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sábado, 14 de octubre de 2006

Atraer gente a la ciencia sigue siendo un objetivo estratégico para cualquier política científica que se precie. Pero, ¿es sexy la ciencia?

La serie de post sobre los Nobel está terminando. Entre tanto, vuelvo sobre la noción de sexy science, un concepto que cabe interpretar de dos maneras. La primera tiene que ver con la ciencia que es mediática y que es presentada como una actividad con mucha musculatura cerebral, tecnológica e institucional. Cuando piensan en ella, a los gobernantes y a los periodistas se les llena la boca de grandes promesas, grandes presupuestos y grandes instituciones. Pero hay otra acepción que nos conecta con la sensualidad, la diversión y la levedad. En este caso, los políticos y los gestores se comportan como si tales aspectos no tuvieran ninguna relevancia para la ciencia. Pero se equivocan.


Cada día parece más obvio que disminuye el número de estudiantes que quiere enrolarse en las ciencias duras. En particular, parece que la física, la química, las matemáticas y algunas ingenierías están siendo abandonadas por los jóvenes. Esta parece ser la situación en Suiza, Reino Unido y Canadá. No me he molestado en buscar más evidencias en otros países, pero creo que no sería difícil encontrar los datos que justifiquen la afirmación de que estas ciencias no atraen a la juventud. Son poco sexis. Algunos observadores han explicado que se trata de disciplinas muy duras y en las que es difícil destacar.

Por otra parte, sigue el goteo de estudios que tratan de explicar el problema de la demasiado lenta incorporación de las mujeres a la ciencia y que comienzan a converger en que las mujeres a) quieren una vida menos unidireccional de lo que exige la carrera científica y b) que cuando, pese a todo, optan por una vida científica, prefieren especialidades vinculadas a objetos menos abstractos y más cercanas a cuestiones humanas.El debate está abierto y casi todas las respuestas cuentan con sus partidarios.En todo caso gana crédito la tesis de que la ciencia o, mejor aún, algunas disciplinas científicas son nada sexis.

El asunto tiene muy difícil solución. No creo que los jóvenes, especialmente las mujeres, estén cerca de cambiar esta tendencia. Entre tanto, hay gente que se mueve y que no se conforma. Los gobiernos y muchas instituciones cuentan con programas bien dotados. En este punto siempre se menciona el pionero y envidiado K-12 que mantiene NASA, así como los muchos science centers (casas de la ciencia o museos interactivos de ciencia) que van colonizando nuestras ciudades, todos vertebrados alrededor del lema “la ciencia es divertida”. Nada diré de estas iniciativas, porque hay algunas (creo que pocas) que merecen mucho respeto.

Lo que me ha movido a escribir este post es la iniciativa Sexy Science, un blog que se escribe bajo el lema “Una mirada a la mejor ciencia que se hace hoy y a los científicos más buenos que hay detrás” (Sexy Science - a look into the hottest science currently going on today and the hot scientists behind that work). Entre sus objetivos está probar (con fotos, por supuesto) que hay muchos científicos que parecen estrellas de cine, de forma que ir al laboratorio puede ser una aventura doblemente arrebatadora: primero, por lo que puedes descubrir y, segundo, por lo que te puedes encontrar.

El blog lo llevan chicas que no ocultan lo obvio, como, por ejemplo, que la ciencia es una actividad humana y cotidiana, en donde hay gente normal que tiene preocupaciones normales. De cada científico que ingresa a este singular Hall of Fame, primero se explica lo que hace (dando pistas de la importancia del trabajo) y, luego, para diluir la tensión entre belleza interior y exterior, se muestra una foto y se dan algunas pinceladas sobre el color de sus ojos o la dulzura de su carácter. Chicas y científicas al fín, no lo olvidemos, se empeñan en probar que junto a un buen trasero cabe un buen cerebro (del corazón, nada se dice).

6:46 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (5)