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banalización de la genética

Enviado el miércoles, 03 de octubre de 2007 4:16

Muchos científicos franceses están protestando por el uso que el gobierno francés quiere hacer de las pruebas genéticas para el control de la emigración. Sin estos movimientos de resistencia los genetistas se arriesgan a ser vistos como expertos que igual están para un roto que para un descosido.

Los emigrantes echan de menos a sus parientes y tratan de atraerlos al país que les da trabajo. Tanto es así que en Francia la reagrupación familiar es hoy el principal vector de emigración. Pero el gobierno no para de inventar triquiñuelas para dificultar estos movimientos de población. La última trampa es el proyecto de ley presentado el 28 de septiembre último que promueve los test de ADN para acreditar el parentesco.

El nuevo proyecto biopolítico se justifica afirmando que hay un atasco de 23.000 demandas de reagrupamiento pendientes y se legitima por el hecho de que es voluntario y que, cuando sea positivo, será reembolsado por el estado. Así de fácil (o de razonable). Los políticos, de acuerdo con los científicos, vuelven a ensanchar sus dominios sobre lo humano desarrollando nuevos procedimientos que aparentemente les permiten gestionar asuntos tan delicados como el parentesco de los otros, los de fuera.

La diferencia ahora es que el control de lo humano se aplica a los emigrantes y adopta la forma de una especie de xenofobia de estado. Jean-Pierre Le Goff está denunciando estas nuevas prácticas en la Francia de Sarkozy, mostrándolas como signos inquietantes del advenimiento de la cultura del manager que debe seguir al proceso de desculturalización de la sociedad. Y es que los legisladores no parecen percibir la existencia de adopciones, segundos matrimonios y nuevos arreglos familiares, por ejemplo, entre homosexuales. Tratar de resolver semejantes complejidades con simples (y, seguramente, costosas) pruebas genéticas equivale a negar que lo real pueda ser legal. De hecho el proyecto está encontrando dificultades entre algunos diputados de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) del presidente.

Por otra parte, de aprobarse la reforma, se estaría presionando a las personas para que se sometieran a una prueba con muy graves consecuencias psicológicas y sociales, pues son muchas las estadísticas que hablan de entre un 5%- 8% de la población que podría ser adulterina o, en otrtas palabras, no ser hijo de quien dice su madre. Averiguar estas cosas puede producir heridas difícilmente reparables.

Muchos científicos, por otra parte, no comparten esta voluntad gubernamental de implicarlos en políticas de exclusión que eluden abordar los problemas de fondo (pobreza, enfermedades y guerras) y, como se hace desde Sauvons la Recherche, están solicitando firmas para manifestar su rechazo.  Claude Hurriet, presidente del Institut Curie y promotor de la ley Huriet que protege a los ciudadanos del uso abusivo de los datos biomédicos y, con otros representantes de organizaciones en defensa de los derechos humanos, hablan de una inquietante banalización del ADN.

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