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domingo, 11 de marzo de 2007

Producir nuevas formas de visualizar el mundo está dejando de ser un privilegio de las elites académicas, administrativas y corporativas.

Cada vez es más fácil y más barato tirar fotos o grabar vídeos. Y cuando publicamos imágenes (vía Flirck o YouTube) estamos dándole valor a una cierta manera de ver las cosas, situando la perspectiva desde la que queremos mirar el mundo, así como los objetos que miramos, en un plano de relevancia que, quizás, nunca antes estuvieron o podíamos ni imaginar. Pero no todas las imágenes son tan fáciles de realizar, ni son tan accesibles.

Los mapas y las gráficas, por ejemplo, son un tipo de iconografía que permiten hacer visibles conflictos, relaciones o estructuras sociales que no son “filmables” y que, en términos generales, muestran objetos que permanecen ocultos bajo el peso de las modas, las mayorías, los tópicos o los intereses mediáticos, académicos o corporativos de las elites.


Para producir cartografías y estadísticas no basta con tener una máquina de fotos, necesitamos máquinas más complicadas y costosas. Hacen falta bases de datos, mapas y otros dispositivos que permitan mostrar dinámicamente cómo evolucionan en el tiempo o en el espacio un problema. Si, por ejemplo, tuviéramos series de datos de renta per capita, coste de la vivienda, incidencias de orden público y tendencias de voto, tal vez podríamos mostrar gráficos y cartografías que probarían la inconsistencia de nuestras políticas o la invisibilidad social de los conflictos.

También podríamos correlacionar la aparición de OVNI y criminalidad, o las veces que aparece en los telediarios la palabra crisis con el número de divorcios. O, en otros términos, que habiendo datos y herramientas que los comparen puedo “probar” casi cualquier cosa, lo que nos conduce directamente a la cuestión sobre la ética que subyace detrás de cada visualización. No es de esto, sin embargo, de lo que quiero hablar.

En fin, lo que quiero decir es que lo que es visible o permanece oculto es consecuencia de muchas decisiones políticas y tecnológicas. Si los datos obtenidos con fondos públicos fueran de libre acceso y dispusiéramos de medios para hacerlos visibles, entonces cualquier colectivo podría participar en la escena política tratando de objetivar y mostrar a los demás su propia manera de visualizar los problemas que le preocupan. Por supuesto siempre podremos escribir relatos más o menos literarios o ensayísticos sobre la realidad que vivimos, pero habrá que convenir que este tipo de representaciones se prestan menos a amplios consensos que las que, basadas en datos, pueden traducirse en mapas, cuadros o gráficas.

Y este es el objetivo de dos webs de reciente aparición. Swivel, cuya versión beta es de diciembre de 2005, y Many Eyes (nacida en enero de 2007) permiten introducir datos de diferente naturaleza en sus servidores y después compararlos entre sí para tratar de saber si se dan algunas convergencias que permitan establecer leyes o tendencias. Crear un You Tube for data fue el eslogan de lanzamiento de Swivel. Aunque hay diferencias significativas entre Swivel y Many Eyes, la filosofía que sostiene ambos proyectos es simple: si los datos se hacen públicos y pueden ser ampliados, discutidos y etiquetados por los internautas, se puede aspirar a crear un fondo de visualizaciones solicitadas por los usuarios.

Admitimos que algunas, tal vez muchas, serán inútiles, fracasadas o manipuladas, pero en su conjunto no sólo irán decantándose (pensamos en la Wikipedia) para producir conocimiento nuevo y contrastado, sino también nuevos lugares donde producirlo al margen de la academia, la empresa o la administración, y distintas maneras de entender lo que significa conocer, incluyendo diversas estrategias para diseñar objetos y producir objetividad. Lo que está en juego, entonces, es quién, cómo y dónde producir autoridad y, en consecuencia, quién, cómo y dónde puede legitimar nuevas formas de sensibilidad (mirar) y de sociabilidad (ver).

17:32 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (5)