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martes, 01 de mayo de 2007

Arovecha desde hoy que es fiesta para escuchar y aprender el himno de Madrid que mañana 2 de mayo, día de la Comunidad, podrás cantar en la Puerta del Sol. Ya sabes que aunque sea un canto secreto fue compuesto por Agustín García Calvo por encargo de Joaquin Leguina.

Hace unos días tuve otra vez la suerte de escuchar a Agustín García Calvo. Dio una charla con el título El común contra la persona, primorosamente resumida en Poesí@ urBAna, para defender lo contrario de lo que creo me llevó a escucharle en MediaLab de Madrid. En síntesis, nos contó que los idiomas, al contrario de la lengua, son de alguien, tienen patria y/o dueño. Siempre, en consecuencia, hay alguien (el poder, el dinero, el estado, las corporaciones) que tiene facultades para dar y quitar la palabra, de poner o suprimir apostillas y, en fin, de hacer mucha algarabía cuando habla quien acepta premios, recompensas, títulos, honores o cátedras.


En tales circunstancias es muy difícil (imposible e iluso, cree Agustín) que los idiomas no le den la razón a quien los costea o, en otros términos, que los idiomas no sean el último baluarte de la razón impuesta: el habla de los dueños. La lengua, en cambio, no sigue las reglas de ninguna gramática, simplemente brota, sin intentar ser portavoz de nada ni de nadie. No sabe suplantar la persona, no trata de hablar por todos o de fabricar consensos, ni tan siquiera trata de parecer razonable: simplemente mana, sin ocultar a la persona que habla, sin disolverla en ninguna impostura, como la nación o el mercado. La lengua no se sacrifica en aras de la comunicación o la comunidad: sólo brota.

Cerca del final del acto, Agustín García Calvo, “...uno de los pocos maestros en un país repleto de profesores”, como nos recuerda César Rendueles en Rebelión, se acusó de haber compuesto el himno oficial de la Comunidad de Madrid por encargo del presidente Joaquín Leguina. “No se que diablos pudo suceder ahí -recuerda Agustín- para que le viniera esa ocurrencia”, pero el caso es que aceptó por ser Madrid “...la última y el colmo de las Autonomías”. De pronto, allí en Conde-Duque, aparecieron sus devotos leales, algunos de los cuales van cada miércoles al Ateneo a su tertulia, y se pusieron a cantar el himno. Los del MeadiaLab grabaron aquella interpretación espontánea y la han subido a Youtube, de donde la tomo para que nos enteremos de qué va, cómo suena y qué dice. Y aquí, con la letra, está sin más:




Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto.
Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
¡Viva mi dueño,
que, sólo por ser algo,
soy madrileño!
Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
«De Madrid, al cielo».

Todavía habrá muchos, García Calvo incluido, que dirán que la blogosfera no sirve para nada. Hoy al menos damos a conocer un canto discuitible. ¿De verdad merece permanecer en secreto este "símbolo" de la identidad madrileña? ¿De verdad es tan malo? ¡Qué sabio era ya el maestro!

5:41 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (3)