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viernes, 16 de febrero de 2007

El debate sobre el cambio climático hace evidente la necesidad de repensar el papel de los científicos en la sociedad.

El cambio climático es un problema del que tenemos mucho que aprender. Lo novedoso no es que asuntos de laboratorio se conviertan en noticia de primera portada. Tampoco que estemos delante de un problema que ha reclamado el concurso de miles de científicos o en el que se han involucrado un nuevo elenco de nuevos actores en ciencia (los lobbies petroquímicos y del transporte, las agencias de publicidad, las fundaciones pseudocientíficas, la ONU y un rosario interminable de ONG).


No es novedoso que la gente hable del CO2, que muchos gobiernos se manifiesten preocupados o que algunos economistas hablen ya de un nuevo paradigma económico. La mayor diferencia respecto a otras crísis (accidente de Chernobil, lluvia ácida, vacas locas, capa de ozono o la patente del Tamiflu) es que hay mucha gente preguntándose por el papel de los científicos en nuestro mundo.

La crisis del clima hace evidente la necesidad de un cambio de rumbo. Pero también nos ha enseñado mucho acerca de nuestras fragilidades. Todos hemos asistido atónitos a discusiones que han dejado sin autoridad a la mayoría de los interlocutores. Intoxicar la opinión pública se ha convertido en una actividad rentable que no encuentra con facilidad quien la confronte. Parecería que al hablar del clima vale todo y que la objetividad se ha convertido en algo demasiado elusivo.

Los hechos han sido degradados a la condición de simples datos. Y en muchas ocasiones sólo se escucha la voz de quien puede pagarse mayor audiencia o, en otros términos, mayor espacio en los media. Si esta tendencia se mantuviera, promover la ciencia no sería algo muy distinto que, por ejemplo, vender (con publicidad) libros, programas electorales o sistemas operativos.

Pero volvamos al punto. Cuando se habla de alimentos malsanos, fármacos inútiles, aguas contaminadas, poluciones insostenibles o de enfermedades inventadas, damos por hecho que las discusiones entre expertos son serias y que la ecuanimidad está garantizada por lo poderes públicos o las instituciones organizadoras. En fin , sabemos que los científicos son (los únicos?) capaces de entender los retos que enfrentamos y contamos (mucha gente piensa que tiene derecho a exigir) con su compromiso en favor de la objetividad.

Pero sería muy desgraciado si los investigadores, como ya sucedió en épocas anteriores, olvidaran algunos valores constitucionales de la llamada República de las Ciencias, si antepusieran sus intereses religiosos, nacionales, ideológicos o empresariales; si pudieran ser presa fácil de las tramas corporativas, nacionalistas o fundamentalistas, entonces nuestra manera de entender la política, esa forma de ser socialmente incorporados a lo colectivo como ciudadanos que incluye los ideales republicanos y cívicos, estaría severamente amenazada. La democracia misma se vería en peligro.

Este es el tema que se plantean Jean-Paul Basquiat y Christophe Jacquemin en Automates Intelligents. La tesis que defienden queda clara desde el principio: “[los científicos] no pueden aislarse en su torre de marfil y deben, por el contrario, movilizarse en favor del bien común”. Su deber -este es el lenguaje que se emplea-, es luchar por su independencia y aceptar el rol esencial de ser capaces de prever y diagnosticar la situación.

Para lograrlo, opinan los autores, ha llegado la hora de reclamarles que su conducta sea escrupulosa en el respeto a dos cestas de valores convergentes: la asociada con la voluntad de objetividad (escepticismo organizado, rigor experimental y apertura de los debates) y la asociada al compromiso con la democracia (transparencia pública, justicia redistributiva y participación plural).

El artículo termina asignándoles dos nuevos deberes. El primero, emitir señales de alerta sobre los males que con sus conocimientos puedan anticipar y, el segundo, implicarse en organizaciones activistas para mejorar la calidad de la información circulante, evitar que sean instrumentalizadas por extremistas y promover en la red la ciencia 2.0 y sus formas características de interacción social.

14:03 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)