Los blogueros, como los pacientes cuando reclaman participar en el dianóstico y terapia de su enfermedad, estarían reivindicando la complementaridad entre el saber experto y el saber profano que los blogs estarían conformando.

La próxima semana vamos a reunirnos en
La Casa Encendida (Madrid) un puñado de blogueros para discutir sobre las nuevas formas de producción de autoridad en la red.
El tema es muy controvertido. El debate sobre la calidad de los contenidos en la Wikipedia o sobre su identidad como una empresa horizontal y colaborativa van en aumento. Por su parte, los blogs han reducido a prácticamente coste cero la producción y difusión de ideas.
La convergencia de las dos tecnologías (blogs para la formación de opinión y wikis para la creación de consensos) da un aliento insospechado a quienes quieren dar valor (y tal vez autoridad) al saber profano. Un par de conversaciones con
Adolfo Estalella sobre estos asuntos fue lo que nos animó a promover blogAUT. Nuevas tecnologías y nuevas formas de autoridad (
programa en pdf, en la home de
madri+d y en la
web de La Casa Encendida).
Las guerras de la ciencia tienen que terminar.
Isabel Stengers ha dedicado una gran cantidad de esfuerzo e inteligencia a explicar su origen y consecuencias y su tesis principal se puede expresar en muy pocas palabras: en los tiempos que corren es absurda la pretensión de los científicos/expertos de que sólo ellos están plenamente capacitados para tomar la palabra en nombre del rigor, el progreso y el bienestar. Los movimientos a favor de la participación ciudadana en medicina prueban que está siendo decisiva la contribución del enfermo en la elaboración del diagnóstico y de la terapia.
Los blogueros, como los pacientes cuando reclaman participar en el dianóstico y terapia de su enfermedad, estarían reivindicando la complementaridad entre el saber experto y el saber profano que los blogs estarían conformando. Nosotros ya hemos dedicado varios post a estos asuntos (sobre los
enfermos con miopatías en Francia, sobre la
electrosensibilidad y sobre el
SIDA).
En términos generales, puede decirse que hay una revalorización del saber profano, un concepto difícil de caracterizar pero que tiene que ver con todo eso que la gente sabe por tradición y propia experiencia y que, hasta no hace mucho, era despreciado por los expertos, tanto en el campo de la medicina, como también en el de la gestión del medio ambiente. Ver
aquí y
aquí sobre la relación entre saber profano y saber local. También merece atención la noción de
democracia sanitaria y de
movilización de los saberes profanos.
Tratar la blogosfera,
ver Zero Seconde, como un vivero de saberes profanos es una intuición seductora. Es verdad que siempre hay gente más pesimista que sólo ve en el blog un
dazibao cuya función es ofrecer opinión sobre opiniones. Mucha cosmética dice Juen Iturbe-Ormaetxe en
La consultoría artesana en la red. Y así, concluyen los escépticos, exageran quienes no dejan de hablar de su potencial para crear un nueva cultura más abierta, colaborativa y cercana a las preocupaciones ciudadanas. Así, en vez de estar conformándose una especie de
nueva sociedad de cronistas, los blogs sólo estarían contribuyendo a llenar de ruido y frivolidad el tradicional imperio de la retórica y de sus instituciones (Escuela, Universidad, Magistratura, Parlamento y Academias).
Mi convicción es que los blogs ya están modificando la agenda de los académicos. Al principio sólo les interesaban como curiosidad, pero ahora no dejan de ensanchar su presencia en las aulas y se multiplican los estudios que hablan de un nuevo género, un nuevo media y un nuevo poder. Es verdad que la mayoría de los blogs son proyectos personales en dónde las opiniones vertidas no se someten a las reglas del debate contradictorio. Los blogs, incluso los escritos por académicos, siguen otras prácticas. Decir que son empresas divulgativas o periodísticas es quedarse muy corto, pues quien así opina está restando validez al llamado saber profano, un saber que no es una mala copia del experto ni mera opinión sobre lo que sucede.
Lo que llega a la pantalla (aquí vale la pena recordar que abundan quienes piensan que a nuestra sociedad pronto le gustará más ver internet que ver televisión) está dando cuenta de las convicciones de los llamados expertos en experiencia. Se trata de un verdadero conocimiento que no imita los procedimientos del saber experto y que también se distancia del más común intercambio oral en la medida en que es más abierto, desvela sus fuentes y admite críticas externas al círculo de confianza en donde generalmente acontece la oralidad. Más aún, al estar digitalizado puede movilizarse a la velocidad de la luz por copistas y comentadores, además de por los buscadores y los agregadores.