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martes, 19 de junio de 2007

La hipocresía de nuestras corporaciones y organismos regulatorios es inaceptable si permiten que ensayos clínicos prohibidos en el mundo noratlántico sigan practicándose en Africa.

Todos los países tienen normas que regulan los ensayos clínicos obligatorios que los laboratorios deben realizar con los nuevos fármacos antes de introducirlos en le mercado. Tales normas, sin embargo, cambian de unos países a otros. En Africa y en Asia los niveles de control son bajos y por eso las compañías farmacéuticas prefieran trasladar las pruebas (subcontratarlas con las llamadas contract-research organizations) allende sus fronteras. Obviamente, se trata de conductas que bordean la legalidad y que, cuanto menos, desbordan ls tabla de valores éticos menos exigente. Muchas veces, como se explicó en la excelente película El jardinero fiel, se trata de prácticas sencillamente repugnantes. El penúltimo caso involucra a los laboratorios Pfizer.


Entre los muchas paradojas de esta historia nos encontramos con que la agencia de control del medicamento, la Federal Drugs Administration (FDA), acepta como buenos los ensayos que, prohibidos en USA, fueron efectuados en ultramar. Pero hay más. En 1996 apareció un brote de meningitis en Kano (Nigeria) y rápidamente Pfizer logró el consentimiento de las autoridades locales y federales nigerianas para experimentar con 200 niños su nuevo producto Trovan, un antibiótico que ya se administraba con inyección y que ahora se podía suministrar por vía oral. Así, se hicieron dos grupos de cien niños, unos fueron tratados con inyección y los otros por la boca. Los resultados probaron que ambos presentaciones eran equivalentes. Hasta aquí los hechos.

Lo que Médicos sin Fronteras denuncia, ver Biopolitical Times, es que habiendo un medicamento que funciona se aprovechase una crisis epidémica para suministrar a los niños un fármaco de eficacia no garantizada. Hay un detalle que no podemos pasar por alto. Lo que se probaba no eran nuevas funciones del fármaco, sino simplemente una presentación más agradable. Pero Médicos Sin Fronteras ha descubierto que al grupo de control, los 100 niños tratados con inyección, recibieron una dosis más baja de lo habitual para que Trovan tuviera la misma eficacia y así poder concluir que las dos presentaciones tiene los mismos efectos.

Lo que Pfizer hizo entonces es introducir dos prácticas éticamente dudosas. Primero, dar a los niños que tomaron Trovan algo no contrastado y, segundo, administrar a los del grupo de control una dosis menor de la habitual. Ahora que venga algún directivo de esta multinacional o alguno de los científicos que integran la FDA y que trate de convencerme de que estamos exagerando o de que, por ejemplo, hubiera aceptado que sus hijos formaran parte de cualquiera de los dos grupos de niños. Lo más duro es que vieran en esos niños nigerianos una oportunidad para cumplimentar un mero trámite administrativo que les permitiera continuar con los negocios.

14:24 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)