Enviado el domingo, 24 de febrero de 2008 7:23
La defensa del procomún es un asunto que ha interesado al
CSIC, el principal organismo de investigación español, como lo prueba el vídeo que se hizo en 2007 para dar cuenta pùblica de esta preocupación.
Mucho hemos hablado aquí de la
necesidad de gestionar las incertidumbres que se derivan de la
implantación de las nuevas tecnologías. No importa a
dónde miremos, tanto si se trata de un sector productivo como
si pensamos en cualquiera de las áreas del conocimiento, hemos
de admitir que la circulación descontrolada de dispositivos
técnicos, materiales o virtuales, maquínicos o
conceptuales, puede crear problemas irreversibles o de muy difícil
gestión. Los ejemplos sacados de la genética o la
física atómica (OGM, bioterrorismo, residuos y
proliferación nuclear) son los más socorridos, pues hay
un consenso que invita a tomarse en serio las consecuencias de un uso
irresponsable de estos poderosos recursos creados en el laboratorio.
No se trata de culpabilizar a nadie,
pero es lógico que muchos científicos y algunos
organismos públicos de investigación quieran contribuir
a encontrar la mejor manera de cualificar los problemas y de
contrastar las soluciones, bien entendido que la agenda disciplinaria
que marca las prioridades en un laboratorio, debe ahora ampliarse
para incluir los puntos de vista de quienes se han entrenado para
entender cómo funcionan las comunidades o los mercados, cómo
conceptualizar la tecnociencia, el republicanismo cívico o el
capital postfordista y, por citar sólo un ejemplo más,
cómo diseñar dispositivos sociales que eviten la
exclusión, el despilfarro, la escasez y la desestructuración.
Me encuentro entre quienes piensan que caminamos hacia una nueva edad
de oro de las humanidades, pues cada vez será más
difícil separar los objetos tecnocientíficos de sus
implicaciones socioculturales.
También estoy convencido de la
imposibilidad de afrontar las grandes encrucijadas a las que nos
enfrentamos, ya sean energéticas o climáticas, ya estén
relacionadas con la justicia alimentaria o la salud mediambiental,
con la simple concurso de los expertos. Desde luego son necesarios,
más aún imprescindibles, pero nada podrán lograr
sin la complicidad de la ciudadanía. No podemos seguir
comportándonos como si las soluciones fueran estrictamente
tecnocráticas. Si las hay, han de ser políticas y,
muchas, además de democráticas, tienen que ser
globales.
Y aquí llegamos al punto de este
post. La habitabilidad del mundo está conectada a la
preservación de algunos bienes como un bien común y no
simplemente como un recurso a disposición del que desarrolle
la mejor tecnología para privatizar el genoma, la
biodiversidad, la lengua, el patrimonio o el aire que respiramos. No
se trata de promover un discurso anticapitalista, sino de poner freno
a los furores expansionistas de quienes no ven límite a los
negocios, porque esperan que un descubrimiento solucione los
problemas y nos devuelva los campos descontaminados, la biodiversidad
destruida, el aire mercantilizado o el espacio militarizado.
Se trata de asuntos de una gran
complejidad que demandan mucha investigación y mucha
movilización. Por eso el
CSIC, y en particular su actual
presidente
Carlos Martinez, consciente de la importancia de los
asuntos aquí abordados, pensó en un plan para estudiar
el papel de la mayor institución científica española
en la defensa del procomún. En fin, me pidió que le
ayudara a diseñarlo. El vídeo que aquí
presentamos se hizo para explicar a los miembros de la institución
y a los ciudadanos el nivel de implicación que el CSIC quería
tener en estos problemas. Hasta el día de hoy que lo
publicito aquí hemos desarrollado otras iniciativas, como
publicar un
artículo en El PAIS o presentarlo con cierta
solemnidad en un muy concurrido
IV Congreso
sobre Comunicación Social de la Ciencia (Madrid) ante varios
centenares de expertos en el nuevo campo emergente de los estudios sobre la
cultura científica. También hay un texto más pormenorizado (
Laboratorio del procomún: nuevos equilibrios, otros patrimonios) que se puede encontrar en el recientemente inaugurado
repositorio público Digital.CSIC.