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tecnología, procomún y democracia

Enviado el viernes, 22 de septiembre de 2006 7:45

La historia de la tecnología nos enseña que las fronteras entre lo público y lo privado son cambiantes, lo que nos obliga a redefinir continuamente las condiciones de una vida democrática.

No hay espacio púbico sin la existencia de un contingente de recursos compartidos, como la lengua, el aire, las plazas o el genoma humano. Hablamos de bienes que pertenecen a todos y a nadie al mismo tiempo, y que son tambiénel fundamento que sostiene lo privado. Su importancia es clave, pero su identidad es difusa. Más aún, la pertenencia de un recurso al dominio público, contrariamente a lo que a primera vista parece reclamar el sentido común, no se deriva de la existencia de alguna propiedad inherente al bien mismo.
Y es que, en efecto, las nuevas tecnologías nos demuestran que cada día será más difícil distinguir entre ambas categorías. El asunto es delicado pues si lo público se hace fluido, si los márgenes que lo delimitan se van diluyendo, entonces, además de la noción de res publica, también estarían en riesgo las formas democráticas de gestionarla. Lo que estamos insinuando aquí no es que la tecnología sea una amenaza para la democracia, sino que la está transformando en una entidad cada día más compleja.

Para entender lo que decimos basta con examinar (tal como hace Paul B. Hartzog en On the Commons, el alcance de dos conceptos clave en la teoría de los bienes públicos (commons): sustraibilidad (el posible agostamiento de un recurso, subtractability) y exclusividad (el posible cerramiento de un recurso, excludability).

La sustrabilidad se refiere a bienes que se agotan conforme se consumen. Así, el estudio de las matemáticas no restringe la posibilidad de que otros también las aprendan, justo lo contrario de lo que sucede si lo que tenemos que repartir es el agua que hay en un embalse. Sin embargo, hay bienes que, como el espectro de emisión de radiofrecuencias, fueron originariamente sustraibles y que hoy, tras la puesta a punto de las tecnologías de emisión y recepción digital, han pasado a ser prácticamente no-sustraibles. Lo contrario también ocurre cuando, por ejemplo, un descubrimiento científico que en principio puede hacer cualquiera se acoge a las leyes de propiedad intelectual para que se permita usarlo a quienes no paguen los correspondientes derechos. Y así un recurso en principio ilimitado (recuérdese, por ejemplo, la polémica en torno a la posibilidad de que Celera Genomics patentara el genoma humano) se convierte, por la combinación de obstáculos jurídicos y tecnológicos, en otro escaso y caro.

La exclusividad nos remite a al posibilidad de que un usuario pueda o no ser eficazmente excluido del uso de un recurso. Sabemos, por ejemplo, que nadie puede ser excluido del derecho a usar el aire que respira. Hay bienes que no eran exclusivizables como, por ejemplo, la posibilidad de que el ganado pastara libremente por las praderas, hasta que se inventó el alambre y se redujo espectacularmente el coste de construcción de los cercados. Internet o el Software Libre son ejemplos de lo contrario, es decir bienes que se quiso preservar para unos pocos y que los hackers, pese a las muchas presiones en contra, han logrado mantenerlos dentro del dominio público.

En fin que las tecnologías, las presentes o las por venir, hacen tan porosa la frontera entre sustraibilidad y exclusividad que, en la práctica, convierten la sustraibilidad en una forma particular de exclusividad o, en otros términos, que de la condición de bien limitado se pasa a la de propietario sin solución de continuidad.

Un asunto grave que nos obliga a reflexionar sobre cómo manejar los recursos necesarios para la vida y que, en consecuencia, está demandando que revisemos nuestra noción de commons, pues tal condición no pertenece a la naturaleza de los recursos, sino que es histórica, es decir cambiante y contingente.

En otros términos, que la relación de nuestra sociedad con los recursos no es un hecho objetivo, sino una decisión política que está íntimamente conectada a las tecnologías circulantes. Esto significa que la actual y sostenida aceleración de los cambios tecnológicos exige que sea revisada continuamente la relación entre civilización y recursos.

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Comentarios

# re: tecnología, procomún y democracia

22/09/2006 8:37 por Juanjo Ibáñez
Hola Antonio,

Leyendo muchos de tus post, me he acordado acerca de mi aprendizaje sobre ecología del paisaje cuando realizaba mi tesis doctoral. Con los libros de ecología yo no me aclaraba a la hora de entender los paisajes que observaba en mi zona de estudio. Un amigo y colega del CCMA me recomendó que leyera libros de geografía regional, que por las décadas de los 50 y 60 eran muy abundantes. Existían numerosas tesis para distintas comarcas y provincias del territorio español. Me puse manos a la obra y funcionó. Comencé a comprender mucho mejor lo que podía observar en el campo. Pero a lo que voy. Eso si estoy recordando y puedo cometer imprecisiones.

En España, hasta las desamortizaciones de Madoz primero, y Mendizábal después, existían dos derechos paralelos. Uno correspondía, más o menos, a la herencia visigoda, que yo llamaba, no se si acertadamente, “derecho germano”, y se asentaba en los ambientes rurales. El otro, afectaba a los burgos, que correspondía a lo que denominaba derecho romano.

Pues bien, recuerdo que el romano fue ganando derecho al germano en el que el procomún era de enorme importancia tanto en la cooperación entre en los aldeanos, como en la modalidad de tenencia de la tierra (por ejemplo el derecho al suelo de un agricultor no impedía el derecho al vuelo por un ganadero. También así se generaba la repartición en hojas de los territorios de las aldeas, de tal manera que, en función de la fertilidad y clima se distribuían los cultivos y barbechos en dos o tres hojas. Las rozas en montes se repartían por suertes y aun ocurre hoy en día.

Pues bien, entre otros factores las susodichas desamortizaciones destrozaron aquel sistema muy enraizado en el procomún, sin impedir la tenencia privada de ciertas tierras, y con ello se asestó un gran golpe al ambiente español, como por ejemplo, la
El quitar el derecho al vuelo, generó el amasamiento de muchas dehesas a favor de los paisajes desarbolados de parte de la meseta, etc. Obviamente recuerdo muchas más cosas, otra cosa es que sean acertadas o este mezclando recuerdos incopnexos de forma ilógica. No lo sé.

Da la impresión, desde fuera, que no hablamos de una nueva época, sino de retornar a un pasado en donde los ciudadanos atesoraban sociedades mucho más cooperativas y solidarias, haciendo uso para ello de las nuevas tecnologías.

No se trata de un aserto, sino de una pregunta: ¿estoy más o menos en lo cierto?

Un cordial saludo

Juanjo Ibáñez

# re: tecnología, procomún y democracia

02/11/2006 18:06 por alejandro
me gustaria conocer sobre experiencias de la democracia al nivel escolar

# re: tecnología, procomún y democracia

18/03/2007 15:03 por luis
Leí en su dia (22/9/2006) su excelente comentario. Después de leer ayer (dia 17/3/2007) un artículo en EL PAIS con el mismo título, lo siento, pero no puedo dejar de hacerle la pregunta: ¿Qué aportó al mismo D. Carlos Martínez-A.?. Saludos y felicidades por el blog.
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