El cambio climático creará un
reguero de males que afectarán con mayor rapidez e intensidad
a los menos culpables. Y, ciertamente, sería muy cínico
atribuir esta desigualdad a un fenómeno natural.
Las consecuencias del cambio climático
no serán iguales en todas partes. Tampoco todos los países
están contribuyendo de la misma manera al calentamiento
global. El problema es que los menos contaminantes serán los
que más pronto y más virulentamente van a padecer los
efectos del modelo de desarrollo imperante en las áreas ricas
del planeta. Así, el cambio climático que ya es un
problema
científico,
político, social y
cultural,
adquiere los perfiles de un gigantesco dilema ético. Nada
explica mejor lo que decimos que los mapas construidos por
Jonathan
Patz para visualizar la magnitud de la injusticia que se está
produciendo.

Patz, miembro del IPCC, lleva años
trabajando sobre las
relaciones entre salud medioambiental y cambio
climático, estudiando la previsible expansión de enfermedades como
la malaria o de plagas como la desnutrición. Las conclusiones
a las que ha llegado aparecerán esta semana, según
Science
Daily, en la revista
EcoHealth.
Y basta con un ejemplo para entender lo que estamos tratando de decir.
Estados Unidos emite a la atmósfera seis veces más CO2
que la media mundial, pero su índice de riesgo a padecer los
males derivados de tal conducta es considerablemente menor, un hecho que puede generalizarse al conjunto del planeta, como muestra una simple ojeada a los mapas que resumen le estudio.
Hay mucha gente en la red que esta afirmando que el Nobel concedido a Al Gore también lo ha sido para las
nuevas tecnologías de visualización y/o de diseño de la información, pues lo más novedoso en
An Inconvenient Thruth son todos esos gráficos, esquemas o cuadros diseñados para apoderarse de nuestro ojo y fijar unas cuantas ideas en la retina.
Los mapas de Patz no ganarán un Oscar, pero desde luego son ejemplares. El de arriba representa el tamaño del país según su nivel de emisiones de CO2, mientras que en el de abajo el tamaño crece según se incrementa el riesgo de padecer enfermedades derivadas (o empeoradas) por cambio climático. Así que
las primeras víctimas de nuestros excesos serán las
regiones más pobres y desfavorecidas y, dentro de ellas, los
niños y las mujeres serán los más afectados. Las
consecuencias de este argumento son obvias: hay que buscar soluciones
equitativas que protejan en primer lugar a los grupos de población
más vulnerables.