Si la gente quiere participar en ciencia, ¿por qué seguir ofreciéndole ciclos de conferencias?
Hace unos días,
aquí, me refería
al Congreso Internacional sobre
Ciudadanía
y Políticas Públicas en Ciencia y Tecnología
que se celebró en el
Centro
de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC). Hubo de todo, como siempre
ocurre con los congresos grandes. No pretendo ahora hacer uina valoración general de lo sucedido, entre otros motivos porque no pude estar en todas las sesiones. Sin embargo, si estaba presente en uno de los momentos más esperados, cuando se presentaron los
resultados de una "Encuesta Iberoamericana de Percepción Social
de la Ciencia (2007)" realizada en varias ciudades latinoamericanas
con la idea de poner a prueba unos indicadores de percepción
pública de la ciencia y de realizar una radiografía
comparada del estado de opinión pública en relación
a la cultura científica y la participación ciudadana en
ciencia. Lo que resulta de tal encuesta es novedoso.
En efecto, los resultados son
sorprendentes, tanto que deberían contribuir a cambiar
substancialmente las políticas institucionales de comunicación
de la ciencia. Al terminar la sesión le pedí a uno de los responsables del estudio,
José A. López Cerezo, que me proporcionara algunos de los gráficos presentados con la
idea de comentarlos en tecnocidanos.

En resumen lo que ambas tablas
muestran es que la desconfianza de la gente hacia los expertos es
creciente y que, en consecuencia, se expresa una voluntad de querer
participar en las decisiones que tengan que ver con la aplicación
de novedades tecnocientíficas. Por otra parte, vemos también
que, como sucede en otros lugares, la gente sigue confiando en la
ciencia, lo que no impide que también sienta recelo de sus
aplicaciones y potenciales peligros.

La combinación de ambas
gráficas, cuya interpretación quizás sea algo más matizada cuando se publique el estudio final de la encuesta, muestra que también las políticas de
comunicación de la ciencia deberían tomar en cuenta los cambios que se están produciendo en una ciudadanía que ya no se conforma a un rol pasivo. Un hecho que contradice la práctica habitual de limitar la mayoría
de las acciones a la mera difusión de información, ya
sea mediante la fórmula del ciclo de conferencias, ya sea
empleando los recursos del museo o las exposiciones temporales.
Igualmente, también se puede decir que las webs
institucionales deberían evolucionar rápidamente desde
el formato “tablón de anuncios” (o mejor de propaganda) a otros que favorezcan la
participación o, dicho en otros términos, a los
dispositivos característicos de la web 2.0.
En el congreso proliferaron las
comunicaciones oficiales e institucionales, presentaciones ideadas
para que los asistentes conocieran los esfuerzos que distintos
organismos públicos estaban haciendo en la materia. Por cierto, que me impresionó el programa de la
FECYT, un
esfuerzo muy de agradecer, pero todavía insuficiente si nos tomamos en serio los resultados de la encuesta mencionada. No faltaron quienes,
entre los asistentes, expresaron su inquietud por el hecho de que
faltaron las ONG, los colectivos de afectados o concernidos, las
asociaciones ciudadanas, los grupos de amateurs o algunos
representantes de la cultura hackers o abierta (Software Libre, Wikipedia, Open
Access, Creative Commons, blogs o P2P, entre otros).