxa debe estar incluido en uno de los hábitats seleccionados. Esta aproximación presenta en la práctica un buen número de obstáculos. Estos últimos no solo afectan a los problemas de viabilidad y riesgo / persistencia, sino que también conciernen al significado de "completo" (conservación de todo; ¿de que todo?). Obviamente la simple presencia de un biotaxa o pedotaxa no presenta toda la variabilidad intra-específica o variación intra-taxa de sus caracteres, lo cual es un atributo de la población y no de sus individuos constitutivos (en términos edafológicos el rango de variabilidad permisible de las propiedades del suelo en una sola unidad taxonómica). La única solución viable consiste en conservar todo el territorio o región considerada, justamente lo contrario que busca el criterio de áreas complementarias, debido a la  irreducible competencia por los usos de la tierra.

 

Sin embargo, si el objetivo es preservar el mayor número de genes o caracteres (horizontes y propiedades de diagnóstico, en el caso de los suelos), al menos la selección de un conjunto mínimo de áreas que albergue sus subrogados (especies, edafotaxa) posee la ventaja de que siempre optimizará la selección respecto a cualquier otro criterio predeterminado que pudiera contemplar el mismo número de enclaves. Este tipo de "eficiencia" es de importancia capital. En la práctica, resulta más apropiado para maximizar la representación de la diversidad, permitiendo también responder a cuestiones capitales del tipo: ¿qué enclaves que solo contemplen el 1% del área de estudio pueden preservar el mayor número de taxa posibles?

 

La selección de áreas prioritarias para la conservación de la diversidad puede realizarse mediante procedimientos distintos, tales como la selección de

 

(i)                 Puntos calientes de riqueza (selección de las áreas más ricas en taxa)

(ii)               puntos calientes de rareza (p. ej. endemismos o, en el caso de los suelos, edafotaxa más singulares)

(iii)             Conjunto de áreas complementarias (selección de áreas cuya combinación maximiza el número de taxa a preservar).

 

Alex McBratney, en 1992, hizo en el ámbito teórico una propuesta similar aunque muy genérica, con vistas a la conservación de la edafodiversidad taxonómica. Sin embargo no fue más allá.  Los procedimientos de complementariedad, que nosotros detallamos posteriormente en 2001 y 2003, distinguen entre áreas irremplazables y áreas flexibles, lo cual facilita a los planificadores el poder suministrar alternativas a la hora de la negociación. La complementariedad requiere también hacer explícito los taxa que justifican la elección de cada enclave a conservar. Sin embargo, este procedimiento no resuelve todos los problemas que, de hecho, se dan en la práctica, tales como la viabilidad, los riesgos de fracasar a la hora de alcanzar los objetivos y los costes de la operación.

 

El método más popular de los mencionados anteriormente, aunque no probablemente el mejor, es el de los puntos calientes de riqueza (hotspots of richness). Para utilizar este método tan sólo se requieren datos de presencia-ausencia por enclave o región (el territorio administrativo, suele ser muy frecuente). También posee la ventaja de que basta conocer el número y no la identidad de cada taxa, por lo que permite extrapolar estimaciones de riqueza utilizando diferentes esquemas taxonómicos simultáneamente ("clasificaciones nacionales"). Por el contrario, los puntos calientes de rareza, también denominados endemismos circunscritos ("narrow endemism"), son similares a los puntos calientes de riqueza, aunque centran su atención en taxa singulares. Este último procedimiento posee la ventaja de requerir tan solo datos de estos últimos taxa.

 

En el caso de el diseño de reservas naturales de suelos, y teniendo en cuenta la naturaleza de las taxonomías edafológicas, esta aproximación no es viable, excepto si  se contemplan estudios alternativos que suministren mucha más información que la proporcionada por los inventarios de suelos basados en taxonomías. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que los suelos son bloques de memoria (p. ej. de los cambios ambientales del pasado) por lo que los paleosuelos (enterrados o no), deberían ser preservados. Esta forma de proceder coincide en algunos aspectos con la aproximación denominada "puntos calientes de rareza".

 

Cuando se identifica y prueba cualquier indicador subrogado para la estimación de la diversidad, la aplicación de los métodos de complementariedad es igualmente factible.

 

Vista la carencia habitual de buenos inventarios biológicos, el uso de indicadores subrogados resulta ser una práctica muy común en biología de la conservación. Como veremos más adelante, la edafodiversidad taxonómica puede utilizarse como subrogado de la biodiversidad vegetal y de la del propio suelo. En contribuciones anteriores ya mostramos que existen serias razones para defender esta metodología. Por ejemplo, en términos edafológicos, si un área de la edafosfera está constituida por los edafotaxa Luvisol, Cambisol y Vertisol, mientras en otra aparecen Luvisol, Cambisol y Andosol, esta última complementa a la primera por la presencia del Andosol (Gráfico 21 de la galería de edafodiversidad).

