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martes, 10 de abril de 2007

En el mundo debería haber más personas intersexuales (gentes que no son machos ni hembras) que albinos y, sin embargo, son invisibles.

tecnocidanos_cumple_2_añosCualquiera que haya estado atento a lo que pasaba estos últimos años ha tenido que enterarse de la diferencia entre sexo y género. Sexo tiene que ver con la biología que nos condiciona y género con la cultura que nos modula. Tal deslinde era de gran importancia para las mujeres porque les permitía sacudirse todos los estereotipos sociales (que no determinantes genéticos) que las fuerzan a encarnar valores y conductas impuestas y no elegidas.


Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas, como se explica en Thinking Girl, pues el 1,7% de los nacidos (5 cada día en USA) son intersexuales o, en otros términos, gentes cuyo aparatro reproductor o sexual no es de macho o de hembra. La intersexualidad es más común que el albinismo, pero poca gente ha oído hablar de sus existencia. Lo más extraño es que es considerada una emergencia médica que debe ser corregida de forma urgente.

Así las cosas, queda entonces claro que, como explicó Anne Fausto-Sterling en Sexing the Body, sexo y género son dos categorías culturales diseñadas para imponer (un) orden en el mundo. Los monstruos, los que salvan su digamos natural intersexualidad, son gentes condenadas a la exclusión social. Este es el moto que anima la resistencia de los miembros de la Intersexuality Society of North America.

La cosa se explica rápido. Cómo hemos aprendido en la escuela que hay dos sexos, la aparición de otra cosa es considerada monstruosa y, por tanto operable. De forma que nuestras instituciones médicas actuando como brazo armado (de bisturí) de las políticas corrigen la supuesta desviación y reafirman (construyen, deberíamos decir) nuestra condición de especie con dos sexos, eliminando la existencia de los antiguamente llamados hermafroditas.

¿Aciertan los cirujanos al asignarle un sexo a la persona nacida intersexual? Para saberlo, tienen que esperar a que el niño/a sea adulto/a y entonces comprobar si sexualmente es heterosexual (o, al menos, bisexual). Si es así, entonces la operación fue correcta. Sí, la contabilizan como un éxito médico. Recapitulemos. El neonato recibe un sexo que le “cure de su enfermedad” y, más tarde, sabemos que se curó cuando comprobamos que se comporta de acuerdo con los mismos prejuicios que determinaron la necesidad de meterlo en el quirófano.

En otras palabras que la tan aplaudida distinción entre sexo y género es insostenible, pues ambas categorías, como dice Judith Butler, son una performance.  En todo caso lo que Fausto-Sterling defiende es que la sexualidad no es dicotómica sino que se asienta sobre un continuo que, como mínimo, debería dar cabida a la existencia de 5 sexos.

4:45 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (17)