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jueves, 03 de abril de 2008

Cuando fallan las máquinas de votar, nadie puede abrirlas para saber lo qué pasa y quien lo averigüe sin autorización de la empresa que las fabricó puede ser acusado de conducta criminal.

La expansión (abusiva) de los derechos de propiedad intelectual acabará, como se explica en Acronym Required, conduciéndonos a situaciones tan irracionales como la vivida por el profesor Ed Felten (Princeton University), quien hace unos semanas recibió un amenazador mensaje electrónico de la empresa Sequoia Systems. El problema es que Felten quiso comprobar la seguridad y funcionamiento de las máquinas de votar fabricadas por la mencionada empresa y que fueron empleadas en las recientes primarias en el estado de New Jersey.


El motivo que animaba la revisión era doble, pues se utilizaron unas 10.000 máquinas que disponían del certificado estatal de control, además de que algunos funcionarios creyeron notar irregularidades en su funcionamiento, como ya sucedió antres en Ohio. El argumento de la mencionada empresa era que hackear el dispositivo vulneraba sus derechos exclusivos de propiedad. Y realmente tenían motivos para estar preocupados porque, como se explica en Freedom to Tinker, hace un par de años que Felten había demostrado que las máquinas de votar Diamond eran demasiado vulnerables (hackeables en un sólo minuto) lo que, por el momento, invalidaba el uso de estas urnas electrónicas en procesos electorales.

Que desistan los tecnócratas en su pertinaz intento: el problema no es tecnológico o, en otros términos, no se resuelve suponiendo que, tras ciertas dificultades iniciales, acabaremos teniendo unas máquinas funcionando sin fallos. No nos detendremos en la crítica de semejante mentalidad, baste con recordar que los hackers han demostrado en reiteradas ocasiones que pueden penetrar los sistemas más (aparentemente) seguros. Lo que aquí nos interesa tiene con ver con el absurdo que representa que el estado no pueda exigir la más completa transparencia en el código que regula el funcionamiento de la máquina. Los hechos aquí narrados son tan chuscos que, como se explica desde la Electronic Frontier Foundation, por sí sólos justifican la reclamación de que sólo se permita software abierto en cualquier dispositivo que sea clave para el funcionamiento de la democracia.

20:09 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (8)