Tres organismos fuera de sospecha (la
Royal Society, la Royal Academy of Engineering y el Council for
Science and Technology) declaran no estar satisfechas con lo que está
haciendo el gobierno británico para evaluar los riesgos de la
nanotecnología.
El
Council
for Science and Technology, CST, ha criticado hace
unos días, ver
The
Telegraph, en un documento oficial (
Nanoscience
and Nanotechnologies Review), al gobierno de su país
por no haber cumplido la promesa de crear un programa de
investigación para estudiar el impacto sobre la salud y el
medioambiente de los nanomateriales. La forma utilizada para
expresar la queja ha sido “extraordinariamente decepcionante”,
una expresión nada frecuente en este tipo de declaraciones. El
compromiso que menciona se adquirió en julio de 2004 en un
documento,
Nanoscience
and Naotechnologies, que firmaron conjuntamente
la Royal Society y la Royal Academy of Engineering, dos instituciones
que
acaban
de sumarse a las recomendaciones de la CST.
Y es que, en efecto, los principales
puntos del informe dejan algunas dudas sobre el proceder del
gobierno, según se explica en
ScienceDaily.
Se reconoce que se avanzó en la definición de estándares
y que se desplegaron algunas iniciativas para crear confianza entre
los consumidores o para favorecer que algunos organismos
internacionales tomaran conciencia del problema que avecinamos. Sin
embargo, se le reprocha no haber tomado medidas para que se produjera
un verdadero avance en el conocimiento de la potencial toxididad de
las nanopartículas y se insinúa que muchas de las
actuaciones sólo buscaban ganar tiempo y aparentar inquietud
más que una verdadera voluntad de estar en la vanguardia
mundial de estos problemas.
En el Reino Unido se invierten cada año
unos 90 millones de euros en nanotecnología y unos 800.000
euros (el 0.6%) en explorar los efectos tóxicos,
sanitarios y ambientales. El gobierno se comporta como si este
trabajo no fuera urgente. Hay un debate sobre si es correcta la
política que siguen algunos gobiernos, el británico
incluido, de asignar recursos para investigar sobre los riesgos
inherentes a los nuevos materiales de escala nanométrica en
convocatorias competitivas, como si se tratara de otro de los muchos
asuntos sobre los que se puede investigar. Por su parte el 7 Programa
Marco europeo, dotado con unos 7 mil millones de euros al año
para la investigación en todas las áreas del saber, ha
apartado 3 mil millones para la nanotecnología que deben
gastarse antes del año 2013. Pero ninguno, informa
BBC
News, se ha destinado específicamente para los
estudios de impacto.
Se olvida así de que la mejor
política, la que desea la ciudadanía, es la preventiva,
no sólo porque es más barata, sino porque es la que
mejor expresa la confianza que sigue manteniendo en sus
administradores. Los nanotemores están justificados. Todos los
informes coinciden en que debemos andar con mucho cuidado y,
en consecuencia, no basta con tímidas acciones que permitan a los
gobiernos salvar las apariencias, sino que demandan megapolìticas
o, en otros términos, más recursos, buenos programas y
mucha transparencia.