Algo pasa cuando los objetivos prioritarios de la política científica no coinciden con las necesidades sociales y humanas más urgentes.
Acaba de aparecer la versión actualizada por
Mathers y Locar del muchas veces citado informe
Global Burden of Disease que hace una predicción de las causas de morbilidad y mortalidad para el año 2030. No hay muchas variaciones respecto a las predicciones anteriores (ver
Burden of Disease Project). La mayor es que los autores han decidido publicarlo (datos y documentos anexos incluidos) en una revista open access, lo que no sólo garantiza el acceso de todo el mundo lo que, sin duda, tiene mucha importancia para los países menos desarrollados.
La novedad del informe ofrece a los editores de Plos Medicine la oportunidad de publicitar una reflexión muy pertinente que Javier Sampedro (
El País (28.11.2006) ha sabido reflejar.
Are We Publishing "The Right Stuff”? (¿Estamos publicado lo que importa?) es título de un breve texto que correlaciona las enfermedades que de verdad nos amenazan con las investigaciones que se están haciendo. Y el resultado de esta comparación es intrigante.
La principales causas de muerte hacia 2030 serán el SIDA, la depresión grave y la isquemia cardíaca seguidas por los accidentes de tráfico. Los científicos, sin embargo, aunque han mantenido el interés por el SIDA, no publican lo suficiente sobre enfermedades cardiovasculares y pulmonares, diabetes, salud mental y accidentes de tráfico. El problema entonces es que hay un desajuste entre lo que nos mata y lo que nos venden como remedio o, en otros términos, ¿tenemos una política científica que sitúe en el centro de las prioridades las verdaderas necesidades humanas?
Sabemos que se trata de un problema muy complejo. Entre las muchas causas de este desorden es obligado mencionar que los científicos están muy presionados para publicar (
publicar o morir) y que es más fácil triunfar arrimándote a la
sexy science. También es decisivo que las multinacionales sólo invierten en objetivos de los que esperan obtener grandes dividendos o, dicho con otras palabras, en terapias para ricos.
Y, en fin ya tenemos dos términos decisivos de esta ecuación inquietante: si los centros de investigación asignan las plazas por el número de papers y las corporaciones farmacéuticas asignan sus recursos pensando en los dividendos, entonces algo hay que hacer para restaurar un equilibrio que cada día se degrada un poco más. Hay que luchar para que el desarrollo de la ciencia no tenga un
efecto anticommons.
Estamos de acuerdo en que necesitamos más ciencia, pero si los científicos no quieren perder el apoyo social que necesitan tenemos que ponemos de acuerdo en el tipo de ciencia que necesitamos o, en otros términos, distinguir entre lo que hay de ciencia y de
$cience en nuestra política científica.