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miércoles, 26 de julio de 2006

La mayor presencia de las corporaciones industriales en la investigación plantea el problema de si los fondos privados podrían reemplazar completamente a los públicos.

Nunca disminuye la demanda de nuevos recurso para la ciencia. Tampoco quedará decepcionado quien esté interesado en inventariar las mil maneras de construir la ecuación a más dinero más ciencia, y viceversa. No importa cómo se diga, pues el coro tiene bien ensayado el estribillo: sin ciencia no hay futuro. Sorprende, no obstante, lo poco que se habla del tipo de futuro que queremos. Más aún, necesitamos superar esta especie de pereza con la que nuestras sociedades promueven un debate abierto sobre asuntos tan públicos.

Uno de los mayores esfuerzos que despliegan quienes se dedican a la política de la ciencia se orienta a estimular la presencia del sector privado en la investigación científica.

Evolución_recursos_investigación _biomédica_según procedencia_en_USAVale decir, como se muestra en The Daily Transcript, que estos desvelos, al menos en términos cuantitativos (no queremos hablar de manipulación estadística o, más finamente, ingeniería financiera) han sido exitosos. Y aunque el proceso de corporativización de la ciencia no ha sido igual en todos los países, hay consenso en que cuanto mayor es la privatización de la investigación, más profundos son los procesos de modernización social y económica.

Cabe, sin embargo, la pregunta de si al cambiar la procedencia de los fondos también se modifica el tipo de ciencia que se hace. La respuesta sólo puede ser afirmativa. Así, por ejemplo, mientras que los fondos procedentes de la industria farmacéutica dedicados a ensayos clínicos, según un estudio de la American Medical Association, crecieron entre 1994 a 2003 desde 4,0 mil millones US$ hasta 14,2 mil millones US$, los que que vinieron de fondos públicos permanecieron estables.

Poco más vamos a decir, pues lo cierto es que todo apunta a que los ensayos clínicos han pasado a ser una asunto en manos privadas, lo que seguramente ayuda a explicar las continuas noticias que aluden a fraudes científicos, especialmente en el ámbito de las biociencias, y nos da la ocasión para preguntarnos hasta qué punto la investigación privada puede reemplazar a la que se hace con fondos públicos. O, en otros términos, no basta con pedir más ciencia (o más dinero para la ciencia), también necesitamos discutir qué tipo de ciencia queremos.

14:34 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (1)

Una encuesta reciente ha probado que la independencia de los expertos y científicos que trabajan al servicio de la Food and Drug Administration no está asegurada, lo que implica que el estado hace dejación intolerable de sus responsabilidades.

El pasado 20 de julio, la Union of Concerned Scientists, UCS hizo públicos los resultados de una encuesta, lo supe vía Gooznews, realizada entre los empleados de la Food and Drug Administration, FDA que pretendía cuantificar el grado de independencia con el que operan los funcionarios de la mencionada agencia. La conclusión principal es inquietante, pues se prueba que “la ciencia en la Food and Drug Administration [está sometida] a peligrosas y perversas influencias políticas”.


El asunto es grave porque el objetivo de la FDA es comprobar la veracidad de la información incluida en la propaganda de una panoplia de productos que abarcan, entre otros, los fármacos y artefactos médicos, los alimentos y sus muchos aditivos y, en fin, los cosméticos. En la práctica, la cuarta parte de todo lo que gastan cotidianamente los americanos se dedica a comprar algo que está regulado/autorizado por la FDA. No es raro entonces que estemos ante una agencia que en 2001 daba empleo a unos diez mil funcionarios y que su presupuesto superara el billón (español, es decir un millón de millomes) de dólares.

Los resultados, como decíamos, dan que pensar. El 18,4 % reconocer haber sufrido presiones para excluir o alterar alguna información técnica de sus informes por razones que no eran científicas. Un tercio opina que no se sentía libres para expresar sus inquietudes sobre la seguridad de los productos que debían aprobar. El 61% afirma conocer casos en donde hubo interferencias políticas. También hemos sabido que el 70% considera que la FDA no cuenta con los medios suficientes para hacer bien su trabajo.

Y, al parecer, el problema no es nuevo, ni su influencia está disminuyendo. De hecho, la situación es tan grave que Michael Stebbins,  explica en Seed, califica la FDA de hervidero de descontentos. No es para menos. Tal y como están las cosas si crece la opinión de que las agencias, tales como la FDA, no son independientes o no cuentan con medios para hacer bien su trabajo, no sólo se pone en peligro la salud de los ciudadanos, sino la democracia misma.

7:52 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (0)