LoginRSS 2.0 Feed

viernes, 16 de marzo de 2007

Las cárcel de Abu Ghraib es el escenario de probados crímenes contra la humanidad, denuncia P. Zimbardo en su última lección en la Universidad de Stanford.

Hace unos días el profesor Philip Zimbardo aprovechó su última lección en Stanford University para efectuar una demoledora crítica contra los responsables del secuestro y tortura de los supuestos miembros de Al-Qaeda que fueron encerrados, sin ninguna garantía procesal, en la ominosa cárcel iraquí de Abu Ghraib (Irak). Zimbardo, quien fue presidente de la American Psychology Association, se hizo famoso hace más de tres décadas por el Stanford Prison Experiment (1971).


El experimento (ver el vídeo resumen) consistió en meter en la cárcel a 24 hombres (cobraba cada uno 15 dólares diarios), sorteando engre ellos los roles de carcelero y prisionero. El caso es que los participantes (ninguno con antecedentes delictivos) comenzaron desde el segundo día a comportarse según patrones sádicos e inhumanos, al extremo de que el experimento que debiera haber durado dos semanas fue cancelado a los 6 días.

La tesis del profesor Zimbardo, nos enteramos gracias a open culture, se explica pronto. Cuando somos sometidos a condiciones extremas se diluyen los frágiles hilos que nos sujetan a lo humano, para convertirnos en monstruos feroces (ver Arlene Goldbard). Así, el embrutecimiento colectivo de los guardianes fue consecuencia (efecto Lucifer, le llama Zimbardo) de la atmósfera en la que operaron, caracterizada por la vulneración de todas las garantías jurídicas y humanitarias que el ordenamiento internacional otorga a los prisioneros de guerra.

No habiendo duda, explica Zimbardo, de los paralelismos entre el mencionado experimento californiano y la cárcel iraquí, el delito que allí se cometió (en absoluto explicable por la teoría de la manzana podrida, insiste Zimbardo) es contra la humanidad y los culpables hay que buscarlos entre los altos cargos de la administración y del ejercito norteamericano. Con la prácticas crueles, los torturadores no están exentos de responsabilidad (si es que todavía confiamos en el libre albedrío), pero cuando sean sentenciados con penas de cárcel, queda pendiente de juicio el delito cometido por quienes favorecieron el ambiente opresivo de Abu Grhaib.

Merecen una condena para que sepan ellos y sus amigos que con su conducta, suspendiendo el ordenamiento jurídico, más que protegernos, nos están aterrorizando.

4:30 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (2)