Arovecha desde hoy que es fiesta para escuchar y aprender el himno de Madrid que mañana 2 de mayo, día de la Comunidad, podrás cantar en la Puerta del Sol. Ya sabes que aunque sea un canto secreto fue compuesto por Agustín García Calvo por encargo de Joaquin Leguina.
Hace unos días tuve otra vez la
suerte de escuchar a
Agustín
García Calvo. Dio una charla con el título
El
común contra la persona, primorosamente resumida en
Poesí@
urBAna, para defender lo contrario de lo que creo me llevó
a escucharle en
MediaLab
de Madrid. En síntesis, nos contó que los idiomas, al
contrario de la lengua, son de alguien, tienen patria y/o dueño.
Siempre, en consecuencia, hay alguien (el poder, el dinero, el
estado, las corporaciones) que tiene facultades para dar y quitar la
palabra, de poner o suprimir apostillas y, en fin, de hacer mucha
algarabía cuando habla quien acepta premios, recompensas,
títulos, honores o cátedras.
En tales circunstancias es muy difícil
(imposible e iluso, cree Agustín) que los idiomas no le den
la razón a quien los costea o, en otros términos, que los
idiomas no sean el último baluarte de la razón impuesta: el habla de los dueños. La lengua, en cambio, no sigue las reglas
de ninguna gramática, simplemente brota, sin intentar ser portavoz de nada ni de nadie. No sabe suplantar la
persona, no trata de hablar por todos o de fabricar consensos, ni
tan siquiera trata de parecer razonable: simplemente mana, sin ocultar a la persona
que habla, sin disolverla en ninguna impostura, como la nación
o el mercado. La lengua no se sacrifica en aras de la comunicación
o la comunidad: sólo brota.
Cerca del final del acto, Agustín
García Calvo, “...uno de los pocos maestros en un país
repleto de profesores”, como nos recuerda
César
Rendueles en Rebelión, se acusó de haber compuesto
el
himno
oficial de la Comunidad de Madrid por encargo del presidente
Joaquín Leguina. “No se que diablos pudo suceder ahí
-recuerda Agustín- para que le viniera esa ocurrencia”, pero
el caso es que aceptó por ser Madrid “...la última y
el colmo de las Autonomías”. De pronto, allí en Conde-Duque, aparecieron sus
devotos leales, algunos de los cuales van cada miércoles al Ateneo a
su tertulia, y se pusieron a cantar el himno. Los del MeadiaLab
grabaron aquella interpretación espontánea y la han
subido a Youtube, de donde la tomo para que nos enteremos de qué
va, cómo suena y qué dice. Y aquí, con la letra, está
sin más:
- Yo
estaba en el medio:
-
giraban las otras
en corro,
-
y yo era el
centro.
-
Ya el corro se
rompe,
-
ya se hacen
Estado los pueblos,
-
Y aquí de
vacío girando
-
sola me quedo.
-
Cada cual quiere
ser cada una:
-
no voy a ser
menos:
-
¡Madrid,
uno, libre, redondo,
-
autónomo,
entero!
-
Mire el sujeto
-
las vueltas que
da el mundo
-
para estarse
quieto.
|
- Yo
tengo mi cuerpo:
-
un triángulo
roto en el mapa
-
por ley o decreto
-
entre Ávila
y Guadalajara,
-
Segovia y Toledo:
-
provincia de toda
provincia,
-
flor del
desierto.
-
Somosierra me
guarda del Norte y
-
Guadarrama con
Gredos;
-
Jarama y Henares
al Tajo
-
se llevan el
resto.
-
Y a costa de
esto,
-
yo soy el Ente
Autónomo último,
-
el puro y
sincero.
-
¡Viva mi
dueño,
-
que, sólo
por ser algo,
-
soy madrileño!
|
- Y
en medio del medio,
-
Capital de la
esencia y potencia,
-
garajes, museos,
-
estadios,
semáforos, bancos,
-
y vivan los
muertos:
-
¡Madrid,
Metrópoli, ideal
-
del Dios del
Progreso!
-
Lo que pasa por
ahí, todo pasa
-
en mí, y
por eso
-
funcionarios en
mí y proletarios
-
y números,
almas y masas
-
caen por su peso;
-
y yo soy todos y
nadie,
-
político
ensueño.
-
Y ése es
mi anhelo,
-
que por algo se
dice:
-
«De Madrid,
al cielo».
|
Todavía habrá muchos, García Calvo incluido, que dirán que la blogosfera no sirve para nada. Hoy al menos damos a conocer un canto discuitible. ¿De verdad merece permanecer en secreto este "símbolo" de la identidad madrileña? ¿De verdad es tan malo? ¡Qué sabio era ya el maestro!