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jueves, 24 de agosto de 2006

La depresión leve no deja de crecer y es muy legítimo preguntarse si lo que aumenta son las gentes con desórdenes mentales o si, por el contrario, sólo crece el número de personas diagnósticadas.

Hace unos días Mind Hacks nos recuerda un magnífico reportaje de Kathryn Schulz publicado en New York Tinmes con el título Did Antidepressants Depress Japan?. El argumento se resume en pocas palabras: hasta finales de los 90 en Japan apenas había deprimidos y todos los datos indican que parece haberse apoderado del país una epidemia contagiosa. El asunto es que los laboratorios han logrado convencer a la población de que los pequeños baches de ánimo pueden superarse con pastillas.


El fondo del artículo versa sobre la introducción del concepto de depresión en Japón, un término reservado a los especialistas y que hasta hace poco nadie usaba coloquialmente. Tras intensas campañas de GlaxoSmithKline bajo el lema kokoro no kaze (resfriado del alma) la gente ha comenzado a identificar sus pequeños pesares psicológicos (aquí para nada hablamos de los más serios) como una perturbación mental que, y esto es lo peor de todo, tiene cura. ¿Cura? En efecto, el número de ciudadanos que acuden a la consulta para pedir tratamiento se ha multiplicado escandalosamente. Entre 1999 y 2003, los casos diagnósticados han crecido un 46%. Los datos son inquietantes y plantean el interrogante de si es que, en efecto, hay más gente deprimida o, sencillamente, lo que está creciendo es la gente diagnósticada.

Ya conocemos las tácticas. Una de las que se describen consiste en tener 1350 representantes del antidepresivo Paxil que visitan una media de dos veces por semana a los doctores más prestigiosos. En tales intercambios, aprenden los profesionales a interpretar que, por ejemplo, la pérdida de apetito, una pizca de tristeza unida a cierta dificultad para el sueño y alguna otra cosilla, son síntomas que el fármaco que patrocinan pueden eliminar.Y poco más.

La depresión leve parece la más terrible de las epidemias que asolan el planeta. Es otro de los objetos que han construido los científicos y promueven los farmachifles, en una alianza vergonzosa con las corporaciones farmaceúticas, las compañías de marketing y los servicios sanitarios nacionales. La mundialización de la tristeza es uno de los grandes paradojas de nuestro tiempo y, desde luego, un inmenso negocio que habría que desenmascarar.

19:31 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (6)