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jueves, 09 de febrero de 2006

Hoy (8/2/2006) en el Boletín de noticias de I + D + I de la CAM se ha publicado una noticia que me ha dejado perplejo e indignado: "La UE se plantea recurrir a las donaciones particulares para aumentar la inversión en I+D". Ante la incompetencia y tacañería de las autoridades comunitarias en materia de política científica, ahora nos piden tributos voluntarios para levantar su maltrecho sistema de I + D + i, ¿Qué paso con el Acuerdo de Lisboa?


El que capital europeo no responde como el norteamericano ya se sabe desde hace mucho tiempo. Pero el que los Gobiernos  y la UE lanzan proclamas para incumplirlas sistemáticamente lo vemos todos los días (remitámonos a las promesas electorales del Presidente Español en la materia, y al malestar de los investigadores españoles, vistos los resultados. No hablemos del protocolo de Kyoto, los resultados y las sorprendentes ganancias de las empresas del sector energético en un periodo de crisis que debía afectarlas, etc. etc.).  

 

Ahora quieren sensibilizar al ciudadano, y seguro que terminarán pidiéndonos limosnas. ¿Es que no contribuimos con nuestros impuestos? ¿Es que son incapaces de unificar una ley mecenazgo para potenciar la inversión empresarial? ¿Es que no vivimos en una Europa en la que el bienestar social alcanzado en décadas precedentes se viene abajo, bajo recortes sociales cada vez más graves? ¿Es que no asistimos a un continente en el que el reparto de la riqueza es cada vez menos equitativo? ¿Ha donde va el dinero? ¿Por qué los dragones asiáticos pueden incrementar los gastos en I + D + i y los estados europeos no?

 

Hace unos años asistimos al hecho de que a la hora de incrementar las donaciones para el desarrollo al tercer mundo, muchos gobiernos lo suscribieron (el famoso 0,7 del PIB), pero finalmente lo vuelve a pagar el cada vez más endeudado ciudadano por medio de las ONGs. Ellos para atrás, como los cangrejos ¿para que se reúnen? ¿Quiénes pagamos sus suculentos banquetes tras cada cumbre? Insisto: ¿Quién incumple sus promesas?

 

La vieja Europa parece que se hunde a pasos agigantados y el ciudadano a pagar. Los que tienen que mentalizarse son ellos. Lean bien el mensaje, ya que no se trata tan solo de mecenazgo. A lo peor las obras de caridad también tienen que suprimirse en aras de soterrar su racanería.

 

Juan José Ibáñez

17:10 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

¿Cuánto miden "X" metros cuadrados de superficie terrestre? ¡No!. No se trata de una pregunta del tipo: ¿de que color es el caballo blanco de Santiago? La medida del área no es un problema trivial, sino extremadamente difícil y por ahora irresoluble ¿Sorprendente? Pues sí, hagamos un poco de historia para adentrarnos luego en el problema.


Para la mayoría de los biólogos de la conservación, una de las observaciones empíricas más importantes consiste en que las superficies extensas contienen más especies que las pequeñas. Como ya hemos visto en esta weblog, lo mismo es cierto para el caso de los edafotaxa. Del mismo modo, suelen opinar que con vistas a entender como se organizan las comunidades, o para el diseño de reservas naturales, con el propósito de mantener la biodiversidad, ninguna relación es más informativa. Se trata de una trivialidad. Sin embargo los mecanismos subyacentes siguen sin entenderse. Por estas razones, algunos expertos dudan de si es el área per se, es realmente el mecanismo subyacente, y/o si tiene alguna significación biológica. Hasta hace poco tiempo la Teoría de la Biogeografía de Islas ha sido el núcleo de referencia de los estudios de biodiversidad y biología de la conservación. Desde su publicación, muchos ecólogos, han utilizado exhaustivamente los archipiélagos como laboratorio natural, al objeto de intentar explicar los mecanismos subyacentes a la generación de la biodiversidad, así como para ensayar numerosas técnicas para su estimación.

