Cada día parece más claro que la visualización de datos parece una nueva frontera de la cultura digital.
El jueves estuve en una conferencia de José Luis de Vicente (
fotos) en el
MediaLab del Conde Duque sobre visualización y estética de los datos. Lo que me propongo es escribir un pequeño resumen de lo que (creo) dijo o, en otros términos, de lo que más me gustó. Sobra decir que pasé muy buen rato y tengo la impresión de que todos estuvimos muy a gusto. De todos modos, si no me hubiera pedido
Tíscar
que le contara lo que pasó tal vez no estaría escribiendo este post.
El argumento principal fue que el diseño de datos es una actividad de muy alto nivel cognitivo, de mucha enjundia intelectual y de un sorprendente valor poético. Para comenzar su presentación tuvo la amabilidad de ponernos dos ejemplos que fueron muy clarificadores: uno mapa de
Charles Joseph Minard y otro de
John Snow.
El primero era una representación de la
desastrosa campaña rusa de Napoleón
(salió de Francia con 600.000 tropas y regresó derrotado con apenas 4000) que despliega en un plano (una hoja) cuatro variables independientes (evolución del número de soldados en el espacio, el tiempo y el clima). La simple visión de este imagen, presentada como un modelo insuperable de cómo diseñar la información para que su comunicación sea eficaz, explica mejor que mil libros la desmesura imperial y la magnitud de la derrota.
La otra imagen es un
mapa epidemiológico (aquí el
original)
elaborado por
John Snow, (ver la
página de UCLA
sobre Snow) quien para averiguar cuál podría ser la causa de una epidemia de cólera en Londres situó en un mapa callejero los muertos. Descubrió así que había una gran concentración de fallecidos en las proximidades de una fuente. De ahí surgió la idea de que el contagio no se producía por el aire, sino por la ingestión de agua. El asunto es que esta hipótesis sobre la transmisión contradecía el paradigma dominante.- Pero, de nuevo, no es de historia de la medicina de que quería hablar Jose Luis sino de la información o, en otras palabras, de cómo una buena estructuración de los datos puede convertirse en un motor del conocimiento (ver
otros ejemplos paradigmáticos).
Una vez terminada la introducción adelantó las premisas conceptuales que configuran su relación con el mundo visual. No tardó ni un minuto en decir que de lo que se trata es de pensar con los ojos, un lema que calificó como la clave del diseño visual. El problema es cómo hacer que emerjan patrones de conducta o de recurrencia delante del caos que representa una masa de datos (data set) inicialmente inconexa. Y para lograrlo hay muchas tecnologías, pero todas tiene en común la voluntad de espacilizar una representación que se hace tras el filtrado de los datos según un número finito de variables independientes.
Espacializar, sin embargo, no equivale a proyectar sobre un plano o un poliedro puntos, trazas o imágenes. Implica también un puñado de decisiones de de naturaleza estética (disposición en el plano de los resultados, colorido o tamaño de cada una de sus partes) si queremos mejorara la eficacia comunicativa. No se trata entonces de decorar las imágenes, sino e convertir su dimensión estética un un elemento con significación semántca. Es decir, que todo cuando se ve tiene un significado preciso que pueden (o deberían) interpretar todas las máquinas y todos los programas.
El resto de su charla fue tan interesante como clara. Quienes le escuchamos pasamos un buen rato, pues dedicó todo el tiempo a comentar un puñado significativo de casos y proyectos (algunos) emergentes. Y quedó claro que el tema lo domina, como no podía ser menos dada su condición de subdirector de
ArtFutura.
Así nos fue desgranado, entre otros,
colorcode,
newsmap,
10x10,
they rule o
chicagocrime,
para acabar hablándonos de
Ben Fry y el proyuecto
Processing.
Hubo mucho más y no quiero extenderme más de lo necesario.
Personalmente lo que más me llamó la atención fue
WorldProcessor,
una utilidad creada en 1998, diseñada para visualizar
crisis globales emergentes,
y que en la actualidad archiva más de 300 globos. También me sorprendieron los intentos de crear las llamadas
bases de datos de las intenciones, un bonito nombre para identificar los muchos proyectos que quieren guardar las búsquedas que hacemos para acabar conociendo el perfil de los usuarios y quizás saturar el mercado con nuevas mercancías. El relato que nos hizo del incidente provocado por
AOL Search Database mostraba a las claras que el derecho al anonimato o la pertinencia cognitiva de muchas de las visualizaciones mostradas están planteando algunas dudas de carácter ético.
Sabemos que a José Luis le preocupan estos asuntos porque sin que nadie le pidiera explicaciones lamentó haber traído tantos ejemplos que mostraban las muchas conductas delictivas o realidades críticas que estaban
sacando a la luz sus ejemplos. Afirmó no ser un moralista, pero con esta declaración hizo evidente la pertinencia de algunas preguntas
sobre estos gadgets tan molones.
El asunto no es cómo visualizar, sino qué queremos hacer visible. Y es que aunque estos mapas se basen en datos y estén mediados por tecnologías, hay algunas decisiones que toma el diseñador de información, el "cartógrafo", que tienen que ver con la escala de la representación, las variables que van a utilizarse y las bases de datos que se consideran fiables, que constituyen decisiones personales, más o menos fundamentadas, que pueden alterar dramáticamente la interpretación de lo que se ve o, mejor dicho, de lo que se muestra. Serían entonces un tipo de entes diseñados para provocar visualizaciones forzadas.
Más aún, como las visualizaciones se hacen para potenciar nuestras facultades cognitivas, aumentando considerablemente los datos manejados a la par que reducimos el tiempo para entenderlos, podríamos decir aquello de que en materia de información además de mentiras, medias verdades, y estadísticas, también hay visualizaciones. Y entonces quizá tendríamos que distinguir entre visualismo y visuailización.