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domingo, 30 de marzo de 2008

Los laboratorio farmacéuticos siguen pagando viajes a congresos para que dispongamos de médicos mejor formados y aprendan lo que deben recetar entre copas, viajes y alguna que otra prebenda.

Informa Pharmalot que la empresa de consultoría internacional Deloitte acaba de hacer público un informe encargado por Medicines Australia, la agrupación de industrias farmacéuticas de Australia, sobre los gastos (o inversiones) que sus empresas asociadas hacen en eventos formativos para médicos y profesionales de la salud. El gesto sin precedentes en el gremio arroja una conclusión que ya conocíamos y que describe un panorama bastante generalizado de despilfarro de recursos, soborno de voluntades e intoxicación informativa. Espero que no se trate de una pandemia de farmachifles.


En efecto, las compañías farmacéuticas australianas han gastado en los últimos seis meses de 2007 más de 30 millones dólares en la financiación de dudosos eventos educativos. Los datos son suficientemente expresivos y se resumen pronto: 385.221 profesionales han acudido a unos 14.643 eventos diferentes organizados por 42 compañías distintas. De los 31 millones mencionados, 16,4 se han gastado en el capítulo hospitalities o, sin eufemismos, en pagar viajes, hoteles, comidas y gastos de acompañantes. En términos generales sale un coste medio por profesional de 2,500 dólares. ¿Quieres conocer el detalle?

Nadie cree que se trate de eventos científicos o formativos. Quien lo dude que se de un paseo por Healthy Eskepticism. Todo el mundo sabe que tantos viajes de placer, disfrazados de seminarios para expertos, se organizan para vender más medicamentos y mediante publicidad, encubierta tras los modos del informe académico, la petit biologie y el blanqueo de ciencia, convencer a los médicos para que receten las mercancías de quienes les costean desde bolígrafos y comilonas, hasya estenoscopios y congresos en balnearios. Las corporaciones, dirán los más beatos del laissez faire, defienden sus intereses. Cierto, pero entonces que se quiten la careta de empresa sanitaria y se calcen la de industria química.

De los médicos poco hay que decir. La escasa importancia que se da a estos hábitos sospechosos, no se corrige con los juramentos deontológicos. De ahí que quizás llegó la hora de que los usuarios de sus consultas, públicas o privadas, conozcan qué laboratorio está financiando la carrera del doctor de turno. Y, así, con la misma familiaridad con que cuelgan a la vista de todos sus muchos diplomas profesionales, quizás no estaría de más que también hicieran públicas las ayudas que les han obsequiado las corporaciones farmacéuticas.

16:01 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (8)