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jueves, 22 de febrero de 2007

La introducción de la nanotecnología incrementará notablemente la complejidad del mundo que vivimos, lo que nos obliga a imaginar formas más ocurrentes y abiertas de gestionarlo.

La nanotecnología y la biología sintética han aprendido una lección que parecía imposible de aceptar: han aceptado que la introducción de una nueva tecnología ha de realizarse en el marco de un gran pacto social en el que estén involucrados todos los actores, desde los científicos y empresarios, hasta los ciudadanos y las ONG.

Y así, no está siguiendo el ejemplo de la energía nuclear o el de los organismos genéticamente modificados (introducidos por las biotecnologías) que, verlo en Emilio Muñoz, tanto rechazo social produjeron. Los nanotecnólogos, como comprobará quien siga nanopublic, se están implicando a fondo (y en el peor de los casos no rechazan) en la búsqueda de nuevas formas de comunicación social y participación ciudadana. Semejante esfuerzo de innovación ha dado sus frutos en el concepto de gobernanza anticipatoria (anticipatory governance).


Todos los días nos enfrentamos a encrucijadas sociales que, como las crisis de la vacas locas, la lluvia ácida, la destrucción de la capa de ozono y de la biodiversidad, por no hablar de la sucesión de crisis sanitarias, alimentarias, mediomabientales o energéticas, que, en su conjunto nos ponen ante amenazas y/o incertidumbres que ya nunca van a desaparecer del todo. Lo más probable es vaticinar que tras una amenaza, vendrá la otra, de la gripe aviar al cambio climático, y de la proliferación de alergias a la contaminación de las aguas. Hablamos de unos males que podríamos llamar civilizatorios y que no se curan con pastillas ni decretos, sino que demandan profundos cambios en nuestros modos de vivir.

Nos enfrentamos pues a la inminencia de graves decisiones y que se hacen, si cabe, más agudas, cuando nos referimos a la pronta proliferación de mercancías, basadas en nuevas tecnologías, de las que ignoramos las consecuencias que puedan derivarse sobre la salud o el medioambiente. Y, en fin, podemos adoptar una actitud tecnófoba y oponernos a su implantación. Lo más probable, sin embargo, es las aceptemos después de discutir sobre cuántos riesgos queremos asumir y cómo repartir equitativamente los males que puedan sobrevenir.

Y en esto consiste la gobernanza. El sistema de la gobernanza asume que las soluciones no pueden ser tecnocráticas (tomadas por los juristas y expertos en la tecnología de la que se trate) sino que deben consensuarse entre todos los actores implicados. La gobernanza, en consecuencia, implica mayor transparencia en la información y toma de las decisiones, mayor participación y compromiso social. Su objetivo principal es elaborar un catálogo compartido de respuestas ante las distintas amenazas y códigos de conducta sobre cómo gestionarlas.

La gobernanza anticipatoria tal como lo explica Clark Miller del Center for Nanotechnology in Society (Arizona State University) da varios pasos más adelante. Y, en resumen, hay gobernanza anticipatoria cuando las instituciones del sistema de gobernanza desarrollen las siguientes nuevas funciones:

  • Capacidad para reflexionar críticamente sobre el impacto de la nanotecnología en la sociedad.

  • Capacidad para anticipar (lo que no necesariamente significa prevenir) riesgos, beneficios y cambios.

  • Capacidad para dirigir la innovación hacia objetivos sociales.

  • Capacidad para orientar un diálogo social abierto y exploratorio sobre los futuros escenarios nanotecnológicos.

  • Capacidad para identificar los factores de incertidumbre y las posibles formas de gestionarlos.

  • Capacidad para prevenir las posibles disparidades de poder provocadas por la introducción de la nanotecnología.

  • Capacidad para diseñar estrategias que favorezcan la democratización de la innovación para evitar nuevas escisiones sociales, culturales, territoriales e internacionales.

20:27 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (2)