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viernes, 02 de marzo de 2007

Aunque parezca raro, muchos profesores e investigadores en humanidades creen que el open access es un movimiento que no les afecta.

Hasta ahora siempre que se hablaba de open access parecía implícito que nos referíamos a las ciencias experimentales (física, biología. medicina, computación,...) y, en menor medida, a las sociales (sociología, psicología, derecho, antropología, economía,...). Pero lo cierto es que el movimiento ha llegado a las humanidades.


Y, al parecer, ha sorprendido a los propios historiadores, filósofos, filólogos y críticos literarios. Ya habíamos comentado como los Research Councils del Reino Unido (RCUK) habían recomendado a todos sus 8 Consejos integrantes (uno por cada gran área del saber) una política clara de open access. Y así para que este desideratum tuviera la fuerza de un mandato se han ido librando recursos para financiar los repositorios y, cuando corresponda, la compra a las revistas de los derechos de difusión abierta.

Philip Esler, jefe ejecutivo del Arts & Humanities Research Council, no ha estado muy diligente en sus responsabilidades, sino que, por el contrario, ha adoptado una conducta que muchos están interpretando como dilatoria. Para asegurarse de que el gesto no se corresponde con la realidad, Richard Poynder, editor del blog Open and Shut?, le ha hecho un entrevista que publicó el 26 de febrero último.

La pregunta y respuesta que aquí nos interesa son como sigue:

RP.: Algunos argumentan que el Open Access suscita diferentes problemas en las artes y humanidades que en la ciencias. ¿Está usted de acuerdo?
PE.: En mi opinión, los principios del Open Access son tan aplicables a las artes y humanidades como a las ciencias.

Esto significa que las publicaciones resultantes de proyectos financiados con fondos públicos deberan ser de libre accesso pasado un breve plazo de tiempo -entre seis y doce meses, según los criterios que hoy suscitan mayor consenso-. En humanidades, el asunto tiene especiales connotaciones pues afecta a las monografías que, a diferencia de los que sucede en ciencias, publican los investigadores del área.

Ya hay quien se ha pronunciado (ver la declaración de la American Association of University Presses) sobre el asunto para defender que los libros siempre fueron escritos con fines de lucro y, en consecuencia, deberían quedar al margen del debate sobre open access. Los editores deben saber, sin embargo, que quienes defienden el open access no están proponiendo un nuevo modelo de negocios sino una política de acceso a la información financiada con recursos públicos. O, en otros términos, que deberían ponerse a pensar cómo adaptarse a los nuevos tiempos.

5:12 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (2)