 

Sin embargo, también existen otras teorías e hipótesis alternativas a la Teoría de MacArthur y Wilson. Entre las que está recibiendo mayores respaldos figura la denominada "Hipótesis de heterogeneidad del hábitat" Mientras la primera, como se ha visto, focaliza su atención en las tasas de migración y extinción en una superficie determinada, la segunda se fundamenta en la premisa de que el número de especies refleja simplemente la heterogeneidad del hábitat que tal área puede contener. Como corolario, presupone una relación unívoca entre extensión superficial y número de hábitats, lo cual parece lógico. Como ya hemos analizado en previas contribuciones, nuestros resultados al analizar la relación edafodiversidad-área fueron los mismos que para las SPARs. Es decir, obtuvimos una ley potencial con z = 0.25. Este hecho entra en contradicción con la Teoría de la Biogeografía de Islas pero no con la Hipótesis de Heterogeneidad del Hábitat. En principio, por tanto, no parece necesario apelar a ninguna interpretación biológica para explicar esta relación. Lo que resulta intrigante es reconocer si se trata también de un artefacto matemático o si, como mentamos, en la naturaleza existen unas leyes comunes a la dinámica de los sistemas no lineales, ya sean bióticos o abióticos que den cuenta de estas regularidades. En cualquier caso, resulta curioso saber que  el propio MacArthur en 1964 expresó su sospecha de si realmente la pendiente de las SPARs es una medida indirecta de la diversidad de horizontal de los hábitats. Sin embargo, ninguno de sus seguidores pareció escuchar al progenitor de la Teoría de la Biogeografía de Islas. Ahora esta "sospecha" la defienden los rivales de su teoría en contra de lo que mantienen sus seguidores.

 

La filosofía de la ciencia muestra que los progenitores de una teoría suelen ser menos papanatistas que sus seguidores. Este fue el caso también de Darwin, por citar tan solo un ejemplo (véase en la weblog de "complejidad" la interesante cita de Darwin, con sabor a ciencias del caos). Darwin fue también mucho más Lamarckiano que sus disciípulos. 

 

Recientemente algunos ecólogos han comenzado a reivindicar la implicación potencial de la diversidad topográfica como otro posible mecanismo subyacente en las SPARs, como lo ha expresado Gaston en 1996. De hecho se trata de otra trivialidad, pero al menos comienza a atenderse a factores "razonables" a los que antaño no se les prestó la debida atención. En muchos estudios sobre biodiversidad insular se tuvo en cuenta también la altimetría del relieve, encontrándose relaciones casi tan satisfactorias con la biodiversidad como las encontradas con el área. La cuestión resulta ser menos trivial cuando se constata que el área y el relieve no son variables independientes.

 

Nosotros en 2001 y 2004, comprobamos para nuestra sorpresa, que tanto en las Islas Británicas, como en las del Egeo, tanto el área como el relieve se ajustaban a una ley potencial. La primera con z = 0.25 y la segunda con z = 0.50. Este hecho sí es sorprendente o enigmático. Pero el tema no queda ahí. Quizás las discrepancias que aparecen en la literatura de la conservación y en los estudios sobre diversidad se deban, al menos en parte, a que diferentes áreas de estudio reflejan diferencias en sus respectivos relieves (diversidad topográfica), suelos (edafodiversidad), geomorfología, etc., como ya hemos venido insistiendo desde 1990 hasta el presente. En cualquier caso el problema es más complejo de lo que parece, como veremos seguidamente.

 

Se puede admitir que al incrementar el área se incrementa a la vez el número de especies, porque vamos agrupando más hábitats. Pero ¿qué es un hábitat?, ¿cómo puede definirse? Aquí aparece el primer nudo gordiano. Es evidente que a mayor heterogeneidad existe un mayor potencial de especiación, como mencionan algunos autores. Sin embargo, si seguimos este hilo argumental, pasamos, mutatis mutandi del tiempo ecológico al tiempo evolutivo. Complicamos, no simplificamos el problema. Por otro lado, incluso los hábitats más homogéneos y pequeños, pueden considerarse, en alguna medida, muestras aleatorias (o como ya hemos visto en una contribución anterior "anidadas)" de un hábitat mayor. El problema reside pues en como definir y cuantificar operacionalmente un hábitat. Con toda seguridad diferentes grupos taxonómicos requieren distintas definiciones de hábitat.

