En la sociedad de la información se decantan dos formas muy distintas de producir autoridad.
Leo en
Syntagma un argumento sobre el papel del tiempo en los procesos de creación de autoridad. Google ordena sus respuestas según el número de links que reciben las webs indexadas en sus servidores, situando primero las más mencionadas en la red. O sea que cuanto más antigua es una web más posibilidades tiene de ser enlazada. En ciencia, sin embargo, las cosas ocurren de otra manera, pues lo más reciente tiende a ser lo más valorado y, en consecuencia, más citado.
De modo que mientras el tiempo académico depura los resultados, el tiempo en el ciberespacio contribuye a aquilatarlos. Estamos entonces ante dos formas de autoridad que no conviene confundir: la experta característica de las ciencias experimentales y hegemónica en las instituciones tecnocráticas y la profana más mundana y parecida a la que opera en las humanidades.