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lunes, 24 de septiembre de 2007

Mañana martes tendrá lugar la segunda sesión del Laboratorio del Procomún, una actividad pública abierta a todo el mundo

Pensar el procomún implica hacer visible la comunidad que lo sostiene y que es sostenida por el bien que se quiere compartir. También se podría decir de otra manera: no hay comunidad sin procomún, y viceversa.

Plano_localización_MediaLab_PradoEste es el tema que abordaremos mañana en la nueva reunión del Laboratorio del Procomún que tiene su sede en el MediaLab Prado (Plaza de las Letras, c/Alameda, 15. Madrid) en donde un grupo estable formado por académicos y activistas realiza las sesiones de trabajo en abierto a las que está invitado todo el mundo (ver el contenido de la primera sesión). Lo que hacemos es discutir sucesivamente los textos preparados por dos miembros del Laboratorio, que previamente son comentados por otros dos integrantes del grupo.

Mañana martes comenzaremos con Procomún y comunidad (pdf) de Miquel Vidal (Tecnologías de la información y la comunicación), comentado por Javier de la Cueva (Derechos de propiedad intelectual). Después seguiremos con Comunitas gratia artis (pdf) de Jordi Claramonte (Arte y movimientos sociales) que será comentado por Jesús Carrillo (Teoría del arte).


Dado que uno de los objetivos clave del Laboratorio es reunir los fragmentos dispersos y extremadamente variados del procomún, mañana exploraremos dos géneros muy distintos de bienes, cuyos defensores, sin embargo, comparten la convicción de que ambos deben ser gestionados libertariamente. Comenzaremos, en la primera parte, hablando de los bienes relacionados con Internet, deudores del movimiento hacker y que se han constituido alrededor de tecnologías que son simultáneamente fruto y origen de las comunidades que los sustentan: unas comunidades finalistas (producir software) y meritocráticas (la calidad manda) que no están prefiguradas moralmente (neutralidad ideológica) y cuya principal característica es la autoregulación (organización libertaria).

En la segunda parte hablaremos de grupos que reivindican la naturaleza colectiva de la producción artística, tanto en la escala barrial o urbana como en la global, y que critican la impostura del artista-genio, una construcción paralela a la del moderno sujeto-autónomo y que, entre otras consecuencias, sirvió para despojar al individuo de los atributos que le vinculaban a su comunidad. Y aunque parezcan mundos muy distantes, tal vez no lo sean tanto si consideramos el arte como una red de protocolos orientados a la codificación de los modos de percepción. Los colectivos que serán reivindicados (the yes men o fiambrera obrera) están lejos de querer estetizar comunidades cercanas y cuestionan radicalmente la función autorial que (equivocadamente, como explicó Foucault en ¿Qué es un autor?) damos por inevitable en todo cuanto tiene que ver con la producción cultural. Sus poéticas modales no tratan de alagar el buen gusto, sino ensanchar y hacer visible la potencia transformadora de una gran colección de recursos comunes que atraviesan los territorios de la provocación, la suplantación, la seducción, la parodia, la subversión o la hibridación.

En ambos casos se establece una fuerte correlación entre comunidad y tecnología, aunque en las de artistas parecen tener también mucha importancia los valores que comparten.

20:05 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)