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domingo, 14 de enero de 2007

Muchos blogueros aceptan que este tipo de escritura está modificando de forma sustantiva su conciencia.

Bloguear, como escribir, es una actividad de mucho riesgo, como explica Ben Vershbow en if: book. Algunos historiadores de la alfabetización y de la lectura ven el acto de escribir como una forma de tecnologizar el mundo. Aceptar las reglas de la gramática, admitir que la ideas deben seguir un orden sintáctico o comprender que el editor debe respetar las lógicas del mercado, no son actitudes por completo inocentes y, en cualquier caso, son profundamente artificiales. La primera consecuencia que tuvo la convergencia de estas tecnologías fue acabar con la cultura oral, condenándola a ser reducto para la llamada cultura popular.


La escritura produce la noción de autor y también este diálogo íntimo e interminable que mantiene el lector con las palabras que paladea y las que, desde su interior, escucha. Crea entonces la conciencia y su fracaso, dos mercados muy expansivos, uno dirigido por editores y los críticos y el otro por psiquiatras y diseñadores. Hay entonces una estrecha relación entre tecnología, conciencia y mercado.

Y a eso vamos. Lo que nos proponemos es explorar cómo afecta al autor escribir un blog. Y al menos hay tres formas en las que los blogueros, según ellos mismos, podrían estar cambiando el mundo. La primera, lo hemos mencionado varias veces, aumentando su influencia social en asuntos políticos, a expensas de otros media, como la prensa/TV o las universidades. Quienes no aceptan este protagonismo en la llamada segunda revolución de la lectura, se mofan de los excesos de vanidad y cinismo que padecen, como se explica con ironía en ComuniSfera.

La segunda tiene que ver con el impacto que ejerce sobre la vida social e intelectual del bloguero. Quienes escriben un blog podrían hablar horas sobre su naturaleza adictiva; más aún, la mayoría no rechazarían como tema de conversación una discusión sobre la experiencia de ser abducidos por esta tecnología. Pocos negarán que bloguear está modificando radicalmente sus hábitos sociales. Muchos admiten que están cambiando de amigos, de temas de conversación y, en muchas casos hasta de lugares de reunión. En la concepción del ocio, por ejemplo, hay un antes y un después.

Pero hay todavía una tercera “revolución” más elusiva. El hábito de bloguear ha suspendido ese diálogo íntimo característico en el lector. En su lugar, los blogueros se sitúan a medio camino entre las experiencias del hablar y del escribir. La tecnología que emplean fuerza una inmediatez con los problemas que abordan y propicia el tipo de interacciones característico de la plaza pública, sin dejar de hacerse desde, digamos, un puesto aislado de oficina. Y así un post sigue siendo una conversación sin dejar de ser un documento.

Quienes bloguean tardan poco en dejar de percibirse a sí mismos como individuos frente al mundo. Desaparece, en consecuencia, el monólogo interior que da origen al sujeto moderno, protagonista excepcional (principal y heroico) de una epifanía permanente y cotidiana entre mi/su carne y mi/nuestro entorno.

En fin, como explica Chris Bower en Being and Blogging, “bloguear [...] ha alterado profundamente la forma en la que mi mente opera y en la que conceptualizo mi acciones en relación con los otros. En efecto, ya no existo en la misma forma en que existía”.

15:51 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (15)