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viernes, 15 de diciembre de 2006

La convergencia de tecnologías que caracterizan la llamada web 2.0 estaría propiciando nuevas formas de cultura.

La web previa a la crisis del otoño de 2001, la llamada crisis de las puntocom, era muy estática, estaba concebida como una especie de cartelera  de anuncios que utilizaban unos pocos para difundir información, cuando no simple propaganda. Las cosas desde entonces han cambiado considerablemente.

Basta con citar las novedades más exitosas de la red actual para entender la profundidad de los cambios que se han producido. Y aquí es obligado citar la irrupción imparable de los blogs, las wikis, los agregadores y la socialización de los favoritos (social bookmark) y la generalización del etiquetado (tagging) como nueva forma de catalogación de los contenidos.

La convergencia de todos estos cambios es lo que ha permitido a Dale Dougherty, vicepresidente de 0'Reilly, acuñar el concepto de web 2.0, una forma muy sugerente de nombrar la nueva estructura que está tomando Internet por la proliferación de tecnologías que favorecen, como explicó José Luis de Vicente, la participación de tres formas distintas y convergentes:

  • La primera tiene que ver con la generalización de la posibilidad que tenemos de producir contenidos, ya sea de forma individual o corporativa (blogs), ya sea de forma colaborativa (wikis);
  • La segunda consiste en dar a los usuarios la posibilidad de introducir metainformación, sustituyendo la inicial organización taxonómica de los contenidos (un modelo jerárquico, profesional y estético) por una nueva estructura en la que cualquiera puede asignar la etiqueta (tag, hace unos años habríamos dicho key words, palabras clave) que desee a cualquier página (un modelo horizontal, amateur y dinámico).
  • Y, la tercera, tiene que ver con la conversión de la web en una plataforma data inside, circunstacia que se origina en el hecho de que, por un lado, las máquinas tienen capacidad para comunicarse entre sí mediante agregadores (feeder, tales como RSS u otros); cada quien, por otro lado, puede personalizar las fuentes (webs) que le interesa consultar y extraer de ellas las novedades como si cada página fuera una naranja de la que se pudiera exprimir el zumo (los contenidos) y dejar las cáscaras (el diseño).

La gente entonces está construyendo la web cada vez que introduce contenidos, tanto da que redacte una juiciosa reflexión o recomiende una lectura (ver, por ejemplo, del.icio.us), como que introduzca un comentario o una simple etiqueta que luego será detectada por los buscadores cuando se les interrogue sobre ese término o alguno próximo. Así, la frontera entre escritor y lector, como la que existía entre editor y crítico se disuelve de forma acelerada.

La democratización de la semántica no es un asunto del futuro. La creatividad, literaria o erudita, estética o filosófica, tanto para los que manejan palabras como para los que usan imágenes, está al alcance de quienquiera que tenga talento. En fin, en un mundo crecientemente gobernado por la red de redes se están reescribiendo las reglas de los negocios, el mercado, la política y la ciencia.

8:07 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)