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jueves, 20 de abril de 2006

El mercado y el estado no pueden sobrevivir sin el procomún, lo que hace incomprensible su canibalización por unos pocos.

Hablar del procomún (commons) será cada día más frecuente. Nosotros lo estamos haciendo casi cada día y por eso a nadie sorprenderá que intentemos precisar su significado. Y para hacerlo hemos paseado por la red y encontrado Open..., el blog de Glyn Moody. Después ha sido fácil porque Moody nos ha remitido a Friends of the Commons y al magnífico informe (pdf) donde estaban casi todas las palabras que empleamos y el cuadro mostrado.

El pensamiento convencional divide los objetos, cualquiera que sea su naturaleza, entre los que pertenecen al mercado y los que tutela el estado. Sabemos, sin embargo, que hay un tercer sector, cuya importancia necesita urgentemente ser apreciada: el procomún.

El procomún es la nueva manera de expresar una idea muy antigua: que algunos bienes pertenecen a todos, y que forman una comunidad de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. El procomún lo forman las cosas que heredamos y creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras. Al procomún pertenecen los dones de la naturaleza, como el aire, el agua, los océanos, la vida salvaje y los desiertos, y también los “activos” compartidos como Internet, el espacio radioeléctrico empleado en las emisiones y las tierras comunales. El procomún incluye nuestras creaciones sociales compartidas: bibliotecas, parques, espacios públicos, además de la investigación científica, las obras de creación y el conocimiento público que hemos acumulado durante siglos.

El procomún: esquema de conjunto

El procomún, como vemos, precede y acompaña a cualquier otra actividad y, pese a todo, se trata de un sector que está siendo amenazado de muy distintas maneras. Todas ellas, sin embargo, tienen que ver con los muchos intentos de privatizarlo, ya sea por la vía de la apropiación directa -los historiadores lo llaman cerramiento de bienes (enclosure)- ya sea utilizándolo para depositar allí las basuras o cualquier otro efecto colateral derivado de los negocios -los economistas lo llaman externalización de costes-.

Y así una gran parte de lo que llamamos crecimiento, no es más que un eufemismo que cobija la canibalización del procomún a manos del mercado y la deserción del estado  de derecho de sus responsabilidades constitucionales.

5:02 | gestionado por Antonio Lafuente | Enviar comentario (7)