Los hechos prueban, en contra de lo que
habitualmente leemos en la prensa convencional, que el software libre
domina en todos los ámbitos donde las decisiones sobre la tecnología que utilizar la toman gentes que no aceptan
presiones corporativas o ideológicas.
Cuando se habla del software libre
nunca falta un coro de fondo que recuerda a los incautos que se
trata de una tecnología insuficientemente contrastada y, lo
peor, que no garantiza la seguridad del sistema. Los hechos, sin
embargo, prueban lo contrario, aún cuando las administraciones
sigan apostando masivamente por el software propietario y de código
cerrado.
Los organismos públicos reguladores actúan
como si ignoraran que los asuntos que requieren máximas cotas
de seguridad y eficacia penden de tecnologías de código
abierto. Este parece ser el caso de la Federal Communication Commision, FCC, la agencia que
regula el mercado de las telecomunicaciones en USA, que viene siendo reiteradamante acusada de no actuar en
defensa de los intereses públicos, sino de operar según los intereses de la
industria del software. Pero, como
explica
Jeff Kaplan, los militares, entre otras muchas instituciones,
pasan de sus dictámenes.
Y así, se intenta intimidar a
los consumidores (incluidos muchos organismos públicos)
siguiendo las pautas de una
estrategia
FUD (fear, uncertainty y doubt), consistente en sembrar miedo,
incertidumbre y dudas sobre los productos ofrecidos por los
competidores y así evitar la competencia. Pero el ejército
está optando masivamente por emplear el software libre en toda su maquinaria de
guerra, desde el control de los satélites y los misiles hasta
las comunicaciones en el campo de batalla y en los intercambios entre
los distintos nodos de mando.
Y los motivos no son académicos,
ni ideológicos.
Se trata simple y llanamente de eficacia. Y
lo mismo ocurre también con los ejércitos en China, Rusia, Francia y
Finlandia. Definitivamente,
los
militares aman el software libre. Los militares no se creen la
cháchara
contraria al software libre, pues necesitan disponer de
tecnologías flexibles, escalables, adaptables y que aseguren
la interoperabilidad por basarse en formatos estándares.