 

Conceptualmente, la complementariedad es independiente de la escala de resolución a la que se trabaje, aunque no lo sea el número de caracteres o taxa complementarios. Mientras las metodologías de puntos calientes de riqueza y rareza suelan fracasar a la hora de representar todos los taxa, como mínimo en una ocasión, las de complementariedad los recogen dos o más veces, para un porcentaje concreto del área estudiada. Obviamente la metodología de los puntos calientes de riqueza proveerá un mayor número de taxa por cuadrícula o localidad, pero muchas de aquellos serán repeticiones de los taxa más ubicuos. Comparativamente, los puntos calientes de rareza y la complementariedad darán lugar a una representación más equitativa de los taxa. Sin embargo la complementariedad incrementa el número de presencias para la mayor parte de las especies raras.

 

En la literatura actual sobre biología de la conservación se puede constatar la existencia de diversos algoritmos con vistas a la selección de reservas, tales como: algoritmos heurísticos basados en la riqueza, algoritmos heurísticos basados en dar diferente peso (importancia) a las especies raras, algoritmos heurísticos como los anteriores en base a procesos iterativos, simulación de templanzas, algoritmos de ramificación selectiva mediante programación lineal, etc. Csuti, et al. en 1997 hacen un repaso exhaustivo de los algoritmos publicados hasta aquella fecha.  Para estos autores, la mayor parte de los procedimientos mentados son alternativas aceptables. En términos generales creemos que los algoritmos basados en el concepto de áreas complementarias son los más aptos para resolver el diseño de redes de reservas de suelos. En el Gráfico 22  (ver galería de edafodiversidad) mostramos un ejemplo muy simple retocado a partir de otro propuesto por Williams en 2000. Como puede observarse, las áreas 2 + 3 se complementan perfectamente con vistas a albergar todos los taxa entre a y h. En este caso particular, el punto caliente de riqueza concierne el área 1, pero sería innecesario seleccionarlo. En situaciones mucho más complejas y frecuentes, los enclaves que no necesitan ser preservados pueden identificarse mediante un tes de redundancia.

 

La creciente popularidad de los procedimientos para la estimación de áreas complementarias, ha dado lugar a una enorme proliferación de técnicas y variantes alternativas. En realidad la solución exacta a este problema puede alcanzarse mediante procedimientos de "búsqueda exhaustiva" de todos los posibles conjuntos de combinaciones. Sin embargo, no es infrecuente que el número de localidades y taxa sea tan numeroso que genere problemas de cálculo computacional. Las técnicas del tipo "branch-and-bound algorithms" ofrecen soluciones óptimas, pero aún así pueden tardar varios días cuando se trabaja con unos pocos cientos de taxa y enclaves, lo que impide cualquier tipo de selección interactiva de las áreas prioritarias. En estos casos la alternativa más viable que, aunque no dproduce óptimos, si ofrece al menos otros muy aceptables son los algoritmos heurísticos basados en estimaciones de la rareza.

 

La ventaja práctica de las rápidas técnicas heurísticas ha llegado a ser apreciada por una buena parte de los expertos, como también ocurre en el ámbito de la sistemática, por cuanto se enfrentan a problemas de optimización similares. Más aún, la posible reducción en la eficiencia de estas últimas técnicas, al incorporar al procedimiento los tes de redundancia, es muy escasa.

 

 

Juan José Ibáñez

15:53 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Hoy cambiaremos radicalmente de "chip" respecto a los tipos de contribuciones que presentamos en esta weblog con anterioridad.  La mayoría de nuestras notas han versado sobre temas de naturaleza teórica y divulgación del mundo de los suelos. Sin embargo, ampliando el espectro, cabría señalar que muchos jóvenes edafólogos se van a encontrar con la necesidad de elaborar estudios prácticos, ya sea desde el sector privado o en organismos oficiales. Uno de los más típicos es el análisis edafológico de fincas públicas y particulares.  No nos detendremos aquí a mostrar cuales son las tareas a desarrollar.


En la Página Web de la Unidad de Edafología de la Universidad de Córdoba, Pepe Torrent y mi amiga Carmen Campillo, entre otros, presentan un ejemplo muy bien detallado que puede bajarse libremente de su página Web. Dada la enorme seriedad y cualificación del equipo, estoy seguro que el documento será del gusto e interés de muchos navegantes que nos visitan. Debemos aprender mucho de ellos. Espero que os guste el "Estudio edafológico de la finca 'Rabanales' (Córdoba). Convenio UCO-FINUCOSA'

 

Espero que aprendáis mucho.

 

Cordiales Saludos

 

Juan José Ibáñez

15:17 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)