LoginRSS 2.0 Feed

viernes, 13 de abril de 2007

Un nuevo libro sobre la aplicación de ondas electromagnéticas en la guerra por el control de la mente vuelve a poner de actualidad el poco control que nuestra sociedad tiene sobre el uso (y potencial abuso) de las nuevas tecnologías.

Hay mucha información en la web que habla de cambios profundos en los asuntos militares. Nick Begich, director de The Lay Institute on Technology, habla incluso de la emergencia de una primera revolución tecnológica militar.  Y, la verdad, me quedé sorprendido, pues no están tan lejanas las noticias sobre la guerra química, la biológica, la nuclear y, más recientemente, la electrónica. ¿Qué podría ser lo siguiente? La mencionada revolución tiene que ver con el desarrollo de la llamada neuroseguridad y la guerra cerebral.


La reciente aparición de Minds Wars, un libro de Jonathan D. Moreno, explica con cierto detalle cómo desde los años previos a II Guerra Mundial ya comenzaron los experimentos militares con ondas electromagnéticas y psicotrópicos en un intento de influir en la conducta humana. No es sin embargo hasta los años sesenta del siglo anterior cuando estas investigaciones comienzan a adquirir una intensidad muy considerable.

Según Moreno, el 30% de toda la investigación académica realizada en los Estados Unidos en los ámbitos de la psicología y la neurofisiología s ha sido financiada directa o indirectamente por los militares y los servicios de inteligencia.

El objetivo de la mayor parte de tales estudios, promovidos por la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA), era (y es!) crear un modelo electromagnético del cerebro y, a continuación, averiguar cómo podría ser alterado mediante pulsos de ondas o, en otros términos, cómo influir a distancia en la circuitería neuronal para provocar desde parálisis o efectos narcotizantes, hasta fuertes estímulos emocionales o graves crisis de memoria.

Hay un debate sobre el (supuesto) control de la mente que va ganando intensidad y que, por supuesto, niegan las autoridades militares, ignoran los media y silencian los académicos. Quienes hablan de estos asuntos son acusados de conspiparanoia. Pero Cheril Welsh, director de Mind Justice, no se resigna y, junto con otros activistas, lleva años dedicada a recopilar información sobre el uso y los efectos de los campos electromagnéticos sobre el cuerpo humano que, cuanto menos, prueban que hay muchos intereses ocultos empeñados en confundir a la opinión pública.

Porque, no lo olvidemos, además de los militares, también manufacturan incertidumbre las grandes corporaciones energéticas y las del sector de las telecomunicaciones. Pero la cuestión del control de la mente, evocadora de la peor pesadilla sobre el papel de las nuevas tecnologías, es un asunto que empieza a ser visto como más cercano de lo que se reconoce. Al menos esta es la idea de Welsh que, para reprocharle a Moreno haber pasado sobre este asunto como sobre ascuas, ha escrito una aplastante reseña de 101 páginas, bajo el título The 2006 Government Mind Control Debate.

Ya hemos tratado el tema de la electrosensibilidad. Ahora, sin embargo, lo que queremos no es hablar del cerebro como un nuevo y suculento ámbito de negocios (como ya hicimos en mundialización de la tristeza o en medicalización de los perros), sino acercarnos a esta nueva deriva que trata de convertirlo en un campo de batalla. Insistimos, no estamos hablando sólo de acciones dirigidas al llamado lavado de cerebro (brain washing), sino a nuevas tecnologías que faciliten la lectura del cerebro (brain reading). Nos referimos al desarrollo de procedimientos que permitirían la violación, manipulación, destrucción y saqueo de ese sancta santorum de la libertad e identidad individual que llamamos mente.

Todavía no hay transplantes de cerebro o, según se mire, de cuerpo. Cuando se hagan, habrá que considerarlo parte del procomún, tal como sucede con los otros órganos tras ser separados del cuerpo original, para así evitar el tráfico de órganos y todas las formas de criminalidad asociadas a este mercado. ¿Y las ideas? ¿No habría que darles el mismo tratamiento que a los órganos y así ponerle coto a la ambición de quienes quieren saquearlo?

14:12 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (8)