Todos los días aparece alguien
que discute el valor de Wikipedia. En la penúltima nos
enteramos de que hay instituciones educativas que prohíben su uso como
fuente.
Dado que Wikipedia va camino de
convertirse en la enciclopedia de familiar de consulta, no cesan (y
ojalá no cesen) las polémicas en torno a su veracidad.
La penúltima crisis,
ver
Inside Higher Ed, que tendrá que superar ya está
servida. El
Departamento
de Historia de Middlebury College (Vermont) ha prohibido a sus
estudiantes que citen en sus trabajos de clase contenidos de la
Wikipedia, alegando que se trata de una fuente de información
no contrastada.
Por otra parte, portavoces de la
enciclopedia de dominio público están de acuerdo en que
Wikipedia debería ser utilizada como primer peldaño en
una investigación y nunca como una fuente final. No es que le
falte calidad (recuérdese la
comparación que hizo Nature entre sus contenidos científicos y los de la Británica o el estudio de Nature sobre los contenidos
científicos), sino que sus entradas, como ocurre en cualquier
otra enciclopedia, no pretenden sintetizar todos los posibles puntos
de vista que circulan sobre un tema.
Nada que decir, si lo que los
profesores pretenden es forzar a los estudiantes a utilizar otras
fuentes secundarias de información, como libros y artículos.
Pero la forma en la que se ha producido la noticia y la reacción
de los propios alumnos apunta en la dirección de que estamos
ante un grupo de luddistas que ataca las fuentes de información
abiertas y cooperativas porque se sienten amenazados por las nuevas
tecnologías y los nuevos modos de producción cultural.
La crítica a Wikipedia no se hace extensible a otras
enciclopedias, como la Britannica, ni a otras fuentes de información
que pudieran estar obsoletas o desenfocadas.
Pero es que hay más. No hace
mucho que Roy Rosenzweig publicó
Can
History be Open Source? un estudio aparecido en The Journal
of American History para explorar justamente los contenidos en
historia y ciencias sociales de la Wikipedia. El asunto es complejo
porque por la propia naturaleza de una enciclopedia, la inmensa
mayoría de los artículos tratan asuntos con profundas
connotaciones históricas e historiográficas. Las
conclusiones (estoy seguro de que se harán más y
mejores trabajos sobre el mismo punto) es que sí, que la
historia puede ser de código abierto. Esto significa que, si
bien la prosa es muy mejorable, sus contenidos tienen una calidad
general sorprendente. Las entradas biográficas, en particular,
responden a los estándares de calidad más exigentes y,
desde luego, los contenidos de Encarta no son mejores.
En definitiva que, al comparar
proyectos parecidos, los autores de pago no son más rigurosos
que los voluntarios. Está claro, sin embargo, que la cultura
de autor está mejor escrita que la colaborativa, una
característica que gana importancia conforme nos acercamos a
las humanidades.
Pero volvamos al asunto de partida.
Prohibir el uso
de la Wikipedia es una estupidez, aún cuando aceptemos
que hay un problema, concluía Rosenzweig, si los alumnos/usuarios no entienden que el rigor se alcanza
mediante el contraste de varias fuentes y que nunca debe utilizarse
un solo recurso para formarse opinión. En fin que el peligro no está en Wikipedia sino en esos profesores que no logran enseñar cosas tan básicas.