 

Pero hay que tener en cuenta más circunstancias ya que, en contra de la opinión de especialistas muy afamados, como lo es Rosenzweig (1995), la medida del área no es un problema trivial, sino extremadamente difícil y por ahora irresoluble. Topamos aquí con lo que, en el ámbito de las matemáticas, se denomina el "problema de la medida de las superficies no rectificables", y la topografía no lo es. Como ya mostró Mandelbrot, en su libro seminal sobre fractales (1967), al incrementar la escala de resolución de un paisaje vamos inventariando más detalles de su topografía y este problema parece entrar de lleno en el ámbito de la geometría fractal  Hasta la fecha, tanto ecólogos como los edafólogos, así como otros estudiosos de los recursos naturales han estimado las áreas planimétricamente, cuando de hecho son rugosas y, como corolario, la superficie es mayor que su proyección en el plano. Actualmente disponemos de modelos digitales del terreno que pueden ofrecernos unas estimaciones más realistas, aunque también groseras. Hay que reiterar que la medida de un segmento de le geosfera aumenta con la escala, es decir es mayor a escala 1:10.000 que a 1:50.000. ¿Cuánto más?: Se desconoce. Pero en el límite de precisión sería infinita. En un ensayo que realizamos en la Isla de la Palma, con un modelo digital con resolución de hasta 10 metros por píxel (muy grosero para muchísimos propósitos como por ejemplo, a la hora de estimar el número de especies herbáceas, y mucho más aún para un microorganismo) detectamos que el área era un 15% superior a la que se determinaba planimetricamente (Ibáñez et al. datos pendientes de publicación). Con las matemáticas profundas y el problema del infinito hemos topado.

 

Los problemas de la medida a escala geológica. El caso de la erosión y sus repercusiones sobre la biodiversidad

En 1994, en colaboración con otros autores, reconstruimos la evolución de una sección transversal al valle del Río Henares durante los últimos 2.5 millones de años. Los resultados muestran que el proceso de erosión fluvial a escala geológica, además de incrementar la riqueza y diversidad inicial de unidades litológicas, geomorfológicas, edáficas y fitosociológicas, también genera un aumento en los valores de la dimensión fractal (D) de la topografía del transecto estudiado. El incremento de D implica que el espacio se ha dilatado por cuanto aumenta la rugosidad o heterogeneidad del terreno (llano antes de la incisión cuaternaria). En consecuencia se dilata el espacio biosférico y edafosférico. De este modo, el incremento de biogeodiversidad, la dimensión fractal del modelado y su dilatación espacial quedan conectados por un mismo proceso: la erosión. Por ello, en el "paper" mencionado  vinculamos empíricamente teoría de la información, biodiversidad, geodiversidad, teoría de los sistemas complejos (al borde del caos) y geometría fractal.

 

Otro mecanismo implicado en la expansión del espacio a escala geológica es el del crecimiento de las líneas de costa, que ganan terreno al mar según se acumulan allí los sedimentos transportados por las cuencas de drenaje. Por ejemplo, durante el Holoceno, se produjo un gran desarrollo deltaico como consecuencia de la erosión antrópica (p. ej. mediante deforestación) en las cabeceras montañosas de las cuencas de muchas áreas del planeta. De este modo, al menos a largo plazo, las relaciones entre erosión y pérdida de suelo no son triviales. Si bien la erosión puede generar la redistribución y pérdida de materiales edáficos, también lo es que incrementa el espacio edafosférico o la superficie ocupada por los suelos. Los paisajes de suelos iniciales, evolucionados y profundos, serían reemplazados por otros más someros, pero superficialmente extensos. Sin embargo, si con posterioridad tal paisaje llega a estabilizarse por el efecto tampón de la cobertura vegetal, la edafogénesis avanzaría y, como consecuencia, alcanzaríamos un estado con mayor superficie y volumen de material edáfico. ¿Cuánto tiempo tardaría en equilibrar un proceso de incisión fluvial la pérdida inicial de suelos? Se trata de una cuestión cuyas repercusiones aún están por esclarecer. Así pues, al menos a escala geológica, los procesos de incisión fluvial actúan como mecanismos de diversificación del paisaje e incluso como generadores de recursos edáficos, a largo plazo. ¿Podría ocurrir algo semejante a escalas espacio-temporales más breves? Obviamente cuando la erosión hídrica conduce a procesos de peniplanización y pediplanización, el proceso sería inverso al de incisión.

