Nuevas visualizaciones de datos ayudan
a comprender mejor las desigualdades de nuestro mundo.
Doctors
of the World, una organización no gubernamental hermana de
Medicins du monde,
acaba de mostrar de forma rotunda una de las desigualdades más
sangrantes de nuestro mundo: la dificultad relativa que hay en cada área
del planeta para acceder a cuidados médicos. Las diferencias
son apabullantes y van desde los 50.000 habitantes por médico
en el Africa subsahariana, hasta los 220 en la privilñegiada
Holanda, pasando por los 400 en Australia, los 900 en Brasil y los
1.700 en la India.

Supongo que a nadie le sorprenderá
la aritmética de estas cifras. Puede que, comparado con otros
dramas, muchos piensen que se trata de un asunto menor. Pero no es
verdad. La imagen prueba una vez más las fuertes
connotaciones entre poder económico y conocimiento científico.
Los defensores del universalismo de la razón tendrán
que admitir que la ciencia también es una empresa severamente
jerarquizada y profundamente polarizada hacia algunos centros. Peor
aún, no es difícil tirar de esa hebra para llegar a la
conclusión de que contribuye decisivamente a sostener las
desigualdades.
En fin, que no basta con pedir más
ciencia para ser más modernos o más competitivos, pues
también hace falta mucho conocimiento que busque la manera de
remediar estas enormes e insostenibles injusticias sociales que
también son notables en otras escalas como, por ejemplo, en
nuestras
ciudades. Si dispusiéramos de estas cartografías
locales tal vez entenderíamos mejor que las catástrofes,
incluidas las naturales, no son eventos fortuitos e imprevisibles,
sino construcciones humanas hechas con mucho empeño y mucho
método.