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viernes, 29 de junio de 2007

Como estamos celebrando en Madrid el EuroPride, una gran demostración de cómo entienden los gay la noción de cultura y de civilidad, dedicamos un post a reconocerles su creatividad y su papel en la regeneración de los centros urbanos.

Hace unos años Richard Florida (también aquí) publicó The Rise of Creative Class (2002), un libro sexy y controvertido que, como se explica en salon.com, suscitó abundante polémica y mucha pasión. Partiendo de la base de que los principales responsables del crecimiento económico no son las empresas ni tampoco el gobierno, sino el capital humano (human capital), Florida otorgaba un papel crucial en la producción de riqueza a la llamada creative class, la gente creativa, un colectivo que agrupa a científicos e ingenieros, pero también a todos los que trabajan en el sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones, además de los artistas, los músicos y los diseñadores.


Su libro trataba de explicar por qué la gente creativa tiende a congregarse en determinadas áreas urbanas que comparten, en términos generales, varias características, como por ejemplo ser zonas divertidas, multiculturales, bohemias y, sobre todo, colonizadas por el movimiento gay. Porque entre los mencionados colectivos, dice Florida, los gay son los cannaries (los pícaros y los cantores, en el sentido de informantes y parlanchines) de la clase creativa.

La presencia de gays es también un síntoma de que estamos en una zona con “low barriers to entry” o, en otros términos, una ciudad que por practicar la tolerancia (openness) convoca a la gente más rompedora que, con frecuencia, coincide con la más talentosa. El tercer término de la ecuación innovadora es la base tecnológica, pues la creative class en un entorno abierto no deja de inventar nuevos usos para las tecnologías existentes, convirtiendo así las tecnologías circulantes en tecnologías emergentes.

El argumento de Florida ha sido considerado simplista, pero lo cierto es que las autoridades urbanas de muchas ciudades del mundo se lo han tomado muy en serio. Aquí viene a cuento el socorrido si no è vero è ben trovato. Atraer a gente bohemia y gay se ha convertido en una de las claves sobre las que asientan las políticas de regeneración de barrios, como también en un motor de creación de empleo en un sector de importancia estratégica en la sociedad del conocimiento. En pocas palabras, que la tolerancia produce riqueza y la cultura gay crea sociabilidad.

El tema ha tomado nueva actualidad porque Florida ha publicado recientemente, ver The Raw Story, un artículo (There Goes the Neighborhood) en el que desarrolla el llamado Bohemian-Gay Index (BGI) como un índice que mide la capacidad de las urbes para atraer, retener y favorecer el desarrollo de una pujante clase creativa. Un índice BGI alto, explica Florida, produce dos efectos que se retroalimentan: el aesthetic-amenity premium y el open culture premium. Tales conclusiones, han llevado a Langdon Winner, ya mencionado antes en este blog, a proponer con mucha ironía que, si buscamos la prosperidad, quizás necesitamos menos parques tecnológicos en las afueras y más referencias gay en los adentros.

9:10 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (6)