 

Vemos pues que las cuantificaciones planimétricas del área, al margen de distorsionar los resaltados, por subestimar la extensión real de un determinado espacio geográfico, impiden profundizar en las relaciones diversidad-área y otras de gran relevancia ¿Porqué se siguen haciendo si se dispone de modelos digitales del terreno? Habría que preguntárselo a los expertos. Tan solo expondremos dos ejemplos. Ya analizaremos en otra contribución una grave problema en ciencias naturales: la denominada "Paradoja Tecnológica de Burrough"

 

Las imágenes satelitales aportan información sobre la actividad fotosintética y, mediante esta, de la producción primaria de un paisaje. Si realizamos tal estimación sobre la planimetría, obviamente sobrevaloramos tal producción primaria de biomasa. Si comparamos áreas montañosas (alta dimensión fractal; mucha mayor superficie real que la estimada usando un plano de proyección) y otras en donde dominan las llanuras (baja dimensión fractal y estimas que debieran aproximarse a las planimétricas) se está cometiendo un grave error metodológico. Los resultados obtenidos de tales cuantificaciones son poco fiables ¿Por qué se sigue manteniendo entonces tal procedimiento como estándar ¿Saben ustedes lo que es la Paradoja Tecnológica de Burrough. Insisto ya hablaremos de este tema.

 

Del mismo modo, es más que frecuente que las áreas montañosas alberguen una gran extensión de suelos someros (Leptosuelos, Regososuelos y afloramientos rocosos). Si comparamos sus extensiones planimétricas con otras planas adyacentes, en las que imperan los edafotaxa más evolucionados, cometemos un grave error de apreciación al subestimar la extensión real de los edafotaxa someros. Los inventarios obtenidos estarán necesariamente sesgados. Una vez más topamos con la irracionalidad de la racionalidad científica.  

 

Juan José Ibáñez

16:25 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (0)

Como ya mentamos, la biodiversidad del suelo es una de las peores conocidas del planeta, a pesar que pasamos por encima todos los días (la pisoteamos literal, metafórica y científicamente). También recalcamos que, de acuerdo a diversos expertos, tanto de los que trabajan el la biodiversidad del suelo, como otros que abordan el inventario de lo que acaece encima de él, que en muchos ecosistemas, al menos, pudiera ser muy superior la del medio edáfico a la que acaece en los ambientes epigeos. Pero nada sabemos a "ciencia cierta" (y nunca mejor dicho). Por un lado faltarían más de un centenar de taxónomos para abarcar el inventario de todos sus grupos. Por otro lado, bajo la demoledora política de  publica o perece, estos últimos están siendo tan denostados como los propios edafólogos. Sin taxónomos ¿Cómo se puede analizar la biodiversidad? ¡No lo sé! Pregunten a quien competa, es decir a los que marcan las directrices de la política científica. ¿Porqué hay entonces cada día más expertos en biodiversidad y menos científicos capaces de clasificar los entes vivos? Los enigmas de la ciencia en nuestros días. La irracional racionalidad de la ciencia. Yo diría que en la "ciencia espectáculo que prima actualmente", los "vende motos" medran por doquier, sustrayendo el trabajo a potenciales profesionales honestos. Es mi opinión (y la de otros muchos). Pero hoy abordaremos un tema más trivial: las técnicas de extracción de los organismos del suelo.


