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miércoles, 29 de noviembre de 2006

La diferencia entre archivo y biblioteca se disuelve a toda velocidad.

Nuestro mundo está migrando al espacio virtual. La información es quizás el sector que más rápidamente se ha adaptado a los nuevas tecnología de la red. Y si la función de una biblioteca es conservar la información y el conocimiento, entonces nada nos impide afirmar que Internet es el mayor repositorio de documentos de la historia: el Archivo Universal. Pero sabemos también que las bibliotecas son tanto mejores cuanto más facilitan el acceso a los materiales que custodian. La conservación es un criterio de calidad, pero de poco sirve si se obstaculiza el acceso.

Quien esté de acuerdo con este razonamiento, no encontrará extraño que exista un ranking mundial de bibliotecas que se ha elaborado contabilizando las veces que son mencionadas. La tabla con las más enlazadas (columna de la derecha) da mucho que pensar.


Updated Sun, November 26, 2006.
1.citeseer.ist.psu.edu1890000
2.www.stormingmedia.us1590000
3.www.bloglines.com1500000
4.www.questia.com1500000
5.www.gencat.net1300000
6.www.librarything.com1250000
7.www.loc.gov1220000
8.www.collectionscanada.ca1180000
9.www.nla.gov.au1160000
10.www.nlm.nih.gov1150000



La primera es la biblioteca científica on-line CiteSeer, cuyo aspecto en la pantalla se parece al de cualquier buscador, lo que nos obliga a regresar a la imagen de una ventanilla para pensar en bibliotecas. La segunda es Storming Media, un servidor de documentos no clasificados del Pentágono.  La tercera es Bloglines, el agregador de novedades y noticias más popular entre los blogueros. La cuarta es Questia un catálogo de revistas y libros on-line.

En el quinto puesto, nos encontramos la web de la Generalitat de Catalunya, por delante de la Library of Congress (puesto 7), de la web de los Archivos y Bibliotecas de Canada (puesto 8), de la Biblioteca Nacional de Australia (9) y de la National Librery of Medicine (10).

El sexto es para LibraryThing una web en donde cualquier usuario puede introducir los libros que ha leído, con su correspondiente crítica y términos con los que clasificarlos. Semejante información puede ser utilizada para sugerirte recomendaciones o identificar a otros usuarios que compartan los mismos gustos. Hasta la fecha hay más de 100.000 usuarios registrados y el catálogo supera lo siete millones de libros, cien mil reseñas y un thesaurus con más de 10 millones de etiquetas (tags, lo que los bibliotecarios llamaban descriptores o key words).

En fin, que la catalogación que siempre fue el Santo Grial del trabajo de los bibliotecarios pasa a ser otra  tarea colaborativa en esta  marcha acelerada hacia la Biblioteca 2.0.  Sin duda, los bibliotecarios deben estar dándole muchas vueltas a su oficio y preguntándose cómo podrían sobrevivir a la googlelización de la cultura.


14:34 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (23)

Algo pasa cuando los objetivos prioritarios de la política científica no coinciden con las necesidades sociales y humanas más urgentes.

Acaba de aparecer la versión actualizada por Mathers y Locar del muchas veces citado informe Global Burden of Disease que hace una predicción de las causas de morbilidad y mortalidad para el año 2030. No hay muchas variaciones respecto a las predicciones anteriores (ver Burden of Disease Project). La mayor es que los autores han decidido publicarlo (datos y documentos anexos incluidos) en una revista open access, lo que no sólo garantiza el acceso de todo el mundo lo que, sin duda, tiene mucha importancia para los países menos desarrollados.


La novedad del informe ofrece a los editores de Plos Medicine la oportunidad de publicitar una reflexión muy pertinente que Javier Sampedro (El País (28.11.2006) ha sabido reflejar. Are We Publishing "The Right Stuff”? (¿Estamos publicado lo que importa?) es título de un breve texto que correlaciona las enfermedades que de verdad nos amenazan con las investigaciones que se están haciendo. Y el resultado de esta comparación es intrigante.

La principales causas de muerte hacia 2030 serán el SIDA, la depresión grave y la isquemia cardíaca seguidas por los accidentes de tráfico. Los científicos, sin embargo, aunque han mantenido el interés por el SIDA, no publican lo suficiente sobre enfermedades cardiovasculares y pulmonares, diabetes, salud mental y accidentes de tráfico. El problema entonces es que hay un desajuste entre lo que nos mata y lo que nos venden como remedio o, en otros términos, ¿tenemos una política científica que sitúe en el centro de las prioridades las verdaderas necesidades humanas?

Sabemos que se trata de un problema muy complejo. Entre las muchas causas de este desorden es obligado mencionar que los científicos están muy presionados para publicar (publicar o morir) y que es más fácil triunfar arrimándote a la sexy science. También es decisivo que las multinacionales sólo invierten en objetivos de los que esperan obtener grandes dividendos o, dicho con otras palabras, en terapias para ricos.

Y, en fin ya tenemos dos términos decisivos de esta ecuación inquietante: si los centros de investigación asignan las plazas por el número de papers y las corporaciones farmacéuticas asignan sus recursos pensando en los dividendos, entonces algo hay que hacer para restaurar un equilibrio que cada día se degrada un poco más. Hay que luchar para que el desarrollo de la ciencia no tenga un efecto anticommons.

Estamos de acuerdo en que necesitamos más ciencia, pero si los científicos no quieren perder el apoyo social que necesitan tenemos que ponemos de acuerdo en el tipo de ciencia que necesitamos o, en otros términos, distinguir entre lo que hay de ciencia y de $cience en nuestra política científica.

6:30 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)