Abundan los estudios y los ejemplos que justifican la creencia en que estamos próximos a la emergencia de un nuevas formas de entender la riqueza de las naciones basadas en la economía del don.
Las nuevas tecnologías están
reduciendo
los costes de producción. Entre sus consecuencias inesperadas está la apertura de un mercado muy interesante para el trabajo amateurs que puede competir abiertamente con el profesional. Y desde que hay un mercado para sus esfuerzos ha comenzado a emerger lo que
Jeff Howe en Wired llama
Crowdsourcing, un término que pertenece a la saga del más frecuentado
outsourcing (buscar recursos fuera de la empresa para disminuir costes).
Crowdsourcing equivale a
resolver externamente una necesidad de servicios especializados sin buscarlos en otras empresas, sino en las masas. El
crodwsourcing entonces (
ver la definición que Howe da en su blog
crowdsourcing. tracking the rise of the amateur) da por hecho que en nuestra sociedad hay mucho talento que no está integrado en estructuras formales como, por ejempo, empresas o instituciones públicas.
No es difícil para nosotros poner varios ejemplos que prueban la existencia de este talento. La
comunidad del software libre es un caso que demuestra que se puede escribir código de calidad sin pertenecer a ninguna estructura empresarial.
Wikipedia, pero
también eBay o MySpaces, demuestran que la gente puede autoorganizarse siempre que la tecnología lo tolere o, en otras palabras, siempre que permita a los participantes cogestionar todas las fases del producto resultante.
SETI@home y los otros muchos proyectos de computación distribuida y de masas está enseñándonos que existe un inmenso poder en manos de la gente que puede ser utilizado si el proyecto que se les ofrece es suficientemente atractivo. En este blog hemos presentado numerosos ejemplos, desde
los pajaristas al
activismo antinuclear, pasando por los
enfermos del sida, los
astrónomos amateurs y combatientes contra la
expansión de los derechos de propiedad intelectual.
No son pocos los investigadores que están preguntándose qué es lo que lleva a centenares de miles de personas a trabajar según las reglas de la economía del don, lo que implica renunciar al lucro personal y ceder los frutos a la comunidad que se consituye por/para esas cesiones. La respuesta, según
lo cuenta Juan Freire, llegó con "
el
Cluetrain Manifesto que, con su lema
los mercados son conversaciones, trasladó desde la academia a los medios la necesidad de entender la economía y los mercados de una forma más amplia y popularizó algunas de las ideas que ya manejaban los investigadores del
open source."
Nadie, sin embargo, ha efectuado un estudio más ambicioso que
Yochai Benkler en cuyo recien aparecido
The Wealth of nations. How social production transforms markerts and freedom (está libre en la red,
también en
Amazon), explica que
todavía tenemos mucho que aprender del
open source,pues si sus análisis son correctos estaríamos ante un modelo de producción colaborativo y abierto basado en comunidades configuradas alrededor de nuevos valores y sostenidas por tecnologías (las TIC) que han suprimido las barreras que obstacilizaban el trabajo cooperativo a gran escala.
El artículo de Wired, en la línea que venimos tratando, se fija ahora en otras iniciativas muy innovadoras. Entre los ejemplos que presenta para aclarar el argumento está
iStockphoto, un mercado abierto que ofrece fotos a bajo coste y que está revolucionando el el mundo de los aficionados a la fotografía. Y no hablamos del mercado del arte porque no es obvio que estemos tratando con gentes que quieran ser identificados como artistas.
InnoCentive es una web donde las empresas pueden ofertar problemas que se les han atrancado a sus propios técnicos y que esperan que alguien les solucione. Los hechos demuestran que el sistema es más barato y eficaz que el tradicional.
En fin, los expertos o, mejor, los profesionales que se han apoderado del gobierno de las empresas o de la administración pública están comprobando que no son imprescindibles y que lo que todavía es un fenómeno incipiente, limitado al mundo de los hackers, los wikipedianos y los SETInitas, podría en poco tiempo acabar siendo parte de una tendencia más general de (des)institucionalizar (o descorporativizar) el talento