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lunes, 07 de abril de 2008

El procomún, según la revista Time y Jeffrey Sachs, es una de las diez ideas que van a cambiar el mundo.

La semana pasada Daniel Ben-Ami en su blog Ferraris for all se hizo eco de un artículo de Geoffrey Sachs, autor de El fin de la pobreza y miembro de Columbia University. Un economista varias veces nombrado entre las 100 personas más influyentes del planeta y siempre atento a los problemas derivados del desarrollo desigual, ilegal e injusto. El artículo aludido apareció en un especial de Time, Future revolutions, dedicado a describir las próximas diez ideas que van a cambiar el mundo.


El texto de Sachs, Common Wealth for a Crowded Planet está basado en la hipótesis nada arriesgada de que todos compartimos un mismo destino si es que aceptamos la convergencia de tres procesos: el primero tiene que ver con la convicción de que la ciencia y tecnología ejercen un dominio casi total y sin precedentes sobre el entorno, un hecho que tiende a considerarse como una parte de las soluciones que se necesitan, pero también como una parte del problema que enfrentamos. El segundo recrea el viejo argumento maltusiano que nos remite al problema de la sobre explotación de los recursos, algunos de los cuales parecen imprescindibles para la supervivencia de la especie. El último proceso señalado tiene que ver con la existencia de bolsas de extrema de pobreza que afectan a inmensas áreas del planeta y que acabarán siendo factores decisivos de desestabilización sanitaria o política.

“La idea con mayor potencial de cambio del mundo -explica Sachs- es simple: superar el cinismo, terminar con la desatinada visión de un mundo condenado a una interminable lucha de “nosotros” contra “ellos” y, en su lugar, buscar soluciones globales, pues tenemos la capacidad real de salvarlo para todos, para hoy y para el futuro. Si acabamos la lucha de unos contra otros y si trabajamos juntos para enfrentar las amenazas comunes: nuestro destino, nuestra riqueza común, está en nuestras manos.”

El alegato principal a favor de soluciones globales constituye una invitación al optimismo y a la acción, pues todavía habría tiempo para evitar una tragedia global de los comunes. El argumento es tan sencillo que podría hacer imperceptible la necesidad de que estos bienes que desbordan las competencias de los estados-nación sean gestionados en instancias supranacionales cuya representatividad actual está muy lejos de ser democrática.

9:58 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)