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domingo, 22 de enero de 2006

La degradación del suelo, como consecuencia de los procesos de erosión, ha sido reconocido como el principal proceso inducido por la actividad humana responsable de la degradación de tierras en zonas áridas (dryland degradation, incluye ambientes desde hiperáridos hasta subhumedos secos -UNEP, 1992-).

El Atlas del Mundo de Desertificación (World Atlas of Desertification; UNEP, 1992), señala a partir de datos del GLASOD (Global Assessment of Soil Degradation Database) que la degradación de tierras áridas se debe en un 48% a procesos de erosión hídrica, que la erosión eólica es responsable del 39% y que a la degradación química y física del suelo (chemical and physical deterioration) corresponden el 10% y 4% respectivamente.

En términos generales, la erosión supone la remoción de la capa superficial del suelo, sea cual sea el agente responsable: agua, viento, hielo, actuaciones humanas etc. Como resultado, el suelo manifiesta un descenso neto de su fertilidad natural y productividad biológica mediante la reducción del espesor efectivo, pérdida de materia orgánica y nutrientes, degradación de la estructura física y disminución de la capacidad de retención de agua. La formación de suelo fértil, susceptible de ser económicamente productivo, mediante la alteración del material original, es un proceso sumamente lento, medible únicamente en una escala de tiempo geológico. La formación de apenas 5 cm de suelo puede suponer el transcurso de cientos e incluso miles de años, mientras que los procesos de erosión pueden actuar rápida y drásticamente. El equivalente a 1 cm de espesor de la capa superficial de suelo puede ser eliminado durante una única tormenta de lluvia o viento. En condiciones naturales, los procesos responsables de la formación de los suelos y aquellos responsables de su destrucción por erosión, alcanzan un equilibrio tal que asegura el mantenimiento de una capa superficial de suelo capaz de soportar una cubierta vegetal estable. La ruptura del equilibrio suelo-vegetación-clima, debido a las actividades humanas puede llegar a desencadenar la degradación irreversible del suelo y, con ello, limitar tanto su potencial productivo agro-forestal como su capacidad de regeneración y  soporte de ecosistemas naturales.


Satur de Alba
Profesor Dpto. de Geodinámica (UCM)

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