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domingo, 24 de septiembre de 2006

Los debates respecto al cambio climático están popularizando viejos conflictos dentro de la comunidad científica y mostrando lo complejas que son las relaciones entre ciencia y sociedad.

Hace unos días la Royal Society ha pedido a ExxonMobile explicaciones sobre los recursos que está asignando a grupos que cuestionan el origen antropogénico del calentamiento global. Pero la prensa generalista ha omitido los matices y ha presentado los hechos en términos más polémicos. Y, en efecto, han provocado una controversia de mucho interés para quienes se interesen por las relaciones entre ciencia y sociedad.

Según The Guardian y El País, por ejemplo, la Royal Society habría recriminado a la petrolera que se dedique a financiar organismos que minusvaloran, manipulan u ocultan el consenso general entre los científicos que atribuye a las emisiones de CO2 el cambio climático. La iniciativa no tiene precedentes cercanos y, de generalizarse, supondría una novedosa irrupción de las instituciones científicas en algunos debates de impacto mediático. Muchos han aplaudido esta demostración de independencia respecto al gobierno y las corporaciones.

Nullius_in_verba_Lema_de_la_Royal_SocietyLa Royal Society estaría así reconociendo que su neutralidad en asuntos tan espinosos es un lujo que nuestra sociedad ya no se puede permitir. Quizás estemos ante otra venerable tradición difícil de sostener. Y es que ya el año pasado The Daily Telegraph se hizo eco de otra carta de la RS en la que se animaba a los periodistas a vigilar los intentos de algunas corporaciones (y oscuras instituciones) de intoxicar la opinión.

No todo el mundo, sin embargo, valora positivamente este gesto. Muchos piensan que la RS se ha extralimitado y que pretende restringir el derecho a la libertad de expresión. David Whitehouse, ex-editor de ciencia de la BBC, lamenta que la Royal Society use su autoridad de esta manera. Whitehouse, Pielke (en Prometheus) y John Ray (de Greenie Watch) están muy insatisfechos y no entienden que la RS quiera ser un lobby dispuesto a politizar la ciencia. El debate es agudo y, como ya dijimos, parecen mayoría los que, lejos de ver un gesto de censura, se alegran de que por fín una institución de tanto prestigio se implique activamente en la tarea de orientar la opinión pública, ayudando a la ciuadadnía a formarse criterio.

Los más puritas, sin embargo, insisten en que el cambio climático sólo es una teoría y que como tal, cualquiera que sea su grado de aceptación entre los científicos, podría o no acabar siendo un hecho probado. En definiitva que exigen de la Royal Society que regrese a la ortodoxia de su lema fundacional: Nullius in verba  ("en las palabras de nadie" y no "nada en las palabras”, como erróneamente traduce mucha gente, según explicó Juan Pimentel), lo que significa apostar por los hechos contrastados e ignorar las retóricas del consenso, el prestigio o la auoridad.

15:16 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)