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martes, 20 de mayo de 2008

Más de la mitad de los norteamricanos padecen alguna enfermedad crónica y, desde luego, se medican.

La_medicalización_de_AméricaLas noticias sobre la crisis (o recesión) de la economía norteamericana no deberían eclipsar las que hablan de una decadencia sin límites de la salud de sus ciudadanos. La semana pasada se hizo público un estudio, gracias Furious Seasons y Pharmalot, que nos dice que más de la mitad (el 51%) de los norteamericanos asegurados toma cada día medicamentos para tratarse de alguna enfermedad crónica. America entonces se ha convertido en un inmenso dispensario que garantiza el acceso a costosas medicinas a la mayoría de la población. América, en fin, es una nación enferma, una nación enchufada a sus fármacos, un país en el que Tony Soprano se hunde en la depresión.


La encuesta de Express Scripts y con datos recolectados por Medco Health Solutions se hizo pública en 14 de mayo último y, mediante la revisión de 2,5 millones de recetas, ha descubierto que la enfermedad crónica más popular es el colesterol, seguida de la ansiedad, la depresión y la hipertensión. Un tercio de los norteamericanos, ver el resumen de Reuters, tomó en 2007 tres medicamentos cada día y ya ascienden hasta el 30% los menores de 19 años que se tienen que medicar por padecer asma/alergia, depresión o el llamado síndrome de falta de atención. En la franja de 20-44 años, hay un 48% de mujeres y un 33% de hombres a los que se les recetan medicamentos contra padecimientos crónicos

América es el mayor bazar médico del planeta y, a veces, todo parece organizado no tanto para tratar los problemas sanitarios, como para vender recetas. Hay en Estados Unidos más medicamentos en circulación entre los consumidores (¿habría que llamarlos pacientes?) que en Japón, Alemania, Francia, Italia, España, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, México, Brasil y Argentina, todos juntos. He revisado esta lista varias veces antes de publicarla porque me cuesta creerla.

A nadie sorprenderá entonces que no falte quien, sin andar con bromas, se pregunte, como lo hace Melody Petersen, si podrán los norteamericanos sobrevivir a las Big Pharma, las poderosas corporaciones farmacéuticas que, por cierto, están siendo muy generosas con el candidato Obama y con el Partido Demócrata. Y es que cada año fallecen cien mil personas en Estados Unidos víctimas de la medicación y, digo medicamentos, porque no son atribuibles a fallos de diagnóstico o a alguna forma de abuso. Hacer dádivas a los farmachifles y despilfarrar en publicidad es una de las actividades más concienzudas de los Laboratorios y también una de las mayores preocupaciones de los estados y de los consumidores. Y, según Michael Moore, la inquietud está más que justificada, como lo prueba en el documental SICKO.

¿Cómo es posible que todavía quede por ahí alguien -doctores incluidos, alguno quizás ingenuo- que, como se pregunta en blog.bioethics, no vea en esa cornucopia farmacéutica (hecha de congresos, viajes, comidas y objetos suntuosos, desde plumas a libros de pastas duras) una forma encubierta de soborno para mantener alta en la consulta la actividad recetadora? Hace unos días la American Association of Medical Colleges publicó un esperado informe sobre las propinillas para asegurar que además de ser una conducta infame para la profesión (para el resto, los que no aceptan regalitos) era también una ruina para el país. El músculo boticario norteamericano es inalcanzable: es el infierno del dolor y el paraíso del mercado. Nadie discute, sin embargo, que esta exuberancia farmacéutica es la expresión de una decadencia de la salud.

10:06 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (3)