La Bill and Melinda Gates Foundation se "radicaliza" y sólo otorgará financiación a los equipos científicos que compartan inmediatamente sus datos.
En el marco de una reestructuración de Microsoft (las acciones han pasado de cotizar a 58.89 US$ en diciembre de 1999 a valer 22.29 US$ en julio de 2006), Bill Gates ha decidido reorientar sus prioridades, abandonar la gestión directa de la compañía y ocuparse de las actividades que promueve la Fundación que creó y comparte con su mujer, la
Bill and Melinda Gates Foundation.En las últimas semanas nos hemos enterado de que a los 28 mil millones de dólares con los que ya contaba la Fundación hay que sumar los 29 mil que acaba de cederle Warren Buffet, la segunda fortuna más grande del mundo. Los dos millonarios quieren hacer historia y unir sus esfuerzos en la lucha contra la malaria, el SIDA y la tuberculosis. Nada hay de extraño en que toda la prensa del mundo esté aireando una noticia tan esperanzadora.
Hay, sin embargo, un aspecto (nos enteramos por
Thiru Balasubramaniam, vía la excelente
lista de correo ip-health) de la noticia que para los tecnocidanos tiene un interés especial: la fundación no financiará ningún grupo de investigación que no esté dispuesto a compartir inmediatamente sus datos con los demás científicos. El cambio de estrategia es obligado porque, según ha declarado a
The Wall Street Journal Nick Hellman, director en la Fundación del programa contra el SIDA, la comunidad científica ha cosechado en los últimos veinte años un “miserable fracaso”, ya sea por los intereses comerciales o las trabas burocráticas, ya sea por las rivalidades académicas. Y, en fin, el programa se propone, explica Hellman, “mejorar las redes y la colaboración”.
Ya hemos comentado varias veces en este blog que la imparable expansión de los derechos de propiedad intelectual comienza a ser vista como una amenaza que impide el correcto funcionamiento de la economía en la sociedad del conocimiento. En
On the Commons se especula con la posibilidad de que esta deriva podría ser el inicio de un cambio en las rígidas posiciones de Bill Gates respecto a los asuntos de propiedad intelectual. Los portavoces de la Fundación, sin embargo, han aclarado que no se oponen a que los investigadores comercialicen sus resultados siempre que puedan acreditar planes para que los datos sean de dominio público.
Es inevitable conectar esta movilización de BG favorable al mantenimiento del carácter abierto de la ciencia si es que se quiere favorecer la creatividad y el bien común, con sus otras declaraciones contrarias al software libre y el código abierto. Habrá que estar atentos a las próximas jugadas del potentado para saber si además de las razones filantrópicas y humanitarias, estamos asistiendo a un cambio de paradigma en la gestión empresarial, no sólo de la Fundación y sus recursos dedicados a la investigación, sino también, como
insinúa Ramón Tamames, del gigante informático.