Proyectos como la
Open Library están mostrando cómo se pueden hacer las cosas cuando uno se aproxima a la difusión de obras culturales con apertura de mente y conocimiento de lo que se puede hacer con las (no ya tan) nuevas tecnologías. En este caso, una inteligente combinación de digitalización de textos y almacenamiento en Internet, junto con un enfoque inteligente sobre las licencias de uso. ¿Cuánto tardarán nuestras instituciones en darse cuenta de que las cosas han cambiado? ¿No ha llegado ya la hora de repensar los fundamentos de las bibliotecas públicas? ¿Por qué al estupenda
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes no funciona de esa forma, y en lugar de eso se rige por un
leonino marco legal?
El camino ya lo abrió hace mucho el
Proyecto Gutenberg, y ha sido seguido por no pocas iniciativas, como
ibiblio, En la Open Library participan muchas
fundaciones, universidades y empresas, que se han puesto de acuerdo en que la mejor forma de preservar la cultura y promover su conocimiento público está en usar Internet para facilitar el acceso libre a esa cultura, y permitir que los propios usuarios se conviertan en agentes activos redistribuyendo y difundiendo las obras que les interese (al menos cuando ya han pasado al dominio público). Notablemente, entre ellas se echan de menos instituciones de fuera de los EE.UU (aunque alguna hay).
Los contrastes con algunas iniciativas de por acá son notables. Por ejemplo, donde la Open Library dice «
if they're in the public domain, the books can be downloaded, shared and printed for free» (si están en el dominio público, los libros pueden ser bajados, compartidos e imprimidos gratuitamente), las
Condiciones Generales de Uso de la BVMC dicen cosas como «El usuario queda expresamente autorizado por la PROPIEDAD a visualizar, imprimir, copiar o almacenar [...] siempre que ello se efectúe para fines personales y privados del usuario, sin finalidad comercial, de distribución o difusión on line y sin modificar, alterar o descompilar los antedichos contenidos. [...] Cualquier otra utilización requerirá la autorización expresa y por escrito de la PROPIEDAD» (ojo, que esto se aplica, por poner un ejemplo, al facsímil del Cantar del Mío Cid, obra que ni siquiera estuvo sujeta nunca a derechos de autor). Y
se restringen incluso los enlaces: «el hiperenlace deberá permitir únicamente el acceso a la página de inicio de este sitio
web o a la página principal de cualquiera de sus secciones» (¿en qué legislación se ampara el prohibir enlaces, qué motivo práctico puede tener?).
¿No es razonable promover la cultura poniendo lo más fácil posible el acceso a la cultura? Ni siquiera es ya cuestión de precio (que también): es cuestión de facilidad, de que cualquiera pueda regalar un CD con los textos clásicos a un amigo, de que cualquiera pueda preparar un sitio web comentándolos a la vez que incluye los textos, que cualquiera pueda poner un negocio de redistribución a bajo coste, si quiere.
En lo que a las bilbiotecas púbicas concierne de forma específica, conviene recordar que siempre han sido, precisamente, instrumentos de preservación y difusión de cultura. ¿No deberían estar preservando y difundiendo, en formatos digitales fácilmente redistribuibles, al menos todas las obras cuyos derechos de autor no están ya vigentes? ¿No sería ese un dinero muy bien gastado, y que rentaría de forma prácticamente indefinida en el futuro? En fin, iniciativas hay, pero quizás ha llegado el momento de repensar la función de la bilbioteca pública, e incluir entre sus atribuciones las que más eficientes pueden ser en nuestra época. ¿No sería, por ejemplo, la Biblioteca Nacional un buen instrumento para digitalizar nuestra cultura y dejarla a libre disposición (en el sentido más amplio del término "libre disposición") de todos los ciudadanos?
En fin, el tiempo pasará, y poco a poco por todas partes iremos viendo iniciativas de este tipo (bueno, ya estamos, poco a poco, entrando en esa dinámica). Habrá que ver si nuestras fundaciones, nuestras universidades, nuestras empresas y nuestras administraciones públicas reaccionan a tiempo, o más bien seguirán usando ideas del siglo XVIII para moverse con la tecnología del XXI.
[Mientras tanto, en la Open Library
permiten que les enviemos obras digitalizadas, vía
Internet Archive. Anímate y envía tu contribución ;-) ]
[Algunas especificaciones sobre cómo "se puede" enlazar a la BVMC rozan lo ridículo: «La fuente utilizada será "Arial", el estilo "negrita", el tamaño de un mínimo de "12" y el color deberá tener las siguientes características: "rojo 155, verde 23, azul 26, matiz 254, saturación 189 y luminosidad 89"»]