Enviado el lunes, 29 de enero de 2007 7:16
La defensa de la biodiversidad implica que la descripción de especies debe integrar el procomún.
La biodiversidad es uno de los dones de
la naturaleza que debe ser protegido. Y, desde luego, como el aire,
los fondos oceánicos, el ciclo del agua o la protección
UVA, integra el procomún o, en otros términos, lo que
es de todos y de nadie al mismo tiempo. Defender la biodiversidad
exige conocerla, lo que implica inventariarla. El problema es que la
mayoría de los contenidos taxonómicos aparecen en
revistas de pago (con copyright), mientras que el 95% las plantas que
se estudian pertenecen a zonas del planeta sin recursos para
adquirirlas.
La situación es absurda y da
cuenta de una manifestación más de lo que llamamos
biopiratería. Las
instituciones científicas de los países ricos envían
expediciones a estudiar el uso que hacen las comunidades primitivas
de las plantas y cuando regresan luchan por transformar en patentar
los conocimientos adquiridos. La consecuencia de estas expediciones
es la privatización y mercatilización del saber
autóctono, lo que las convierte, dice Vandana Shiva, en
más
imperialistas que científicas.
Pero hay más. Cuando el acceso a
la descripción de especies está restringido por
derechos de propiedad intelectual o patentes se está
dificultando su monitorización y también la posibilidad
de que se creen amalgamas (
maushup)
de datos que favorezcan la comprensión de los muchos
problemas que plantea la defensa de la biodiversidad. Solucionar este problema es otra obligación de las instituciones democráticas y un hermoso reto para los biohackers.
La salida parece fácil.
Bastaría, como propone
Donat
Agusti en Nature, con exigir que la descripción de
especies vivas se beneficie (sin importar la aproximación
disciplinar) de la misma política de open access que aplicamos
a la secuenciación genética, como ya se hace en
Wikispecies (hasta la fecha con
86,486
artículos), otro de los proyectos financiados por la Wikimedia
Foundation, pues “
life
is public domain”, la vida pertenece al procomún.