Ya comentamos también que el delimitar un ecosistema y el conocer cuanto tiempo, y con que frecuencia temporal (estacional, interanual) deben muestrearse, para poder decir que tenemos un inventario completo, son problemas no resueltos. El que solo se analicen en el caso de los suelos los centímetros superficiales, a pesar de que se acumulan las evidencias de que los organismos proliferan hasta decenas de metros de profundidad, es otro handicap al que no parece querer enfrentarse la comunidad científica.  Pero a esta enorme cantidad de problemas más que serios, cabe añadir otro, el de las técnicas de muestreo y en especial las de extracción, en el caso de nuestra misteriosa biodiversidad telúrica. Con tal motivo y para ser lo más escueto posible (¿puede este administrador parlanchín comprometerse a ello, se preguntará el navegante que lea, mas o memos, asiduamente estas páginas?) tan solo expondré un ejemplo.

 

Los Dres. María Arias, Antonio Bello y Avelino García Álvarez del Centro de Ciencias Medioambientales (CSIC Madrid) realizaron hace pocos años un muestreo de los nematodos del suelo a diversas profundidades, durante diferentes estaciones y utilizando diversas técnicas de muestreo para su extracción. Este administrador (que se apunta a un bombardeo) preocupado por la superficialidad (nunca mejor dicho) de los muestreos vigentes, se subió al carro y comenzó a analizar los resultados. Veamos sus conclusiones:

 

  1. El número de especies y su abundancia, según diferentes técnicas standard de muestreo, daban resultados disparatadamente dispares.
  2. Las fluctuaciones a lo largo del año son enormes, afectando diferencialmente a distintos taxones
  3. Los nematodos en ambientes mediterráneos parecían emigrar en profundidad en los periodos desfavorables en superficie (invierno y verano) a la búsqueda de hábitats más pobres pero edafoclimáticamente estables (horizontes B cámbicos y en especial argílicos en verano, ya que retienen más humedad).
  4. Las estimaciones cambiaban conspicuamente cuando se recolectaban muestras en superficie a pocos cm. de distancia
  5. Diferentes submuestras de una muestra daban también resultados difíciles de cotejar aun habiendo mezclado y remezclando la segunda para homogeneizar el suelo y obtener las primeras con los menores sesgos posibles (recordemos que como los microorganismos, la microfauna se ajusta a distribuciones contagiosas, pudiendo, por ejemplo abundar en un minúsculo agregado y escasear en otro).

 

Debo recordar aquí que estos investigadores y amigos son nematólogos y ecólogos de reconocido prestigio internacional, y comandan el laboratorio de nematología de referencia de suelos de la CAM y del Ministerio de Agricultura, si no recuerdo mal.

 

Como conjugar este caos.   Salomónicamente comenté que contabilizando los más abundantes (independientemente del la técnica de extracción) y todas las especies detectadas con cada una de las primeras. Luego lo pensé mejor y comenzaron a entrame serias dudas. Sinceramente no lo sé. Este es el estado del arte. ¿Cómo podemos pues saber si un enclave es más diverso en nematodos que otro? Si utilizamos las mismas técnicas de muestreo y extracción, recogiendo los mismos cm. en superficie y profundidad y los mismos intervalos temporales podremos ¡seguramente! Obtener una estima muy aproximada. Si no es así (lo que ocurre generalmente al cotejar datos bibliográficos) estamos perdidos. ¿Quién pone el cascabel al gato? Yo no, no soy biólogo del suelo (lo fui por dos años).

 

Más aún, los nematodos son uno de los grupos de la microfauna del suelo mejor conocidos y al que dedican su tiempo más taxónomos. ¿Qué pasaría pues con los grupos peor conocidos, en los que trabajan muchos menos expertos y cuyas técnicas de extracción se encuentran menos contrastadas.   ¡No comment!. Pero a pesar de esto existen iniciativas internacionales para hacer bases de datos globales de la biodiversidad. ¡No comment! Y sin embargo es lo que hay. Mejor inventariar que no hacerlo. Al menos sabremos algo, que es mejor que nada.

 

Juan José Ibáñez (sin palabras)

15:49 | gestionado por Juan José Ibáñez | Enviar comentario (6)